Imagen de un incendio forestal. iStock
Historias La mortal consecuencia de la contaminación por los incendios: aumentan el ictus y su gravedadEste tipo de polución se relacionó con estancias hospitalarias más largas tras sufrir un accidente cerebrovascular.
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Inés Sánchez-Manjavacas Castaño Publicada 6 abril 2026 07:30hEn el verano de 2023, el humo de los grandes incendios de Canadá viajó miles de kilómetros y deterioró la calidad del aire en buena parte del noreste de Estados Unidos. Ahora, un estudio preliminar realizado en Camden (Nueva Jersey, Estados Unidos) sugiere que esa contaminación se acompañó de más ictus y de cuadros neurológicos más graves.
Sus autores analizaron todos los accidentes cerebrovasculares (ACV) registrados en junio y julio de 2022 y 2023 en el principal hospital de la ciudad, cruzando cada caso con los niveles diarios de ozono y de partículas finas PM2.5 medidos por los monitores de la Agencia de Protección Ambiental estadounidense.
Además, calcularon la exposición diaria, de media, al ozono, que, cuando se inhala, puede causar dificultad para respirar, tos y agravar afecciones como el asma.
Más de medio millón de muertes por ictus podrían estar relacionadas con el cambio climáticoEl trabajo, liderado por un equipo de Cooper Medical School of Rowan University y Cooper University Health Care, se presentará en la reunión anual de la American Academy of Neurology, del 18 al 22 de abril.
El episodio de humo dejó cifras poco habituales para una ciudad como Camden. Durante los días más afectados por la nube procedente de Canadá, ambos agentes alcanzaron picos varias veces por encima de los niveles habituales.
Los niveles de ozono llegaron un máximo de 136 partes por mil millones (ppb) durante los incendios forestales de 2023. La concentración media de ozono es de 36 ppb. Los investigadores recuerdan que la directriz de la Organización Mundial de la Salud para el ozono es de 50 ppb.
Por su parte, las partículas alcanzaron los 211 microgramos por metro cúbico (µg/m³), en comparación con una concentración media de 48,5 µg/m³.
Elizabeth Cerceo, autora del estudio y miembro de la Facultad de Medicina Cooper de la Universidad Rowan en Camden, defiende que sus hallazgos demuestran esta asociación entre ACV y niveles altos de contaminación por incendios.
Ictus más graves
Sus datos muestran ese aumento de la incidencia: la tasa de nuevos casos con mayor contaminación fue de 1,25 ACV por día frente a 0,93 en las jornadas en las que estos niveles estaban por debajo de la media.
El aumento de la concentración de ozono se relacionó, según los autores, con un incremento de los ictus hemorrágicos. Estos eventos son los ACV menos comunes y consisten en la rotura de uno de los vasos sanguíneos del cerebro.
Se consideran, asimismo, más graves y con peor pronóstico que los ictus isquémicos, en los que uno de los vasos del cerebro queda bloqueado. Los casos de este último tipo son mucho más frecuentes, representando el 85% del total.
También se detectó un porcentaje superior de eventos atribuibles a aterosclerosis de grandes arterias, una causa ligada a la presencia de placas en los grandes vasos sanguíneos.
Por otro lado, las partículas finas PM2.5 mostraron otro efecto. Los días con niveles más altos se relacionaron con ictus más graves cuando el paciente ingresó y con una estancia hospitalaria más larga, afirma la investigación.
Los incendios forestales amenazan la calidad del agua: la contaminación persiste hasta ocho años después del eventoUna señal inicial
Sin embargo, en este caso los autores no vieron asociaciones claras con ningún tipo concreto de ACV, como los cardioembólicos o los relacionados con enfermedad de pequeño vaso, lo que apunta a un impacto potencialmente selectivo.
Cerceo señala que, aunque la contaminación atmosférica a largo plazo está ya reconocida como factor de riesgo para los ACV, todavía falta información sobre las exposiciones breves al humo de los incendios forestales, como la que han investigado
"Nuestro estudio aborda una laguna crucial al proporcionar más información sobre el impacto neurológico del humo de los incendios forestales", destaca. Estos hallazgos, continúa, pueden ayudar a orientar la prevención de los ACV y subrayan la necesidad de intervenciones de salud pública durante este tipo de emergencias.
La científica prefiere presentar este análisis como una señal inicial, más que como la imagen completa de esta relación que acaban de observar. Los próximos trabajos estudiarán periodos de tiempo más largos para ver si pueden confirmar sus hallazgos actuales.
Para ella y su equipo, estos resultados son una muestra de los riesgos cerebrovasculares que conlleva la exposición a la contaminación atmosférica y lo necesarias que son las intervenciones de salud pública durante los incendios forestales.