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'La mujer danesa'. RCHay que hacer un pequeño esfuerzo inicial para entrar en la serie, pero, una vez dentro, lo único que desearías es que Ditte Jenssen se mudara a tu edificio y resolviera tus problemas
Martes, 7 de abril 2026, 19:09
... forma de comedia absurda y ácida, como ya vimos en su película 'La mujer de la montaña'. Por eso, por desconcertante, hay que hacer un pequeño esfuerzo inicial para entrar en la serie, pero, una vez dentro, lo único que desearías es que Ditte Jenssen se mudara a tu edificio y resolviera tus problemas. Al menos, en principio.Con guion de Ólafur Egilsson, escritor que también firmó 'La mujer de la montaña', Erlingsson convierte la comunidad en la que aterriza Ditte en un microcosmos donde se reflejan muchos y graves problemas sociales, como la adicción a las pantallas, el cambio climático, el maltrato o el racismo. Para todos y cada uno de esos conflictos, Ditte tiene una solución: ¿quién no ha querido dar su merecido a unos vecinos ruidosos, a un niñato asqueroso que chantajea a su novia con unas fotos eróticas o a un desgraciado que maltrata a su pareja? Pero Ditte, en lugar de agachar la cabeza, se rebela. Es una heroína doméstica que hace lo que nosotros no nos atreveríamos a hacer, de tal forma que la empatía del espectador con la protagonista es casi instantánea.
El problema es que la danesa, que también ha estado en misiones en Irak y Afganistán y arrastra desde entonces un estrés postraumático, utiliza métodos demasiado expeditivos para imponer la paz. Y lo que comienza siendo una forma de solucionar los problemas termina transformándose en una dictadura del terror donde no hay ningún límite, algo que añade otra capa de lectura a la serie y nos hace preguntarnos si estamos dispuestos a mantener la paz social a cambio de pagar el altísimo precio de acabar sometidos al juicio arbitrario de quien nos protege.
Con hechuras de comedia negra y con una intérprete que se atreve (y borda) un papel poco convencional, 'La mujer danesa' es una de las series más disfrutable que se pueden ver ahora mismo en pantalla. Resulta incómoda, anárquica y atípica hasta en sus títulos de crédito, donde Erlingsson aprovecha la carrera de Trine Dyrholm como cantante para darle la posibilidad de interpretar versiones de canciones conocidas con los paisajes islandeses de fondo. Riesgo, al fin. Qué bien.
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