Miércoles, 16 de septiembre de 2026 Mié 16/09/2026
RSS Contacto
MERCADOS
Cargando datos de mercados...
Política

La murciana María y Simo, el marroquí que llegó a nado: el amor que ya no es imposible en Ceuta

La murciana María y Simo, el marroquí que llegó a nado: el amor que ya no es imposible en Ceuta
Artículo Completo 1,795 palabras
Para el Registro Civil su boda sería un matrimonio de conveniencia: "Es todo un prejuicio por la diferencia de edad», defiende ella Leer

Ella ha pedido un descafeinado bombón y él un vaso de leche caliente. Pasan unos minutos de las siete de la tarde y nos encontramos en una terraza del centro de Ceuta, donde la ciudad aparenta falsamente latir con cierta normalidad. La pareja se sienta con nosotros y se presta a contar su historia por si «el cuarto poder», dicen, puede hacer algo por ellos. La mujer, María, es española, de Cartagena (Murcia), y como no quiere precisar su edad aporta el dato de que está ya jubilada como referencia. El hombre es Simo, marroquí de Beni Melal -unos 200 kilómetros al noreste de Marrakech-, tiene 40 años y fue uno de los primeros inmigrantes que cruzó a nado la frontera de El Tarajal el pasado 30 de julio. No ha venido a Ceuta buscando un mejor porvenir en España ni porque esté perseguido por cuestiones políticas ni de ninguna otra índole. Ha venido, asegura, por amor.

La pareja lleva desde el año 2020 solicitando que se les permita casarse, chocando con la Administración española, que cada vez que examina su caso lo cierra con el mismo veredicto: «Matrimonio de conveniencia». «Es todo prejuicio por la diferencia de edad; si fuera al revés no pasaría nada», se queja ella.

Cansados de la burocracia, explican, Simo se sumó a la avalancha migratoria de los dos últimos días de julio y María se trasladó a Ceuta desde Cartagena para estar con él. En espera de poder regularizar su situación y trasladarse a la Península, viven juntos en el piso que ella ha alquilado en la ciudad autónoma: unos 40 metros cuadrados por los que paga 750 euros al mes.

Simo habla español pero es bastante parco en palabras. Según su relato, hace unos tres meses que se trasladó a Casablanca, donde vive una hermana, y estando allí recibió una invitación de un amigo que es taxista en Ceuta. Este conocido le ofrecía pasar unos días del verano en la casa que tiene en Castillejos, la ciudad marroquí que está pegada a la frontera española. Llegó allí, dice Simo, el 24 de julio, justo una semana antes de la entrada masiva en Ceuta, de la que nada supo, asegura, hasta la misma mañana de los hechos. «Otro amigo me llama el 30 de julio por la mañana, a las siete de la mañana, y me dice: 'Hay posibilidad de entrar en Ceuta'», cuenta.

Siguiendo esta indicación, cogió su documentación, su teléfono móvil y una bolsa de plástico para protegerlos del agua y echó a andar hacia la frontera. Tres kilómetros hay caminando entre Castillejos y El Tarajal. «Llego de los primeros y hay poca gente. Llego y la policía [marroquí] me para. Luego viene mucha más gente y la policía ya no para».

Calcula Simo que vigilaban la frontera medio centenar de agentes marroquíes aproximadamente. Cree que serían sobre las 10.00 horas cuando la policía ya no les paró y se lanzaron al mar los primeros, mayoritariamente hombres jóvenes como él. No vio a su alrededor en el agua mujeres ni niños ni ningún ahogado -87 personas es la cifra oficial de fallecidos-. Bordeó a nado con facilidad los 200 metros del espigón de El Tarajal y listo. «Llego a Ceuta y llamo a mi amigo taxista y luego llamo a María», detalla sus primeros pasos en territorio español.

Toma la palabra ahora ella, quien asegura que no supo de los planes de Simo hasta que recibió su llamada: «De pronto, me dice: 'Estoy en Ceuta'. 'Qué tonterías dices'. 'Oye, hazme caso'. Y me hace una videollamada y veo que está en un taxi en Ceuta. 'Tienes que venir', me dijo. 'Espera, como voy a ir corriendo, tengo citas médicas...'».

Los primeros días, Simo se alojó en casa del amigo taxista y luego en una caseta «como de madera y con candado» que él le facilitó. «Me decía que tenía miedo, que sólo había por allí Policía: 'Fuera, fuera'», cuenta María, quien finalmente llegó a Ceuta el 5 de agosto.

-¿Y cómo se conocieron?

-Fue en 2018, yo aún no estaba jubilada. He sido profesora no docente, delegada comercial y en los últimos años trabajé en la asistencia sociosanitaria y en la ayuda a domicilio. Quería hacer un viaje sola por Marruecos, buscaba una persona de confianza que fuera mi guía y di con Simo. Recorrimos todo: Casablanca, Marrakech, Essaouira... Él era muy honesto. Le daba 50 euros y con eso comíamos, entrábamos en todos los sitios, pagaba el hotel... Pero no convivíamos puesto que en Marruecos si no eres casado en los hoteles no puedes estar juntos. Acabó el viaje y pensé que no volvería a Marruecos nunca. 'Ha estado muy bien, chica, pero ya está'. Él lloró cuando nos despedimos, vi sus lágrimas. Luego, como cualquier pareja, empezamos a escribirnos, a hablar y volví a Marruecos. Estuve en casa de su hermana en Casablanca, conocí a su familia».

Así hasta que en 2020, explica, tomaron la decisión de casarse. «Al no ser él una persona comunitaria, necesitaba la autorización del Registro Civil, demostrar que no estaba ya casado, que no era un matrimonio de conveniencia. Nos podíamos casar en Marruecos pero no iban a reconocerlo en España».

El documento que precisaban se denomina certificado de capacitación matrimonial y María inició los trámites para conseguirlo en noviembre de 2020. Con la pandemia de por medio, hasta el 21 de agosto de 2021 no lo llamaron a él del consulado de España en Casablanca citándolo para la entrevista en la que se trataría de dirimir si su relación con María era cierta o no. «Cuando llegó a casa le pedí que me hiciera un vídeo explicando cómo había sido la entrevista. Lo atendió una señora que le preguntaba en español. Él comenzó a responder y en un momento le dijo: '¿Puede repetir?'. Y la señora le respondió: 'Tú no sabes nada de español'. Estuvo una hora y media preguntándole: '¿En qué lado de la cama duerme?, ¿cuál es el color de su cepillo de dientes?, ¿su comida preferida?, ¿su color favorito?, ¿el nombre de su ex marido?, ¿de su madre?'».

Un par de meses después, en octubre de 2021, a María la llamaron del Registro Civil de Murcia para lo mismo. «Me hicieron tres preguntas: '¿Qué comida le gusta?, ¿cuál es su número de teléfono?'... Llamaron a mi hijo de testigo. Mi hijo era más joven [tiene 23 años]. 'Di que lo conoces por fotos'», relata cómo fue su entrevista. Tardaron «cinco o seis meses» en recibir una respuesta. «El informe decía que era un matrimonio de conveniencia, porque él no hablaba español, por la diferencia de edad, porque no sabía el nombre de mi ex marido ni el de mi madre -que es Purificación, pero él no lo pronunciaba bien y la señora no lo entendía-, que mi hijo no lo conocía... Denegado».

-¿Qué le diría a la gente que piensa que su relación es de conveniencia, cómo demostrarles que es real?

-La prueba está en que nos conocemos desde 2018 y seguimos juntos. Hay documentos que acreditan que yo visitaba su casa, que conocía a su familia. Y si fuera que lo que él quiere es venirse a España, se podía haber buscado una marroquí que ya estuviese en España, que las veo yo en los grupos de Facebook buscando marido: «Oye, ¿conocéis a algún marroquí bueno para casarme?». Y hace dos años además se podía haber ido a Israel, que le salió un trabajo allí.

Dice María que el funcionario que le entregó el informe en el que se le denegaba a Simo la capacitación matrimonial se conmovió al ver su reacción: «Vio que arranqué a llorar y me dijo: 'Señora, no se preocupe, que puede recurrir; búsquese un abogado'». Acudió entonces a un abogado español de ascendencia marroquí que interpuso un primer recurso sin resultado, un segundo recurso contencioso con respuesta negativa y, hace tres años, una demanda civil pidiendo la impugnación del informe que negaba la capacitación matrimonial, proceso que aún está sin resolver.

«El año pasado recurrí al Defensor del Pueblo, que se puso en contacto con el Registro Civil de Murcia. Gracias a él, admitieron que solicitáramos de nuevo el matrimonio», relata María. Ella estaba en Casablanca cuando, en noviembre pasado, el consulado llamó a Simo para repetir la entrevista. «Yo le envié un correo para que se lo diera al cónsul de Marruecos en el que contaba que cuando me jubilara me iba a ir a vivir allí y que le había enviado dinero a Simo para construir nuestra casa en la segunda planta de la de su padre. Le envié esas pruebas de que no era un matrimonio de conveniencia».

También María fue de nuevo interrogada en Murcia: «Llevé a una amiga de testigo y le preguntaron que si había ido yo forzada al Registro Civil. Hace dos meses nos dieron el resultado: 'Ella afirma que quiera ir a vivir a Marruecos y él quiere un matrimonio de conveniencia'. Le dije a Simo: 'Búscate otra mujer porque yo ya he recurrido a todo'. Él se reía».

Antes de viajar a Ceuta, María se puso en contacto con un despacho de abogados en la ciudad autónoma. Ellos le han solicitado una cita para el triaje -en el que se decide si los llegados son candidatos al asilo o no- y le han facilitado un documento en el que manifiesta su voluntad de solicitarlo, lo que impediría su devolución a Marruecos hasta que su expediente se resuelva. Puesto que Simo se encuentra en España, explica María, ya no necesitarían la capacitación matrimonial. Bastaría con que uno de los dos estuviera empadronado para que pudieran casarse en Ceuta ante notario. No es difícil que ella consiga el empadronamiento y ya está en ello. «Pero el problema ahora es que con todas estas esperas, su pasaporte ha caducado», dice María. Él saca el documento, de tapas verdes. Efectivamente, caducó éste 13 de septiembre. «Tendría el notario que aceptar el pasaporte caducado».

Fuente original: Leer en El Mundo - España
Compartir