Si nos guiamos por las redes sociales y la cultura pop, podría parecer que la religión atraviesa una segunda venida entre los jóvenes. Varios indicios apuntarían en esa dirección: el éxito de ‘Los Domingos’, Rosalía con sus continuas referencias cristianas, fenómenos como Hakuna Group Music capaces de llenar recintos con miles de personas gracias a su pop católico…
En apariencia, todo esto lanza señales: algo está pasando con la religión, el largo e inevitable camino hacia la secularización se ha detenido. Sin embargo, más allá de los titulares y de TikTok, son los datos los que arrojan luz sobre lo que de verdad está pasando y, pese a todo el ruido de estadios llenos y del bullicio online, nos topamos con la soledad de las capillas.
Lo cierto es que la secularización no se ha frenado, según el barómetro sobre religión y creencias en España, realizada por la Fundación Pluralismo y Convivencia. Aproximadamente uno de cada tres jóvenes españoles se define como espiritual, pero el 61% no practica ninguna religión oficial. Entre los 18-24 años apenas un 15 % afirma que la religión da mucho o bastante sentido a su vida, muy por debajo de factores como familia o amistades. Y, dentro del 54% de población que sí se identifica con alguna religión, sólo el 17 % mantiene una práctica regular.
En Xataka
Hay un dato que aclara si la Generación Z española está o no viviendo un repunte de la religiosidad: la paradoja 29-59%
Lo que queda claro en este estudio es ese interés creciente por lo espiritual, pero no de forma institucional: el 31% de los jóvenes creen en algún tipo de realidad espiritual o fuerza vital, un 29% dice creer mucho o bastante en la astrología y un 23% en la videncia. Así que no hay un retorno masivo a la fe, si no una visibilidad cultural de lo religioso que está en plena efervescencia.
Religión a la carta
Podemos decir que la identidad religiosa de la Gen Z es un totum revolutum. Más que una doctrina o una religión concreta, lo que muchos jóvenes buscan es esa experiencia espiritual o incluso mística. Para ellos las líneas que separan las tradiciones cristianas ―protestante, evangélica, ortodoxa o católica― se difuminan y dan paso directamente a una búsqueda emocional y de pertenencia en pro de una experiencia religiosa común.
Para muestra, lo que se pudo vivir a principios de año en el Movistar Arena.
“¡Qué lo oiga toda España, que se escuche el nombre de Cristo!”. Podría ser Nacho Cano abriendo un espectáculo en pleno 2026 pero no, hablamos de la apertura de ‘Llamados’, un encuentro de oración que congregó a unas 6000 personas mezclando música de grupos evangélicos como Hillsong, charlas de influencers católicos y una ceremonia final culminada con el rezo del Padre Nuestro. Y pocos días antes triunfaba el pop católico de Hakuna Music Group en Vistalegre.
En Xataka
Una bendición que impulsa likes y ventas: "radiografía del catolicismo chic"
También existen tendencias que están más en comunión con lo que conocemos como catolicismo tradicional adaptado a los tiempos modernos. Por ejemplo: la adoración eucarística y el encuentro de oración centrada en la presencia real de Cristo, algo muy católico y que se desmarca de ese enfoque evangélico donde el poder de la Biblia toma el protagonismo. Asimismo, retiros y campamentos espirituales con música y estética renovada pero que siguen prácticas de meditación y confesión tradicional; o el rezo del rosario que hoy también se reinterpretan a través de TikTok, YouTube o apps de oración.
@solaconelsolo Buenas tardes a todos! Espero que este vídeo os motive para rezar, y a mí también! Un abrazo. #iglesiacatolica #fecatolica #catolica #catolicos #catolicostiktok
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Todo esto evidencia de manera clara lo híbrido de esta espiritualidad juvenil y lo alejado de las tradiciones religiosas. Pero si los jóvenes no acuden en masa a la iglesia y los datos no evidencian el auge del catolicismo, ¿cómo se explica entonces ese nuevo impulso por una espiritualidad transversal? Estadios llenos, música, símbolos cristianos compartidos… Señales de una religiosidad que se mueve en el espacio cultural más que en la parroquia.
La respuesta la tenemos en nuestro teléfono
Una hipótesis es que la mayoría de jóvenes descubren el cristianismo en TikTok antes que en la iglesia. En plataformas como Instagram o YouTube puedes seguir homilías, canciones de fe u oraciones. Son los nuevos templos modernos, adaptados al ritmo de vida digital.
Y es que el imaginario de lo sagrado siempre ha tenido una gran fuerza cultural, aunque la práctica religiosa disminuya. La estética religiosa no aparece en estos últimos años gracias a Rosalía, Los Javis o Alauda Ruíz de Azúa; hace siglos ya se usaba como una herramienta de la Iglesia para comunicar y emocionar.
El fin último del arte barroco era materializar en imágenes lo divino. Es cierto que de una manera dramática, con ese aura tenebrista y solemne para transmitir la dimensión trascendente del catolicismo, pero en realidad no dejaba de ser pedagógica, una herramienta para reforzar la fe católica. En el Renacimiento también se usaron esos símbolos cristianos, pero ahí se buscaba humanizar lo divino y huir de lo tenebroso; o incluso en el Surrealismo los artistas se decantaban más por el carácter onírico y la exploración del subconsciente.
@juanvy12xd Respuesta a @Erik Pastor MI CITA BÍBLICA FAVORITA
♬ sonido original - Juan Manasa
Y ahora, en la era digital, las herramientas son otras pero la simbología cristiana sigue presente. Desde Madonna a por Lady Gaga, pasando por el desfile ‘Alta Sartoria’ de Dolce&Gabbana homenajeando la sastrería eclesiástica, Lux o los influencers cristianos que circulan por redes sociales. Las pantallas sirven como lugar de reunión, los algoritmos determinan los salmos y lo espiritual dicta nuestro mood del día.
Una generación que quiere creer en algo
Una generación Z cada vez más descontenta y agotada encuentra en esos videos de influencers cristianos y en la música de Hakuna algo exótico, algo que les proporciona un sentimiento de unión y comunidad. Lo sagrado es el nuevo filtro Valencia y cuando la fe no solo la mercantiliza la Iglesia, fenómenos como el Christiancore ―convertir los símbolos cristianos, como túnicas o cruces, en lenguaje visual que busca ofrecer significado― encuentran en esta generación hastiada y solitaria su nicho perfecto.
En Xataka
España está viviendo un boom de iglesias evangélicas y Madrid es su punta de lanza. Tiene poco de casualidad
En medio de esta saturación de estímulos visuales, a algunos jóvenes les puede parecer demodé la misa de Domingo de Ramos, pero su outfit con crucifijo y camiseta de ‘God is Dope’ les proporciona la ilusión de una nueva espiritualidad heterogénea y digital. La generación Z tiende a reemplazar la práctica litúrgica tradicional por grandes eventos en pabellones donde desaparece la doctrina y lo colectivo es la experiencia, construyendo identidad y comunidad.
"Ha habido una experiencia de vacío muy fuerte por parte de los jóvenes. Tienen un anhelo profundo que la propuesta cultural posmoderna no ha sabido satisfacer y eso genera en ellos una sensación de vacío, de absurdo, de desbordamiento, de agobio, de ansiedad, que les lleva a buscar propuestas dentro de la espiritualidad", teólogo youtuber y exfraile Abel de Jesús para EFESi los millenial, ante la incertidumbre social y económica, buscábamos consuelo construyendo nuestra personalidad en base a nuestro horóscopo, la autoayuda y un camino hacia el autodescubrimiento más autorreflexivo, introspectivo e individual; parte de la Generación Z parece refugiarse en un catolicismo cultural reinventado que combina tradición y espectáculo, y que con los retiros espirituales, las adoraciones eucarísticas y los encuentros musicales halla una conexión emocional y colectiva de manera presencial o en las pantallas, acuñando una reinvención generacional de lo sagrado.
Imagen | Hakuna
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La noticia
La nueva espiritualidad de la Generación Z: en qué creen los chavales que han decidido creer en algo en pleno 2026
fue publicada originalmente en
Xataka
por
Lara Ben-Ameur
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La nueva espiritualidad de la Generación Z: en qué creen los chavales que han decidido creer en algo en pleno 2026
La gen Z tiende a reemplazar la práctica litúrgica tradicional por grandes eventos en pabellones donde desaparece la doctrina y lo colectivo es la experiencia
Si nos guiamos por las redes sociales y la cultura pop, podría parecer que la religión atraviesa una segunda venida entre los jóvenes. Varios indicios apuntarían en esa dirección: el éxito de ‘Los Domingos’, Rosalía con sus continuas referencias cristianas, fenómenos como Hakuna Group Music capaces de llenar recintos con miles de personas gracias a su pop católico…
En apariencia, todo esto lanza señales: algo está pasando con la religión, el largo e inevitable camino hacia la secularización se ha detenido. Sin embargo, más allá de los titulares y de TikTok, son los datos los que arrojan luz sobre lo que de verdad está pasando y, pese a todo el ruido de estadios llenos y del bullicio online, nos topamos con la soledad de las capillas.
Lo cierto es que la secularización no se ha frenado, según el barómetro sobre religión y creencias en España, realizada por la Fundación Pluralismo y Convivencia. Aproximadamente uno de cada tres jóvenes españoles se define como espiritual, pero el 61% no practica ninguna religión oficial. Entre los 18-24 años apenas un 15 % afirma que la religión da mucho o bastante sentido a su vida, muy por debajo de factores como familia o amistades. Y, dentro del 54% de población que sí se identifica con alguna religión, sólo el 17 % mantiene una práctica regular.
Lo que queda claro en este estudio es ese interés creciente por lo espiritual, pero no de forma institucional: el 31% de los jóvenes creen en algún tipo de realidad espiritual o fuerza vital, un 29% dice creer mucho o bastante en la astrología y un 23% en la videncia. Así que no hay un retorno masivo a la fe, si no una visibilidad cultural de lo religioso que está en plena efervescencia.
Religión a la carta
Podemos decir que la identidad religiosa de la Gen Z es un totum revolutum. Más que una doctrina o una religión concreta, lo que muchos jóvenes buscan es esa experiencia espiritual o incluso mística. Para ellos las líneas que separan las tradiciones cristianas ―protestante, evangélica, ortodoxa o católica― se difuminan y dan paso directamente a una búsqueda emocional y de pertenencia en pro de una experiencia religiosa común.
“¡Qué lo oiga toda España, que se escuche el nombre de Cristo!”. Podría ser Nacho Cano abriendo un espectáculo en pleno 2026 pero no, hablamos de la apertura de ‘Llamados’, un encuentro de oración que congregó a unas 6000 personas mezclando música de grupos evangélicos como Hillsong, charlas de influencers católicos y una ceremonia final culminada con el rezo del Padre Nuestro. Y pocos días antes triunfaba el pop católico de Hakuna Music Group en Vistalegre.
También existen tendencias que están más en comunión con lo que conocemos como catolicismo tradicional adaptado a los tiempos modernos. Por ejemplo: la adoración eucarística y el encuentro de oración centrada en la presencia real de Cristo, algo muy católico y que se desmarca de ese enfoque evangélico donde el poder de la Biblia toma el protagonismo. Asimismo, retiros y campamentos espirituales con música y estética renovada pero que siguen prácticas de meditación y confesión tradicional; o el rezo del rosario que hoy también se reinterpretan a través de TikTok, YouTube o apps de oración.
Todo esto evidencia de manera clara lo híbrido de esta espiritualidad juvenil y lo alejado de las tradiciones religiosas. Pero si los jóvenes no acuden en masa a la iglesia y los datos no evidencian el auge del catolicismo, ¿cómo se explica entonces ese nuevo impulso por una espiritualidad transversal? Estadios llenos, música, símbolos cristianos compartidos… Señales de una religiosidad que se mueve en el espacio cultural más que en la parroquia.
La respuesta la tenemos en nuestro teléfono
Una hipótesis es que la mayoría de jóvenes descubren el cristianismo en TikTok antes que en la iglesia. En plataformas como Instagram o YouTube puedes seguir homilías, canciones de fe u oraciones. Son los nuevos templos modernos, adaptados al ritmo de vida digital.
Y es que el imaginario de lo sagrado siempre ha tenido una gran fuerza cultural, aunque la práctica religiosa disminuya. La estética religiosa no aparece en estos últimos años gracias a Rosalía, Los Javis o Alauda Ruíz de Azúa; hace siglos ya se usaba como una herramienta de la Iglesia para comunicar y emocionar.
El fin último del arte barroco era materializar en imágenes lo divino. Es cierto que de una manera dramática, con ese aura tenebrista y solemne para transmitir la dimensión trascendente del catolicismo, pero en realidad no dejaba de ser pedagógica, una herramienta para reforzar la fe católica. En el Renacimiento también se usaron esos símbolos cristianos, pero ahí se buscaba humanizar lo divino y huir de lo tenebroso; o incluso en el Surrealismo los artistas se decantaban más por el carácter onírico y la exploración del subconsciente.
Y ahora, en la era digital, las herramientas son otras pero la simbología cristiana sigue presente. Desde Madonna a por Lady Gaga, pasando por el desfile ‘Alta Sartoria’ de Dolce&Gabbana homenajeando la sastrería eclesiástica, Lux o los influencers cristianos que circulan por redes sociales. Las pantallas sirven como lugar de reunión, los algoritmos determinan los salmos y lo espiritual dicta nuestro mood del día.
Una generación que quiere creer en algo
Una generación Z cada vez más descontenta y agotada encuentra en esos videos de influencers cristianos y en la música de Hakuna algo exótico, algo que les proporciona un sentimiento de unión y comunidad. Lo sagrado es el nuevo filtro Valencia y cuando la fe no solo la mercantiliza la Iglesia, fenómenos como el Christiancore ―convertir los símbolos cristianos, como túnicas o cruces, en lenguaje visual que busca ofrecer significado― encuentran en esta generación hastiada y solitaria su nicho perfecto.
En medio de esta saturación de estímulos visuales, a algunos jóvenes les puede parecer demodé la misa de Domingo de Ramos, pero su outfit con crucifijo y camiseta de ‘God is Dope’ les proporciona la ilusión de una nueva espiritualidad heterogénea y digital. La generación Z tiende a reemplazar la práctica litúrgica tradicional por grandes eventos en pabellones donde desaparece la doctrina y lo colectivo es la experiencia, construyendo identidad y comunidad.
"Ha habido una experiencia de vacío muy fuerte por parte de los jóvenes. Tienen un anhelo profundo que la propuesta cultural posmoderna no ha sabido satisfacer y eso genera en ellos una sensación de vacío, de absurdo, de desbordamiento, de agobio, de ansiedad, que les lleva a buscar propuestas dentro de la espiritualidad", teólogo youtuber y exfraile Abel de Jesús para EFE
Si los millenial, ante la incertidumbre social y económica, buscábamos consuelo construyendo nuestra personalidad en base a nuestro horóscopo, la autoayuda y un camino hacia el autodescubrimiento más autorreflexivo, introspectivo e individual; parte de la Generación Z parece refugiarse en un catolicismo cultural reinventado que combina tradición y espectáculo, y que con los retiros espirituales, las adoraciones eucarísticas y los encuentros musicales halla una conexión emocional y colectiva de manera presencial o en las pantallas, acuñando una reinvención generacional de lo sagrado.