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Adobe StockCarlos Sánchez Reboiro
Especialista en finanzas digitales. Banco Mundial
Miércoles, 18 de febrero 2026, 00:26
... Anti-CBDC Surveillance State Act. Ambas normativas nacen con un propósito: fomentar la innovación en 'stablecoins' (moneda estable) del sector privado y rechazar los sistemas de moneda digital anclados en sistemas nacionales. La Genius define las 'stablecoins' como activos digitales vinculados 1:1 a la moneda fiduciaria y utilizados para pagos, mientras que el Anti-CBDC Surveillance State Act dificulta la capacidad de la Reserva Federal estadounidense de emitir una CBDC (Moneda Digital de Banco Central), directa o indirectamente, a particulares. Tal medida se justifica con argumentaciones centradas en la difícil vigilancia financiera y/o en la posible extralimitación gubernamental. Esto convierte a Estados Unidos en el único país del G7 que rechaza explícitamente un modelo de CBDC minorista, en favor de las 'stablecoins' basadas en el mercado como representaciones digitales del dólar.Al otro lado del Atlántico, la Unión Europea, a través del Reglamento de Mercados de Criptoactivos (MiCA) y el proyecto en curso del Euro Digital, está trazando un rumbo muy diferente. El euro digital sería una CBDC pública emitida por el Banco Central Europeo (BCE). Por el momento está en bastidores legislativos. Sus valedores pretenden que sirva para facilitar el acceso público al dinero digital, al tiempo que complementa al euro, constante y sonante; también permitiría conectar los ecosistemas privados de monedas estables con el dinero de los bancos centrales. El BCE considera el euro digital como una herramienta para garantizar que los pagos en europeos sigan anclados en el dinero del banco central, en lugar de depender de monedas digitales privadas o extranjeras, mejorando la autonomía de pagos a nivel regional. Si Europa se retrasa en la adopción de este marco, las monedas estables o CBDC denominadas en otras divisas pueden acabar dominando los pagos transfronterizos y en línea, erosionando así el papel global del euro. Por lo tanto, desarrollar una alternativa europea soberana se considera esencial para mantener la influencia sobre la arquitectura monetaria global y regional.
Las diferencias entre los enfoques de EE UU y la UE son marcadas. Su divergencia va más allá de lo regulatorio: refleja distintas ideologías y formas de entender el futuro del dinero. Mientras Estados Unidos busca limitar el control estatal, maximizar la innovación y consolidar la primacía global del dólar mediante 'stablecoins' privadas, la Unión Europea y otros países desarrollados aspiran a preservar la soberanía monetaria, proteger a los usuarios y consolidar la innovación dentro de la arquitectura financiera existente.
La nueva legislación cocinada en Washington restringe el acceso a las monedas estables extranjeras, por lo que los 'tokens' denominados en euros podrían enfrentar barreras de acceso al mercado estadounidense. Esto podría consolidar el liderazgo del dólar en los pagos digitales y marginar al euro en los ecosistemas globales de 'stablecoins': más del 90% de los emitidos están vinculadas al dólar estadounidense. Así pues, la consolidación de este activo digital como medio de pago transfronterizo ayudaría a mantener la preeminencia global del dólar, en su versión electrónica.
Pero no todo es oro lo que reluce. La privatización del dinero digital siguiendo este enfoque no está exenta de riesgos. El crecimiento de las criptomonedas plantea desafíos para la estabilidad financiera en un entorno donde coexisten con las monedas fiduciarias. Si una parte significativa de la población utiliza monedas estables emitidas por empresas privadas, los bancos centrales podrían perder el control sobre la oferta monetaria, lo que mermaría su capacidad para controlar la inflación o ajustar los tipos de interés; por no hablar de mantener, fijo el timón, ante marejadas económicas, inesperadas o previstas, con raíz financiera o pandémica. Simultáneamente, si la ciudadanía opta por monedas digitales en lugar de depósitos en bancos tradicionales, los bancos comerciales perderían músculo, y por ende capacidad de otorgar crédito. El resultado: una desintermediación que reduciría la liquidez en la economía. Esa es la razón por la que muchos economistas argumentan que una CBDC pública permitiría a los bancos centrales mantener la soberanía monetaria en un sistema financiero digitalizado-fragmentado, y por la que el BCE está sopesando el lanzamiento, más pronto que tarde, del euro digital.
La introducción de monedas digitales es probablemente el avance más importante en la economía monetaria de la última década. En esta nueva fase de globalización monetaria, la soberanía digital, la apertura financiera y la interoperabilidad regulatoria transfronteriza definirán a los ganadores y los rezagados. Eso a nivel macro. Y si lo aterrizamos a casos concretos: ¿podrá el ciudadano de a pie reformar su casa con préstamos ofertados por empresas privadas del tipo Tether Circle o semejantes? O si se produce otro terremoto sanitario, tipo covid, ¿dónde y cómo se financiarán los Estados? Las decisiones que se tomen enWashington y/o Bruselas en los próximos meses podrían moldear la infraestructura monetaria de las generaciones venideras.
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