Asegura que ya existen «indicios sólidos» que revelan una merma en la capacidad de concentración y una pérdida de comprensión lectora
Regala esta noticia Añádenos en Google Niños usando el móvil en clase. (Avelino Gómez)Iñigo Fernández de Lucio
Madrid
08/09/2026 Actualizado a las 11:36h.En segundo lugar, el experto señaló el hecho de que el declive es similar -con matices en su intensidad- en multitud de países que han aplicado políticas y estrategias educativas muy diferentes entre sí. En tercer lugar, los alumnos que consumen menos pantallas presentan mejores indicadores en cuanto a capacidad de concentración y también mejoran los resultados.
Por último, Halgreen se refirió a las evidencias recogidas en la propia prueba de Lectura de PISA 2025. Los alumnos se desempeñaron mucho peor cuando tuvieron que responder a cuestiones relacionadas con textos largos, superiores a 400 palabras, «que son las que caben en una pantalla», recordó el experto. Con los textos cortos, en cambio, los adolescentes no tuvieron tantos problemas.
La OCDE, en su informe internacional de PISA, lo expresa de la siguiente manera. «Los alumnos experimentan caídas de rendimiento mucho más severas en tareas que requieren leer textos extensos y realizar procesos cognitivos superiores (como evaluar e integrar información de múltiples fuentes). En cambio, las habilidades para simplemente localizar un dato específico (que exigen un enganche más rápido y superficial con el texto) se han mantenido más estables».
Además, la OCDE ha detectado en esta edición un aumento drástico de «lectores apresurados» ('hasty readers', en inglés). El porcentaje de estudiantes que responden de manera «rápida e incorrecta» en las pruebas de fluidez casi se duplicó, pasando del 6,6% en 2018 al 11,4% en 2025. «Esto evidencia una tendencia generalizada a adivinar rápido en lugar de esforzarse por resolver problemas difíciles», señala la organización. A ello se suma una «pérdida de motivación y curiosidad» de los alumnos evaluados, y una caída en el esfuerzo que afirman dedicar a completar la propia evaluación.
Tampoco los adultos leen
La organización internacional dedica todo un apartado a preguntarse qué motivos han provocado el descalabro general en comprensión lectora. Uno de ellos, como señalaba el analista, es el cambio que se ha producido hacia la «lectura digital fragmentada», mientras que «el disfrute por la lectura ha decaído». «Los alumnos leen menos literatura de ficción y medios impresos, sustituyéndolos por un consumo de textos digitales breves y fragmentados (redes sociales, chats, feeds)», señala el estudio. «Este tipo de ecosistema digital favorece una lectura rápida e interactiva frente al desarrollo de la profundidad lectora y la capacidad de concentración sostenida», añade. Por ello, el informe reitera que los alumnos que leen libros en papel obtienen mejores resultados que aquellos que leen principalmente en pantallas o que apenas leen.
Estos cambios no afectan sólo a los adolescentes y niños. La OCDE indica que «el disfrute por la lectura también ha caído entre los adultos (los padres), restando modelos de rol clave para los jóvenes». «Asimismo, se ha observado una disminución en la frecuencia de conversaciones cotidianas de apoyo en el hogar sobre lo que los alumnos hacen en la escuela», afirma.
Es importante destacar que el hecho de señalar la digitalización como principal culpable de la situación, la OCDE tampoco plantea desterrar los dispositivos digitales de las aulas. Al contrario, aboga por un uso «moderado» de los mismos, siempre orientado por los profesores, ya que esto mejora los resultados. El problema más bien lo achaca al consumo desaforado de pantallas fuera de las aulas y, en general, en la vida diaria.
A estos elementos la OCDE añade otros, como un aumento de climas escolares más disruptivos, con interrupciones de las clases y desorden, lo que deriva en una «pérdida de tiempo lectivo real», ya que los docentes dedican cada vez más tiempo a poner orden en el aula. También existen lagunas heredadas de la pandemia con más o menos intensidad en función de los países. Y reconoce que las aulas son cada vez más diversas a nivel académico; por ejemplo, con un fuerte aumento de alumnos con necesidades especiales o con mochilas académicas muy pesadas por su condición de migrantes.
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