Atrapados en el 'lujo' de la guerra: el relato de los españoles confinados en un crucero en Dubái Cedida Cedida
Reportajes La odisea de los 200 españoles atrapados en Dubái a bordo del crucero Euribia: "Nos ofrecen ir 450 km por tierra hasta Omán"Un Airbus A330 del Ejército del Aire despegó de Torrejón para repatriar a los varados desde el 28, pero muchos consideran peligrosa esta opción por riesgo.
Más información: Los españoles atrapados en Abu Dhabi, Arabia Saudí o Doha por los ataques en Oriente Próximo: "Sólo quiero volver"
Guillermina Leudesdorf Publicada 5 marzo 2026 02:55hEl 27 de febrero, cuando Óscar, de 55 años, Maribel, su mujer, y Valeria, su hija de 9, embarcaron en el MSC Euribia en Dubái, el plan era simple: dos días en la ciudad, una escala en Doha y regreso a España el 1° de marzo.
Ahora, el calendario es una hoja en blanco que depende de una guerra.
Oriente Medio se convirtió en el foco internacional el pasado sábado 28, cuando Estados Unidos e Israel lanzaron una ofensiva conjunta contra Irán en la que murió su líder supremo, el ayatolá Alí Jamenei.
La respuesta iraní no tardó en llegar: misiles y drones hacia bases norteamericanas en Bahréin, Qatar, Emiratos Árabes Unidos y Kuwait.
En medio de ese tablero geopolítico, hasta 20.000 españoles quedaron varados en la región. 200 de ellos están a bordo de un crucero que no zarpa.
El operativo
El operativo de evacuación ya está en marcha, según confirmó este miércoles el Ministerio de Defensa.Un Airbus A330 del Ejército del Aire y del Espacio despegó en la mañana de hoy desde la base de Torrejón rumbo a Omán, para repatriar a españoles afectados por la ofensiva.
La operación, coordinada por Exteriores y Defensa, prevé una salida terrestre desde Emiratos Árabes Unidos hasta Mascate, Omán y desde allí el traslado en vuelo militar a España.
El sábado por la mañana, Óscar estaba de excursión. Él y su familia habían salido a recorrer la zona y a visitar el hotel Burj Al Arab. La ciudad brillaba bajo el sol y el guía hablaba de récords arquitectónicos cuando recibió una llamada.
Oscar junto a su familia en el barco Cedida Cedida
"Israel había atacado a Irán y no podíamos seguir con la excursión. Era más seguro que volviéramos al barco", cuenta Óscar.
Dieron media vuelta. Desde entonces, no han vuelto a recorrer la ciudad.
Pueden bajar a la terminal del puerto, comprar algo, caminar unos metros. Pero no salir a la ciudad. "Nos recomiendan encarecidamente con estas palabras que no vayamos", explica el abogado madrileño.
El barco, sin embargo, funciona como si navegara en alta mar: buffet abierto, bebidas incluidas y animación constante.
"Tenemos todo incluido de comida, de bebida, tenemos actividades, animación, teatro, discoteca", explica.
En cubierta, el sol cae igual que cualquier otro día de vacaciones. Hay gente en la piscina. Hay niños que corren con pulseras fluorescentes. Hay camareros que sirven cócteles con rodajas de naranja.
"Esta mañana estaban haciendo carreras de motos de agua", dice el abogado desde el balcón de su camarote, en conversación telefonica con este periódico.
Cinco o seis motos cortando el agua, a metros del puerto. La normalidad, vista desde arriba, parece intacta.
Para Rosa, una malagueña de 35 años, la escena fue parecida y distinta a la vez. Ella viaja con su marido, Mohamed, y su hijo de tres años.
Rosa junto a su familia en el barco Cedida Cedida
El sábado era su último día de crucero."Estábamos en Dubái y a nuestros familiares le empezaron a llegar información de que Dubái estaba siendo atacada, de que estaban cerrando las aerolíneas y demás", relata.
No tenían datos móviles. La información les llegó desde España, un poco fragmentada.
"Volvimos rápidamente al barco y había una cola enorme en recepción, todo el mundo preguntando qué sucedía. Estaban todos alterados", recuerda.
La explicación oficial fue escueta: "Por seguridad y por la inestabilidad actual del país, cerraron todas las aerolíneas". Y agrega: "Nos dijeron que nos irían informando al respecto".
Desde entonces, la espera. El primer día fue el más duro.
El ruido de los ataques
"Cuando llegamos al barco empezamos a escuchar los misiles que estaban siendo inhibidos en esta zona", dice Rosa.
Habla de reflejos en el cielo. De ruidos secos que no se parecen a nada cotidiano: "Jamás nos imaginamos que podiamos vivír algo así en nuestra vida".
Su marido no durmió esa noche. "Fue una situación surreal y evidentemente de mucho miedo porque no sabíamos qué es lo que estaba pasando", expresa.
Después, como en el relato de Óscar, el volumen bajó. "Luego las personas comenzaron a relajarse, pero el primer día se vivió con bastante incertidumbre y miedo".
Hoy el clima es otro.
"El ánimo general ahora mismo se enucentra bastante bien, dentro de lo que cabe", describe Rosa.
La empresa del crucero—subraya— ha mantenido todas las condiciones. "La verdad que es una compañía impecable, no nos ha faltado alojamiento, comida, todos los servicios que teníamos contratados siguen totalmente igual sin ningún coste".
En este sentido remarca que constantemente están recibiendo información: "Nos comunican toda la información que les llega a ellos". Su vuelo estaba incluido en el paquete. "Ellos se encargan de cuando haya vuelo reubicado".
La vida a bordo continúa. Piscina, buffet, espectáculos. Pero cada ruido altera la escena.
"Anoche estábamos en la cubierta externa y escuché unos ruidos", cuenta. Pensaban que los ataques habían cesado. No fue así. "Sí que vuelven a interceptar misiles, no llegan a caer, pero sí que se escucha la intercepción".
La normalidad es frágil. "Escuchas un ruido y no sabes qué es lo que puede ser", admite.
En el barco hay unas 5.000 personas. 200 son españoles. En la ciudad, muchas más.
La prioridad, les dijeron desde la empresa, será por orden. Desde el 28 de febrero en adelante.
"Hasta que no solventen todos esos vuelos que llevan con retraso para todas las partes del mundo… no saldremos y eso es un proceso lento", dice la malagueña.
Hablan de que salen 48 aviones por día.
"No sabemos hasta qué punto eso será cierto, pero 48 aviones por día al final con la afluencia que tiene una ciudad como Dubái es poco".
Sobre la conversación con el embajador, Rosa comentó que hay un listado, que los tienen en cuenta. "Dicen que están barajando posibles escenarios de evacuación". Pero, matiza, "realmente no están haciendo nada para que salgamos en sí del país".
Desviaron preguntas sobre plazos.
"Cuestión de días"
"Tenemos familias que están preocupadas. Estamos deseando que nos devuelvan a nuestro país". El verbo es ese: devolver. Recuperar la normalidad que aquí, en el barco, es apenas una representación.
En cubierta, los niños juegan. Valeria ya no llora. El hijo de Rosa, de tres años, tampoco comprende del todo.
"Los ruidos tampoco los aprecia mucho", cuenta. Pero sí percibe el clima: "Se aburre, está irritable, apenas come". Escucha conversaciones. Nota que los días pasan y no regresan: "Está como un poco más nervioso de la cuenta".
El cansancio empieza a asomar. "Conforme vayan pasando más los días, la desesperación va a llegar a cada uno de nosotros", anticipa Rosa.
Por ahora, se hacen la idea de que "esto es cuestión de días". Pero por dentro, Rosa teme que no sea tan rápido: "Sinceramente, creo que la situación va a ir un poquito lenta".
Más allá, la ciudad retoma su ritmo. "La ciudad ha vuelto a su actividad", observa Rosa.
Hay movimiento. No completo, pero visible.
Prefieren mantenerse al margen. Seguir recomendaciones. Esperar.
El resto es rutina de crucero: desayuno con frutas cortadas en cubos perfectos, almuerzo antes del cierre del buffet, tardes de teatro, noches de música.
La contradicción es permanente.
Óscar insiste: "La situación no es agradable, pero tampoco es dramática". Rosa coincide en parte: "Dentro de lo que cabe estamos bastante seguros".
Al cierre de esta nota, algunos de los españoles a bordo del crucero recibieron la comunicación oficial: podrían sumarse al dispositivo organizado por el Gobierno.
La opción implica un traslado terrestre de 450 kilómetros hasta Omán, pasar la noche en el aeropuerto y volar el viernes por la mañana en el Airbus militar.
Sin embargo, varias familias lo consideran un riesgo, especialmente quienes viajan con bebés o niños pequeños. "Son muchas horas por carretera sin saber en qué condiciones vamos a estar", explica Rosa.
Frente a esa alternativa, la empresa MSC ya habría comenzado a asignar vuelos comerciales directos desde el puerto actual, dos de ellos previstos para mañana, aunque aún no está confirmado quiénes embarcarán.