Durante medio siglo, la industria automovilística aseguró que el plomo en el aire era inofensivo. Fue el geoquímico Clair Patterson quien descubrió, por accidente, que el humo de los coches había envenenado la atmósfera. Las pruebas eran evidentes, pero tardó más de treinta años en convencer a las autoridades.
La 'odisea' para demostrar que la gasolina con plomo era tóxica
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