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La ofensiva coordinada de EEUU e Israel contra Irán dispara el riesgo de una crisis energética y logística global

La ofensiva coordinada de EEUU e Israel contra Irán dispara el riesgo de una crisis energética y logística global
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Los analistas advierten de que la campaña puede prolongarse durante días o semanas, con la posibilidad de extenderse más si el objetivo pasa de la degradación militar a la desarticulación del régimen. Más información: Qué se juega Donald Trump al atacar Irán: una guerra que EEUU no quería y que beneficia a los 'halcones' de Netanyahu

El humo se eleva tras los supuestos ataques con misiles iraníes, después de bombardeos de Estados Unidos e Israel contra Irán, en Manama. Reuters

Oriente Próximo La ofensiva coordinada de EEUU e Israel contra Irán dispara el riesgo de una crisis energética y logística global

Los analistas advierten de que la campaña puede prolongarse durante días o semanas, con la posibilidad de extenderse más si el objetivo pasa de la degradación militar a la desarticulación del régimen.

Más información:Qué se juega Donald Trump al atacar Irán: una guerra que EEUU no quería y que beneficia a los 'halcones' de Netanyahu

Estambul Publicada 1 marzo 2026 02:54h Actualizada 1 marzo 2026 03:47h

Las claves nuevo Generado con IA

Oriente Medio vuelve a arder. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, inició en la mañana del sábado un ataque conjunto con Israel contra Irán, una guerra fácil de prender, pero de la que será más difícil salir. Esto sucede mientras se produce una escalada paralela entre Pakistán y Afganistán.

El ataque conjunto parece haber roto dos líneas de contención anunciadas por el propio Trump: la de una guerra limitada y una autoría directa de Washington.

La Casa Blanca se ha implicado con toda su maquinaria de guerra desde el arranque, con operaciones de combate y objetivos de cambio de régimen, como demuestra la muerte del líder supremo Alí Jamenei.

De lograrlo, las rampas de salida de esta guerra quedarían muy constreñidas. Mientras que la contraofensiva iraní ya se ha desbordado a toda la región.

"Lo que estamos presenciando no es un accidente en la escalada, sino la cristalización de una doctrina de 'Israel Primero'", explicó Ali Vaez, el analista del Crisis Group para Irán, cuyas evaluaciones tienden a escorar en favor del régimen de los ayatolás.

Los ataques comenzaron con explosiones reportadas en todo Teherán. Los primeros informes indicaban unos 30 objetivos en la primera oleada, incluyendo residencias de líderes, instalaciones de inteligencia.

A diferencia de la Guerra de los Doce Días de junio de 2025, que comenzó con ataques nocturnos, esta se inició a media mañana, el primer día de la semana del calendario iraní. La hora indica la debilidad antiaérea iraní y líderes localizados.

"La selección de objetivos apunta a una estrategia de decapitación. Los ataques iniciales parecen dirigidos a los nodos de liderazgo y al aparato de seguridad de Irán, más que a infraestructura puramente militar", observó el analista Hamidreza Azizi.

El especialista destaca cuatro diferencias de calado con respecto a junio: la coordinación entre Estados Unidos e Israel llevaba meses en preparación; el foco declarado esta vez es contra capacidades de misiles, nuclear y liderazgo; la respuesta iraní ha sido inmediata; y se ha extendido rápidamente contra bases y activos de Washington en la región del Golfo.

Una vez más, Trump ha pedido a los iraníes que se apoderen de su gobierno, poniendo en peligro a civiles, ya que las protestas de los últimos meses fueron reprimidas con brutalidad por el régimen del desaparecido Jamenei, con un saldo de unos 7.000 muertos, según el recuento de la ONG Hrana.

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Diversas fuentes del Pentágono confirman la coordinación con Tel Aviv para acabar con el liderazgo del régimen, por lo que para este la desescalada será una cuestión de supervivencia para el régimen, que peleará hasta la muerte.

La respuesta iraní contra bases estadounidenses en la región multiplica actores en el conflicto, daños colaterales y presiones domésticas en cada capital.

Irán lleva tiempo avisando de que las bases de Estados Unidos serían un objetivo legítimo si se producía el ataque. En este contexto, los Estados del Golfo se ven obligados a equilibrar su papel de mediadores con el de convertirse en centro del teatro de operaciones.

La dimensión nuclear queda en una situación turbia, pero no más controlada. La Organización Internacional de la Energía Atómica asegura que ya no puede verificar si Teherán ha suspendido el enriquecimiento de uranio ni ubicar con certeza el stock tras la ofensiva de junio, por pérdida de monitorización y acceso limitado.

Con esta ceguera operativa, puede escalar la paranoia estratégica.

Aparte de los países del Golfo, se ven afectadas también las rutas energéticas y financieras. El estrecho de Ormuz es una de las mayores arterias energéticas del planeta, por el que transcurre un 20% del crudo y un 30% del gas natural mundial.

Pero incluso sin que Teherán cierre este estrecho, medida de la que no se tiene noticia, los ataques a las infraestructuras, puertos y centros logísticos pueden disparar los costes.

El régimen iraní dispone de un frente múltiple en el mar Rojo, Irak, Siria y Líbano que podría usar como objetivos de desgaste. El citado Azizi menciona también la reactivación hutí en el mar Rojo como medida de castigo contra los aliados de Washington.

Desde Estados Unidos se describe la represalia iraní como limitada y poco impresionante en esta primera fase: la mayoría de los lanzamientos habrían sido interceptados, aunque algunos misiles lograron impactar.

El primer blanco fue Israel, al que siguió Baréin, Emiratos Árabes Unidos, Catar, Kuwait y Jordania. En Siria han muerto cuatro personas cuando un misil iraní cayó accidentalmente sobre un edificio.

El líder supremo de Irán, el ayatolá Alí Jamenei, habla durante un mensaje televisado en Teherán. Reuters

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El hecho de que Irán respondiera rápido, pero sin un golpe decisivo, alimenta lecturas contrapuestas: para unos revela desgaste militar, para otros es una contención calculada para no cruzar todavía ciertos umbrales.

En cualquier caso, el ataque a la élite política y de seguridad suele reforzar el cierre de filas y endurecer la represión; si la guerra se prolonga y la economía se deteriora, el desgaste interno puede volverse imprevisible.

Aunque algunos observadores comparan la decapitación del régimen iraní con la de Venezuela, se trata de dos escenarios muy diferentes.

El de Teherán tiene una arquitectura estatal-militar con capacidad sostenida de daño regional, con misiles, drones y redes aliadas, además de una geografía que hace de la región un rehén.

Venezuela puede desangrarse sin incendiar el vecindario, pero Irán no. Esa asimetría hace que el posible cierre del conflicto exija acuerdos de seguridad regional o una contención prolongada.

Ambas opciones son caras y políticamente tóxicas.

Azizi añade que, aunque Trump presenta la operación como defensa y eliminación de amenazas, su apelación directa a la población iraní sugiere que el cambio de régimen forma parte del horizonte.

Evaluaciones militares estadounidenses señalan un arranque poco habitual por la hora, interpretado como una prueba de que los objetivos de la élite estaban localizados.

En ese marco, los golpes iniciales habrían buscado desorganizar la cadena de decisión y degradar defensas aéreas, emplazamientos de misiles y capacidad naval en el Golfo.

La idea operativa sería abrir paso a una segunda fase de ataques más intensos una vez reducidas las defensas restantes.

Según observadores militares, la campaña podría intensificarse en las próximas horas y prolongarse durante varios días o hasta tres semanas, con la posibilidad de extenderse más si el objetivo pasa de la degradación militar a la desarticulación del régimen.

Catar, los Emiratos Árabes Unidos, Baréin, Kuwait e Irak han cerrado temporalmente su espacio aéreo, y los vuelos con destino a los principales centros de conexión del Golfo están siendo desviados o cancelados por el momento.

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Omán, daño colateral

La agresión se produce después de que Omán anunciara avances en la negociación nuclear en Ginebra y citara una reunión posterior, pese a que la decisión de Estados Unidos de atacar parecía ya tomada desde hace unos diez días.

La aparente paradoja podría tratarse de un mensaje diplomático operativo hasta el último minuto, o de una compartimentación entre mediadores, diplomacia y militares.

En cuanto a los países mediadores, Omán podría conservar su papel en control de daños y preservar el canal, aunque quede congelado por la guerra.

Catar tiene un doble rol de mediador y, al mismo tiempo, anfitrión de bases estadounidenses, por lo que tendrá que mantener un equilibrio entre la condena por ataques a su soberanía y preservar la comunicación con la República Islámica.

Arabia Saudí y los Emiratos Árabes Unidos estarán disponibles en la diplomacia telefónica con el fin de contener el riesgo.

En esta guerra, Turquía se ha ofrecido una vez más como mediadora, pero tiene menos capacidad de maniobra si el objetivo percibido bascula hacia la demolición del régimen.

La Unión Europea ha condenado con rotundidad el ataque, pero su papel será más humanitario y legal, con apoyo en protección marítima y evacuaciones, sin verdadera capacidad de presión para imponer el fin de la guerra.

Rusia y China han condenado el ataque "ilegal" de Estados Unidos e Israel y podrían enfocarse más en los riesgos nucleares y de seguridad nacional.

Los umbrales de escalada que podrían volver esta guerra incontrolable serían un alto número de bajas entre las filas estadounidenses, daños sostenidos a infraestructura energética, o episodios que disparen el pánico radiológico por la dimensión nuclear.

En cuanto a los riesgos en Europa, se han mencionado las bases estadounidenses en Rota y Morón como nodos logísticos plausibles, ya que han sido relevantes en crisis previas. Pero no hay verificación de si se han usado para el actual ataque.

El riesgo militar directo es muy improbable, aunque podrían existir ciberamenazas por ser aliado de Washington.

Dada la debilidad de la respuesta iraní, por ahora, el riesgo militar directo en España sigue siendo remoto, pero la exposición estratégica aumenta simplemente por albergar instalaciones estadounidenses en territorio de un miembro de la OTAN.

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