Las Administraciones Públicas no están aprovechando la coyuntura favorable de la economía para reducir la deuda pública, que alcanzó en junio un récord de 1,76 billones de euros, un 4,2% más que un año antes.
Por Administraciones es el Gobierno quien menos está haciendo por la mejora del pasivo público, seguida por las comunidades autónomas, que vieron crecer su deuda un 3,6%. Solo los ayuntamientos consiguieron aplicar un mayor rigor y reducir en ese mismo periodo el 8,1% su endeudamiento.
España ha conseguido reducir del 103,4% al 101,5% el porcentaje de deuda sobre el PIB, pero sigue siendo, junto a Grecia, Italia, Francia y Bélgica, uno de los países europeos cuya ratio de endeudamiento se mantiene peligrosamente por encima del 100% del PIB.
El incremento de los ingresos tributarios, derivado en buena medida de la no deflactación del IRPF, no ha sido aprovechado por el Gobierno para avanzar en la consolidación fiscal y reducir sensiblemente los niveles de deuda de España, manteniendo el país entre los peores, muy lejos de la media de la Unión Europea, que se sitúa en torno al 82%.
Este nivel de deuda sigue colocando España como un país vulnerable ante cualquier perturbación de los mercados, bien sea una subida de los tipos de interés, una desaceleración del crecimiento o un shock fiscal.
La mejora del porcentaje de deuda sobre el PIB no deja de ser un espejismo endeble porque se sustenta en el aumento del peso de la economía derivado de la mayor población y no en una mejora de la productividad como sería deseable. Se está perdiendo una oportunidad única.
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