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El Índice de Riqueza de las Naciones confirma que a pesar de tener un gasto público récord, el retorno para los ciudadanos en servicios y prosperidad se reduce desde el año 2021.
Desde que llegó al Gobierno en el año 2018, Pedro Sánchez ha defendido la necesidad de aumentar el gasto público de nuestro país para equipararnos con la mayoría de los países europeos y mejorar el Estado de Bienestar. De acuerdo a las estadísticas de la OCDE, hoy el gasto de todas las administraciones públicas en España supone el 45,3% del PIB, más de tres puntos por encima del que se registraba cuando el PSOE regresó al poder. Un incremento que se ha conseguido a base de disparar la carga tributaria sobre trabajadores y empresas, también en tasas récord: el 36,7% del PIB, tras crecer también tres puntos porcentuales desde 2018. Una subida que triplica la media de los países de la OCDE. Por eso, la pregunta pertinente es cuál es el retorno para los ciudadanos de ese mayor gasto del Estado.
Pues, paradójicamente, se ha ido reduciendo desde el año 2021 conforme aumentaba el gasto público total. Así lo indica el Índice de Riqueza de las Naciones elaborado por el Warsaw Enterprise Institute (WEI) en colaboración con otros think tanks de cada uno de los países estudiados. En el caso de España, la Fundación para el Avance de la Libertad. La economía española ocupa el puesto 22 de 40 por bienestar entre las naciones más desarrolladas, al perder dos posiciones en una década. El retroceso se explica por la composición del gasto público en nuestro país. A diferencia del PIB, que agrega cualquier desembolso sin distinguir su retorno social, este índice tiene en cuenta las partidas presupuestarias que conllevan una mejora real de la prosperidad: defensa, seguridad interior, infraestructuras, medio ambiente, sanidad, educación escolar y educación superior. En base a estos componentes mide la calidad del gasto público, que durante los últimos cinco años se ha deteriorado, pasando de 0,80 puntos en el año 2021 -gracias a las ayudas frente a las consecuencias de la pandemia- hasta 0,76 puntos. Y podría ser aún más bajo si no se hubieran incrementado las inversiones en defensa y seguridad, que compensan en gran medida los retrocesos en otras áreas clave.
Deterioro de la sanidad
La evolución del gasto público en España refleja las verdaderas prioridades del Ejecutivo de PSOE y Sumar más allá de los mensajes propagandísticos. También las partidas de inversión pública que pierden relevancia o son minusvaloradas. Entre éstas destacan sanidad, que presenta la menor puntuación y apenas han mejorado en una década debido al deterioro del servicio percibido por los usuarios (como se refleja en las crecientes listas de espera) pese a representar un 20% del gasto total, y educación. En esta materia crítica para el futuro de cualquier sociedad, los autores del índice alertan de un "alarmante" deterioro del gasto en educación escolar, en el que nuestro país retrocede con fuerza desde el año 2015, una marcha que relacionan con los peores resultados obtenidos en el informe PISA, que mide los niveles de conocimientos que adquieren los alumnos de enseñanza básica obligatoria, así como con el creciente porcentaje de población en edad escolar que ni estudia ni trabaja: un 16,6%, cuatro puntos por encima de la media de la OCDE.
En cambio, tanto la educación universitaria como las infraestructuras mantiene niveles aceptables de calidad del gasto ejecutado frente a otras economías desarrolladas. En el primer caso gracias a la iniciativa privada, que el Gobierno trata de frenar con iniciativas como el endurecimiento de los requisitos para la puesta en marcha de nuevos centros y exigencias inasumibles para los ya existentes. En el segundo, gracias al maná de los fondos NextGeneration de la UE, que han permitido disparar la inversión sin que apenas haya repercutido en las finanzas públicas. Aunque la puntuación de España en este apartado ha retrocedido ligeramente respecto a 2015, se mantiene en las primeras posiciones de las economías desarrolladas gracias a la capilaridad de la red 5G y las conexiones ferroviarias de alta velocidad pese a los fallos aflorados en el mantenimiento de las vías.
A nivel global, Estados Unidos, Noruega y Suiza sobresalen como las economías en las con mejor calidad del gasto público medido por el retorno para sus respectivos habitantes, mientras que Rumanía, Croacia, Bulgaria y Grecia destacan como los países que más han avanzado en la última década.
La asfixia fiscal 'congela' la contribución del sector privado
Para medir la riqueza de las naciones es necesario analizar también las aportaciones del sector privado. Este índice lo hace de acuerdo al consumo y la inversión realizada por empresas y particulares. En el caso de la economía española, la asfixiante carga tributaria impuesta por PSOE y Sumar sobre el tejido productivo después de la pandemia para recaudar los recursos necesarios para financiar las políticas de despilfarro y reparto de subsidios han provocado una "congelación" de la contribución privada a la riqueza nacional. El informe advierte de que los fondos europeos no pueden sustituir una verdadera acumulación de capital doméstico. La economía privada per cápita se sitúa en 29.481 dólares internacionales de 2021, lo que coloca a España en el puesto 23 sobre un total de 44, superada por países como Rumanía, Eslovenia y Lituania debido a que la ratio entre inversión privada y consumo de los hogares apenas ha cambiado en una década. En Estados Unidos, la aportación privada a la riqueza nacional más que duplica el nivel alcanzado por España.
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