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La 'pax británica'

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Dos crímenes en Southampton y Belfast fueron utilizados por la extrema derecha para alentar disturbios xenófobos y teñir de rabia un debate sobre la inmigración que debe ser sereno y constructivo si de verdad busca aportar soluciones
La 'pax británica'

Dos crímenes en Southampton y Belfast fueron utilizados por la extrema derecha para alentar disturbios xenófobos y teñir de rabia un debate sobre la inmigración que debe ser sereno y constructivo si de verdad busca aportar soluciones

Regala esta noticia Añádenos en Google Restos de los recientes disturbios en las calles de Belfast. (Afp)

David Mathieson

21/06/2026 a las 00:06h.

En la primavera de 1968 el carismático político conservador Enoch Powell pronunció uno de los discursos más infames de la historia reciente de la política ... británica. Citando una obra clásica del poeta romano Virgilio, Powell predijo que la inmigración masiva a Reino Unido provocaría violencia intercomunitaria de proporciones épicas. «Miro hacia el futuro con gran temor -dijo Powell-, como el romano, me parece ver el río Tíber espumeando con mucha sangre».

Sin embargo, en las últimas semanas, algunos de los herederos políticos de Powell, de la extrema derecha británica, se han aferrado a dos brutales agresiones como prueba de que él tenía razón. En ambos casos los hechos son muy complejos, pero según su análisis xenófobo, la conclusión es simple: la buena convivencia en una sociedad multicultural es imposible y el conflicto callejero es inevitable.

El primer caso, el 3 de diciembre de 2025, fue un altercado nocturno entre dos jóvenes en la ciudad de Southampton, en el sur de Inglaterra, que fue denunciado a la policía. Un británico de origen indio y religión sij llamado Vickrum Digwa, de 21 años, afirmó ser víctima de una agresión callejera perpetrada por un estudiante universitario blanco de 18 años llamado Henry Nowak. En la confusión y la oscuridad, los agentes arrestaron a Nowak, pero fue un error fatal.

En realidad, Digwa había sido el agresor. Nowak fue la víctima y, gravemente herido, murió en cuestión de minutos. Un vídeo en el que se veía a los policías hablando tranquilamente con Digwa mientras Nowak yacía en el suelo, esposado y agonizando, dio pie a la opinión de que la policía estaba más interesada en ser políticamente correcta que en investigar los hechos. El atacante fue condenado el pasado día 2 a cadena perpetua

Pocos días después, los medios de comunicación publicaron titulares sensacionalistas sobre otro brutal ataque en Belfast, la capital de Irlanda del Norte, donde un refugiado sudanés apuñaló repetidamente a un hombre blanco en la cara mientras gritaba consignas en árabe.

Además de la brutalidad, ambos incidentes tenían una característica muy importante en común: fueron grabados en vídeo, se viralizaron en las redes sociales y fueron difundidos rápidamente, en concreto a través de canales de la extrema derecha. Las familias de ambas víctimas hicieron llamamientos públicos para que las agresiones no se utilizaran como excusa para la violencia racista. Pero sus súplicas fueron en vano.

En Southampton estallaron escenas de violencia cuando una multitud de alrededor de un millar de manifestantes rodeó una comisaría. En Belfast, los disturbios se prolongaron durante dos días. Se incendiaron casas y coches, mientras que extranjeros -de todas las religiones y sin ninguna- temían por su seguridad. En cierto modo, la violencia era similar a la que asoló la capital norirlandesa entre católicos y protestantes en las décadas de 1970 y 1980, durante los años de 'The Troubles'. Para muchos observadores, la brutalidad evocaba un precedente aún más escalofriante: los pogromos en la Alemania nazi. Sin embargo, una diferencia crucial entre aquella época y la actual reside en el poder de las redes sociales, tanto por la velocidad de transmisión como por aquellos que las controlan.

Las voces de las familias de las víctimas llamando a la calma fueron sepultadas por el dominio de Elon Musk y el ultra Nigel Farageen las redes sociales

Las voces de quienes llamaban a la calma, como las de las familias de las víctimas, han sido silenciadas por otras con mayor riqueza, poder y acceso a las redes sociales. En Gran Bretaña, el líder ultraderechista y diputado Nigel Farage publicó un vídeo en el que sugería que la respuesta a la muerte del estudiante debería ser de «rabia, pura y fría». El magnate Elon Musk, propietario de la red X, intervino para publicar un mensaje en su plataforma sobre los sucesos de Southampton con una sola palabra: «rabia».

Y, también en X, el vicepresidente de Estados Unidos, JD Vance, insistió en que Nowak «murió de la misma manera que muere una civilización» y en que el joven estudiante seguiría vivo si las élites europeas no hubieran permitido una «invasión masiva de inmigrantes». La hipocresía de Vance es asombrosa. La historia moderna de Estados Unidos es la de un país construido por inmigrantes. Y según los últimos datos oficiales, en 2024 en el territorio estadounidense 44.447 ciudadanos murieron por lesiones, suicidio u homicidio relacionados con armas de fuego; un fallecimiento de este tipo cada doce minutos.

Después de celebrarse una elección parcial esta semana, el muy popular alcalde de Manchester, el laborista Andy Burnham, regresará a Westminster como diputado en la Cámara de los Comunes. Burnham llevó a cabo una campaña ejemplar y ha ganado su escaño con una mayoría aplastante sobre los partidos de extrema derecha. Si, como muchos esperan, se convierte en el próximo primer ministro, Burnham deberá demostrar sus habilidades políticas para derrotar la estrategia xenófoba a nivel nacional también.

Desde Southampton hasta Belfast, muchos votantes expresan su legítima preocupación por los niveles de inmigración. El debate sobre el ritmo del cambio, la desestabilización económica y la capacidad de adaptación de las comunidades plantea cuestiones importantes, evidentes en toda Europa, tanto en España como en otros países de la UE. Pero la violencia desatada en Reino Unido demuestra que el análisis tiene que ser sereno y constructivo. Los discursos sobre ríos de sangre o el aliento de una ira pura y fría y son de un populismo vacío que en nada contribuye ni a la convivencia ni a soluciones duraderas.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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