La Tribuna
La paz con Irán y los límites del imperioLa decisión de llegar a este Acuerdo supone un claro giro histórico en la política norteamericana de las últimas décadas
Regala esta noticia Añádenos en GoogleDiego Núñez
Catedrático jubilado de Filosofía
14/07/2026 a las 02:00h.La idea de invadir Irán dentro de la Administración norteamericana viene de lejos. Es casi medio siglo de conflictos entre Estados Unidos e Irán a ... los que este Acuerdo de Paz trata de poner fin. El momento es de una importancia histórica capital. Hagamos un poco de memoria. En 1991, se instaló en el poder en Washington una corriente política, la de los neoconservadores, que va a defender un mundo unipolar y la hegemonía estadounidense dentro de él. Será Zbigniew Brzezinski quien en 1997 va a reflejar de manera clara y brillante esta ideología en su libro 'El gran tablero mundial. La supremacía estadounidense y sus imperativos geoestratégicos' (Madrid, 1998). Esta obra tuvo un extraordinario influjo en el diseño de la política exterior norteamericana. Brzezinski enfatizó el papel geopolítico de la vieja Persia como puerta de entrada a lo que el geógrafo británico Mckinder denominaba el Heartland, el corazón eurásico del planeta. En los años 80, Brzezinski recomendó insistentemente a Sadam Husein que invadiera Irán con el señuelo de que Estados Unidos daría el visto bueno a su eventual ocupación del suroeste del país iraní. Irán estuvo siempre en el foco de atención de la geopolítica neoconservadora.
El Documento de Estrategia de Seguridad Nacional de los Estados Unidos, publicado el 7 de diciembre de 2025, frente a los desvaríos hegemónicos de los neoconservadores, que iban de fracaso en fracaso, explicitó la intención básica de la nueva Administración: salvar la República frente al Imperio. Esta era ni más ni menos la postura de los padres fundadores de la nación. No más guerras que no benefician en nada a los intereses nacionales; no más endeudamiento alocado; no provocar más muerte y destrucción en el mundo. Es éste el motivo primordial por el que una gran cantidad de norteamericanos votó a Donald Trump. Rusia y China tomaron buena nota del mensaje, y, con diversos contactos y viajes de por medio, acordaron un nuevo concepto, el de estabilidad geoestratégica, con el objetivo de evitar una nueva guerra mundial. Mientras tanto, los líderes europeos (Merz, Macron, Stammer) daban la impresión de que este nuevo ordenamiento mundial no iba con ellos.
Por fin, parece que la Administración Trump da la espalda a los neoconservadores, incluso teniendo en sus filas a alguno de ellos
Pero, como suele ocurrir en la Historia, este loable propósito encontró enseguida obstáculos en su andadura. En este caso, se unieron los intereses del complejo militar-industrial a los del lobby sionista, siempre espoleado por el Estado de Israel. Del primero ya dijo Eisenhower en su discurso de despedida de la Casa Blanca que estaba poniendo en peligro las bases de la democracia americana. Por otra parte, el poder de los grupos sionistas en Estados Unidos es inmenso, incluso llegan ya al extremo de jactarse en público de que ofrece ayudas económicas a casi el 90% de los congresistas a través de la AIPAC (lobby proisraelí). El objetivo último de estos grupos consiste en que la política exterior de Estados Unidos en el Oriente Próximo no la dirija el Departamento de Estado, sino el Estado de Israel, como de hecho estaba ocurriendo. Tras conocerse la firma de los Acuerdos con Irán, han puesto en marcha todas sus terminales mediáticas dentro del país, que son muchas, para torpedear los intentos de paz en la región.
Ya antes habían conseguido de Trump, sabedores de su personalidad voluble, la orden de invasión de Irán mediante el falseamiento de la realidad iraní, a pesar de que los principales cargos de su equipo, como el director de la CIA, el jefe del Ejército o el mismo vicepresidente Vance, le hicieron saber que «no era una buena idea», sobre todo, porque era una guerra que no se podía ganar. Pero a estos políticos neoconservadores y a estos lobbys sionistas, tanto dentro como fuera de Israel, parece importarles poco los problemas internos en Estados Unidos, o el tremendo daño que esta guerra estaba causando a escala mundial. Por no hablar de un personaje como Netanyahu, eterno partidario de la guerra permanente, que trata de superar su frustración bombardeando el Líbano sin freno alguno.
Por eso, la decisión de llegar a este Acuerdo supone un claro giro histórico en la política norteamericana de las últimas décadas. Del criterio geopolítico hegemónico se ha pasado a otro de corte realista. Ha sido desgraciadamente precisa esta guerra absurda e inútil para que Estados Unidos se dé cuenta de que ya no puede controlar el Próximo Oriente de manera hegemónica. Las mentes más lúcidas del país están asumiendo el hecho de que el poder americano tiene ahora unos límites que no conviene sobrepasar. No se puede seguir perdiendo guerras, como en Irak, Afganistán, Libia, o ahora en Irán, a un alto coste humano y económico, mientras la situación interna del país se deteriora a un ritmo acelerado. Por fin, parece que la Administración Trump da la espalda a los neoconservadores, incluso teniendo en sus filas a alguno de ellos, como el Secretario de Guerra Pete Hegseht. Ojalá el Acuerdo de Paz prospere frente a las probables maniobras de los saboteadores.
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