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La performance de la lectura

La performance de la lectura
Artículo Completo 644 palabras
Hay un momento de debilidad en el que uno ve un taller de cerámica y se para, entre la curiosidad y el deseo y la vergüenza y el ya me da igual todo, pero necesito hacer algo. Es por momentos así –la soledad, la vida es larga, me he aburrido de beber, el crossfit no es lo mío, la filmoteca tampoco– que aún existen los torneros y los profesores de escritura, y es por ellos que ahora en Madrid uno puede acabar en una reading party si se despista, y es tan fácil despistarse en la vida moderna. La próxima será el día del libro en Matadero. El anuncio me descolocó. Decía: habrá DJ. Decía: un divulgador cultural animará a los asistentes a compartir lecturas. Decía: trae un libro. Decía: todos los libros son bienvenidos. Decía: los libros son indispensables para el acceso al recinto. Decía: es gratis. No decía trae tu boina. Esto me decepcionó. Al poco, en X, me encontré con otra cosa: «Pagar mil dólares para leer en silencio podría sonar extraño, pero a medida que BookTok crece y el agotamiento se profundiza, los retiros de lectura están despegando». El condicional me pareció genial, digno de un mad men, y acabé leyendo el reportaje de 'Bloomberg'. «Aunque teníamos la opción de hacer senderismo a lo largo de la costa, asistir a talleres de diario, sumergirnos en la sauna o charlar junto al fuego, nuestra agenda oficial para el fin de semana era leer», contaba la periodista, con su prosa de ocio y tiempo libre (o tiempo libro, más bien).A estos saraos de la lectura, supongo, no se va tanto a leer como a ser visto leyendo: es la performance de la lectura, es la lógica de Instagram transplantada a la vida real, es un negocio similar al de esos retoques faciales que te dejan la cara igual que un filtro. Todo esto, claro, es una excusa para conocer a alguien, otro eufemismo muy nuestro. Estamos muy solos y Tinder aburre, así que hay mucha gente a la que no le gusta leer intentando leer, porque ahora es tan sofisticado como ir al psicoanalista, es cool. Al que lee se le supone un interés, una conversación, un entretenimiento, pero eso es mucho suponer: hay catedráticos de literatura aburridísimos, y los nazis también leían.En fin. Me acuerdo de una entrevista con Coixet. Me dijo: «Asistimos a una apropiación pseudomuseística de la literatura. Pienso en todos estos tiktokers de libros, en los book influencers, en los clubs de lectura».—Y hay quien hace fiestas de la lectura: quedan para leer en comunidad. ¿Qué te parece?—Bueno, también hay gente que queda para tomar ayahuasca.

Hay un momento de debilidad en el que uno ve un taller de cerámica y se para, entre la curiosidad y el deseo y la vergüenza y el ya me da igual todo, pero necesito hacer algo. Es por momentos así –la soledad, la vida ... es larga, me he aburrido de beber, el crossfit no es lo mío, la filmoteca tampoco– que aún existen los torneros y los profesores de escritura, y es por ellos que ahora en Madrid uno puede acabar en una reading party si se despista, y es tan fácil despistarse en la vida moderna. La próxima será el día del libro en Matadero. El anuncio me descolocó. Decía: habrá DJ. Decía: un divulgador cultural animará a los asistentes a compartir lecturas. Decía: trae un libro. Decía: todos los libros son bienvenidos. Decía: los libros son indispensables para el acceso al recinto. Decía: es gratis. No decía trae tu boina. Esto me decepcionó.

Al poco, en X, me encontré con otra cosa: «Pagar mil dólares para leer en silencio podría sonar extraño, pero a medida que BookTok crece y el agotamiento se profundiza, los retiros de lectura están despegando». El condicional me pareció genial, digno de un mad men, y acabé leyendo el reportaje de 'Bloomberg'. «Aunque teníamos la opción de hacer senderismo a lo largo de la costa, asistir a talleres de diario, sumergirnos en la sauna o charlar junto al fuego, nuestra agenda oficial para el fin de semana era leer», contaba la periodista, con su prosa de ocio y tiempo libre (o tiempo libro, más bien).

A estos saraos de la lectura, supongo, no se va tanto a leer como a ser visto leyendo: es la performance de la lectura, es la lógica de Instagram transplantada a la vida real, es un negocio similar al de esos retoques faciales que te dejan la cara igual que un filtro.

Todo esto, claro, es una excusa para conocer a alguien, otro eufemismo muy nuestro. Estamos muy solos y Tinder aburre, así que hay mucha gente a la que no le gusta leer intentando leer, porque ahora es tan sofisticado como ir al psicoanalista, es cool. Al que lee se le supone un interés, una conversación, un entretenimiento, pero eso es mucho suponer: hay catedráticos de literatura aburridísimos, y los nazis también leían.

En fin. Me acuerdo de una entrevista con Coixet. Me dijo: «Asistimos a una apropiación pseudomuseística de la literatura. Pienso en todos estos tiktokers de libros, en los book influencers, en los clubs de lectura».

—Y hay quien hace fiestas de la lectura: quedan para leer en comunidad. ¿Qué te parece?

—Bueno, también hay gente que queda para tomar ayahuasca.

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Fuente original: Leer en ABC - Cultura
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