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La persistente escasez de mujeres que sostienen económicamente a sus familias

La persistente escasez de mujeres que sostienen económicamente a sus familias
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Las esposas que ganan más que sus maridos siguen siendo una rareza en Estados Unidos
La persistente escasez de mujeres que sostienen económicamente a sus familias

Las esposas que ganan más que sus maridos siguen siendo una rareza en Estados Unidos

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The Economist

22/07/2026 a las 01:27h.

A lo largo de su carrera, Taylor Swift ha acumulado numerosas facetas: cantautora, artista, magnate del pop, icono de la generación millennial y amante de ... los gatos. Su boda, celebrada este mes con Travis Kelce, jugador de fútbol americano, añadió una más a esa lista: la de esposa. También le otorgó otro papel, menos convencional: el de principal sostén económico del hogar. Kelce gana alrededor de 50 millones de dólares al año gracias a su salario en la NFL, sus contratos de patrocinio y sus pódcasts. Sin embargo, en 2025 habría aportado apenas una quinta parte de los ingresos del hogar de los Swift-Kelce.

Sobre el papel, el apoyo a que las mujeres sean el principal sostén económico del hogar es amplio en Estados Unidos. Cuando, en 2022, se preguntó a los estadounidenses si el hecho de que una mujer ganara más dinero que su marido era algo que «casi con toda seguridad causaría problemas», únicamente el 10 % respondió afirmativamente. La cifra equivalente era del 16% en Alemania y del 27% en China (véase el gráfico 1).

En la práctica, sin embargo, muchas parejas parecen sentirse incómodas con esa situación. En 2015, Marianne Bertrand, economista de la Booth School of Business de la Universidad de Chicago, y sus coautores observaron que la proporción de los ingresos familiares aportada por las esposas no seguía una distribución uniforme. Por el contrario, descendía de forma brusca en el momento en que las esposas empezaban a ganar más que sus maridos. En otras palabras, era más probable que las esposas declararan ingresos ligeramente inferiores a los de sus maridos que ligeramente superiores. Un estudio reciente realizado en Francia estima, además, que las parejas en las que las mujeres aportan alrededor de tres cuartas partes de los ingresos familiares tienen un 30% más de probabilidades de separarse que aquellas en las que ambos miembros obtienen ingresos similares.

La Dra. Bertrand y sus colegas sostuvieron que este patrón refleja, en parte, el deseo de ambos miembros de la pareja de ajustarse a las normas tradicionales de género, incluso a costa de obtener menores ingresos. Desde la publicación de ese trabajo, hace ya una década, varios economistas han cuestionado sus conclusiones. Argumentan que el «precipicio» observado en la proporción de ingresos aportados por las esposas no es más que una anomalía estadística provocada por las parejas que perciben ingresos idénticos, por ejemplo, porque trabajan en el mismo negocio familiar o desempeñan ocupaciones similares.

Para examinar esta cuestión, The Economist recopiló 17 años de datos correspondientes a parejas jóvenes activas obtenidos de la Encuesta sobre la Comunidad Estadounidense. El análisis muestra que, más de una década después, la participación de las mujeres en los ingresos familiares sigue reproduciendo el patrón identificado por la Dra. Bertrand, con una ruptura claramente visible en el umbral del 50% (véase el gráfico 2). Esa discontinuidad persiste incluso después de excluir del análisis a las parejas de trabajadores autónomos o a los cónyuges que desarrollan su actividad en el mismo sector o profesión.

Un coste psicológico

¿Por qué el comportamiento de las parejas parece contradecir las actitudes expresadas en las encuestas? Una posible explicación es que romper con la norma del hombre como principal sostén económico sigue teniendo un coste psicológico. Diversos estudios recientes realizados con parejas estadounidenses, suecas y australianas coinciden en que los maridos cuyos ingresos son inferiores a los de sus esposas declaran un peor estado de salud mental.

Basándose en el trabajo de Joanna Syrda, economista de la Universidad de Bath, The Economist analizó la relación entre la condición de principal sostén económico y la salud mental de los hombres utilizando datos del Estudio Panel de Dinámica de los Ingresos de Estados Unidos. El análisis revela que los hombres cuyas esposas o parejas aportan la mayor parte de los ingresos del hogar tienen aproximadamente una vez y media más probabilidades de declarar un «malestar psicológico grave», incluso después de controlar variables como la edad, el nivel educativo y los ingresos familiares. Entre los maridos cuyas esposas generan al menos el 70% de los ingresos del hogar, ese riesgo es aproximadamente dos veces y media mayor. Podría esperarse que la norma del hombre como sostén económico estuviera perdiendo fuerza. Sin embargo, al dividir la muestra en dos periodos (2001-2011 y 2013-2023), la relación apenas muestra variaciones. Los costes tampoco recaen exclusivamente sobre los maridos. Las investigaciones indican que las esposas que son el principal sostén económico tienden a mostrar un menor grado de satisfacción con su relación. Parte de la explicación podría encontrarse en que las mujeres con mayores ingresos siguen asumiendo gran parte del trabajo doméstico. La evidencia disponible muestra de forma sistemática que, incluso cuando trabajan fuera del hogar, las mujeres continúan realizando una proporción desmesurada de las tareas domésticas. «El trabajo familiar sigue recayendo predominantemente sobre los hombros de las mujeres, independientemente de si son el sostén económico o no», afirma la Dra. Heggeness. No obstante, esta explicación no aclara por qué los hombres también parecen sentirse menos satisfechos cuando son quienes menos ingresos aportan.

Todo apunta a que las esposas con ingresos superiores a los de sus maridos seguirán siendo una excepción

Muchas de las normas tradicionales que regían las relaciones sentimentales y el matrimonio han perdido fuerza. Hoy son pocas las parejas que consideran necesario casarse antes de mantener relaciones sexuales o de convivir. Sin embargo, otras costumbres han demostrado una notable resistencia, desde que sean los hombres quienes pidan matrimonio hasta que las esposas adopten el apellido de sus maridos. La prensa sensacionalista informa de que Swift tiene previsto adoptar legalmente el apellido de Kelce, aunque seguirá actuando bajo el nombre de Taylor Swift. Todo apunta a que las esposas con ingresos superiores a los de sus maridos seguirán siendo una excepción.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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