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La pesadilla de «ese señor» que vuelve a llevar a Rajoy a la Audiencia

La pesadilla de «ese señor» que vuelve a llevar a Rajoy a la Audiencia
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El expresidente define así a Bárcenas en una declaración que basculó entre la negación del extesorero, el «no lo recuerdo» y la bandera del 'todo fue legal'

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El expresidente Mariano Rajoy, en su declaración como testigo en el juicio por la 'trama Kitchen'. Efe La pesadilla de «ese señor» que vuelve a llevar a Rajoy a la Audiencia

El expresidente define así a Bárcenas en una declaración que basculó entre la negación del extesorero, el «no lo recuerdo» y la bandera del 'todo fue legal'

Lourdes Pérez

Jueves, 23 de abril 2026, 13:36

... como testigo ante un tribunal penal -nada más y nada menos que la Audiencia Nacional-, no imaginaba que la condena por el 'caso Gürtel' iba a terminar sentenciándolo a él, vía la exitosa moción de censura de Pedro Sánchez. A nadie le gusta que le echen de donde está si no quiere irse, pero la ya legendaria retranca política del dirigente gallego -cachaza, esa mezcla de parsimonia y desvergüenza, en definición de sus críticos- le ha permitido transitar del estado de máximo responsable del país a su oficio de registrador de la propiedad sin apenas ruido, siendo el 'jarrón chino' más discreto de todos los expresidentes y con solo algunas canas más en el mentón. Pero este jueves de abril madrileño recalentado como julio que enjuicia la 'operación Kitchen' para espiar a Luis Bárcenas – «ese señor»-, 'el Barbas' parecía más enfadado, más encapotado, con menos paciencia pontevedresa que la primera vez que tuvo que testificar ante el poder del Estado que controla los posibles desmanes de los demás.

Rajoy atesora, además del sentido del humor, otra valiosa virtud en el ejercicio de la vida y del poder: la memoria. Cualquier que le haya conocido puede percatarse de ello; y quienes lo conocen en la proximidad la califican de casi tan prodigiosa como para cautivar evocando ante sus interlocutores detalles personales. La contradicción ha pervivido durante décadas, porque tampoco ha habido un presidente al que se le haya colgado tanto la vitola de la indolencia; de pasar por la política sin mancharse; de no enterarse, en definitiva, de apenas nada relevante. Quienes trazan ese inexacto perfil no parecen reparar en que es, justamente, lo que puede hacer creíble que el expresidente no estuviera al cabo de la calle de la vidriosa contabilidad del PP ni de las maniobras para neutralizar a su engominado extesorero; ni de 'Gürtel' ni de 'Kitchen'. Pedro Sánchez, el «puto amo» para los suyos, tiene más difícil que le cuadre ese traje de que La Moncloa encapsula tanto como para desconocer las aguas subterráneas.

No hubo ninguna «operación política» contra Bárcenas, y la policial, destinada según el declarante a desentrañar sus andanzas y el dinero hurtado, fue del todo «legal». Una sentencia cristalina para salvaguardar a los suyos, singularmente al exministro Jorge Fernández Díaz, frente al olvido sobre cuándo vio por última vez al guardián de la contabilidad del PP; frente a expresiones – «no lo recuerdo», «ni la más remota idea», eso sería «disparatado»- que forman parte ya del acervo político-judicial del expresidente del Gobierno. Aunque cómo no acordarse -aquí sí asomó el Rajoy 'retranquero'- del celebérrimo 'Luis, sé fuerte' si aparecía en la prensa «todos los días durante 15 años». El Bárcenas del que dijo no temer que conserve de él ningún audio comprometedor porque ya lo habría sacado a relucir en los otros papeles -los de los periódicos- en los que se prodigó durante la traumática ruptura con el partido.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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