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La pesadilla y el acoso sexual a una agente de Policía en su embajada en África: "Hija de... a cuatro patas, así te pongo yo"

La pesadilla y el acoso sexual a una agente de Policía en su embajada en África: "Hija de... a cuatro patas, así te pongo yo"
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Los documentos de la causa, a los que ha accedido EL ESPAÑOL, desvelan el calvario al que fue sometida la agente en la delegación diplomática. Más información: Acoso sexual a una policía en una embajada: "Si no has quedado para follar te vienes con nosotros, es una orden"

Escrito de acusación contra los dos agresores. Diseño: Arte EE

España EXCLUSIVA La pesadilla y el acoso sexual a una agente de Policía en su embajada en África: "Hija de... a cuatro patas, así te pongo yo"

Los documentos de la causa, a los que ha accedido EL ESPAÑOL, desvelan el calvario al que fue sometida la agente en la delegación diplomática.

Más información: Acoso sexual a una policía en una embajada: "Si no has quedado para follar te vienes con nosotros, es una orden"

Publicada 28 febrero 2026 03:11h

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La pesadilla de Susana en la Policía Nacional comenzó en octubre de 2022. Apenas llevaba dos meses integrada en el equipo de seguridad en una embajada del norte de África cuando su jefe y uno de sus compañeros la sometieron, presuntamente, a numerosos episodios de acoso y agresión sexual.

"Hija de puta, a cuatro patas, así te pongo yo", le decía su superior, según queda reflejado en la denuncia. Ni siquiera fue lo más grave que tuvo que soportar.

Los episodios que de acoso hacia esta agente se agravaron durante los años 2023 y 2024. La situación llegó a tal extremo que sus compañeros, testigos presenciales de muchas de las situaciones "vejatorias", le aconsejaron que denunciara los hechos.

Esa fue la decisión que la víctima finalmente tomó. El caso se investiga en el Juzgado Central de Instrucción n.º 4 de la Audiencia Nacional.

Según la documentación de la causa, a la que ha podido acceder EL ESPAÑOL, el juez ya ha citado a las partes el próximo 24 de marzo a la audiencia preliminar, el paso previo a la apertura de juicio oral contra un subinspector y un policía por acosar sexualmente a una subordinada.

La Fiscalía pide para el subinspector que ejercía de jefe de seguridad de la embajada penas de hasta 9 años y seis meses de prisión por los delitos de agresión sexual, acoso laboral y lesiones. Para el otro agente, seis años de cárcel por los delitos de lesiones y acoso laboral.

Las conclusiones provisionales del Ministerio Público son tajantes y describen un clima terrorífico, "insoportable", de hostigamiento y cacería hacia esta agente.

Un episodio que, junto al escándalo de la agresión sexual cometida presuntamente por el DAO José Ángel González, expone un grave problema que no se está sabiendo atajar en el seno de la Policía Nacional.

Relato de los hechos en el escrito de acusación. EL ESPAÑOL

Los miembros del equipo al que pertenecía Susana (nombre ficticio escogido para preservar la intimidad de la policía) celebraban reuniones habituales al salir de trabajar. Especialmente los fines de semana. Al principio, la agente empezó a ser objeto de comentarios soeces por parte de dos de sus compañeros.

Pese a ello, no tuvo más remedio que seguir acudiendo a las reuniones sociales para no romper la unidad en el grupo. El calvario se acrecentaría después.

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El fiscal y el escrito de acusación del abogado de esta mujer, Marco Antonio Navarro (que es también letrado de la asociación Jupol), empiezan describiendo un episodio ocurrido durante los primeros meses del año 2023.

Era un día a las siete de la tarde. Parte de los miembros del grupo decidieron salir a tomar una copa, desde el complejo comunitario a un local en el que servían alcohol. Susana declinó la invitación. Al día siguiente ya había quedado.

Angustia y agobio

Al escucharla, uno de los presuntos acosadores le espetó: "¿Quién queda a esas horas un sábado? Si no has quedado para follar te vienes con nosotros. Es una orden, y si no, te haces pajas como todos en casa".

El 3 de febrero de 2023, la agente padeció uno de los peores episodios, según se describe en el escrito de la Fiscalía de la Audiencia Nacional.

Tras una comida de equipo, los policías empiezan una partida de dardos. Fue entonces cuando uno de los acusados comenzó a acercarse a la víctima "empujándola y sujetándola".

Ella "intentaba zafarse de él, tratando de evitar que la tocara o la rozara, diciéndole en más de una ocasión que cesara en su actitud". No lo consiguió.

En lugar de hacerle caso, su superior la agarró con firmeza por detrás "dejándola totalmente inmovilizada contra la pared, con los brazos estirados a lo largo de su cuerpo y apoyando su boca en su cuello, con su cuerpo estrechamente pegado al de la víctima".

La mujer llegó a pedir ayuda al otro acusado, que presenciaba los hechos. "Yo en temas de abusos no me meto, vosotros sabréis", le respondió.

Al final, Susana consiguió zafarse dándole una patada hacia atrás.

El fiscal describe cómo la agente en ese momento se quedó "en shock, sin capacidad de reacción, experimentando una angustia, agobio y desasosiego que le hizo adoptar una actitud de pasividad".

Acoso sexual a una policía en una embajada: "Si no has quedado para follar te vienes con nosotros, es una orden"

El agresor volvió luego a la carga cuando ella se sentó en una mesa apartada.

El jefe de seguridad se puso frente a ella, y empezó a meterse los dedos en la boca, al tiempo que le decía: "Cuando quieras te lo hago a ti… La pepitilla del coño se mete así o de otra manera... Que es fea pero con unos whiskys me la follo".

"Piojosa, vete de aquí"

Al mes siguiente, el día 3 de marzo, se produjo otro grave episodio mientras estaba sentada en una cafetería junto a diversos testigos. También se sentaron junto a ella los dos acusados. Uno de ellos comentó que la noche anterior habían estado en un prostíbulo.

Tras describir la situación le dijo a la víctima: "Cuando quieras te pongo a ti a cuatro patas y te veo las orejas, te hago una foto desde atrás, eso sí con tu móvil".

Al escuchar estas palabras, Susana se levantó para marcharse, pero su agresor le agarró por detrás, pegando su cuerpo al de ella, como ya había hecho el mes anterior. "Así te pongo yo", le soltó.

En ese momento, un miembro del equipo de seguridad se interpuso y separó al agresor de la víctima. El jefe montó en cólera, y empezó a insultar tanto al compañero como a la víctima: "Hija de puta, piojosa, vete de aquí".

A partir de entonces, Susana optó por aislarse, no acudir a las comidas, no coincidir con los dos acusados. Aun así continuaron hostigándola.

La llamaban "rata, topo, chivata". Llegarían incluso a enviarle una canción en el grupo de WhatsApp de todo el equipo titulada "rata de dos patas" cuando ella se negó a ir a una comida de grupo.

El "asedio" continuaría meses después, en mayo. El episodio, presenciado por testigos, fue de tal calibre que dio lugar a un informe de la Policía argelina que fue enviado al consejero de Interior, Comisario del Cuerpo Nacional de Policía.

Como consecuencia de este incidente, la División de Cooperación Internacional ordenó la apertura de una información reservada.

Según el abogado de la víctima, nada se supo de ese expediente de los acusados. Esta situación derivó en que el acoso a la agente se incrementara aún más, incluso por anécdotas banales.

Hechos como "aparecer una luz encendida en el puesto de trabajo en el que había estado el día anterior o porque alguien se había dejado una bolsa olvidada", señala la Fiscalía, eran suficiente para que continuaran con el acoso y las vejaciones.

Empezarían entonces a asignarle los puestos más incómodos con una periodicidad mayor a la del resto de sus compañeros, al tiempo que era apartada del trabajo en el edificio de la Embajada, arguyendo que ella allí "sólo trataba de hacer relaciones con quien no debía".

En enero de 2024, Susana se encontró fortuitamente a uno de los acusados en las escaleras del edificio en el que vivía todo el equipo de protección de la embajada.

El agresor se acercó a ella, apretando los puños, haciendo sonidos guturales, un episodio que le generó un estado de enorme temor.

Cuando ya no pudo más, tras haber sufrido durante más de un año esa pesadilla en forma de acoso laboral y sexual, Susana tomó la decisión de poner la situación en conocimiento de los superiores jerárquicos en España, a través de los canales habilitados al efecto.

Ambos serían poco después cesados de sus destinos por decisión de la Policía Nacional. El expediente que tienen abierto queda pendiente a que se resuelva el procedimiento penal.

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