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La población de la India pronto comenzará a disminuir, probablemente a un ritmo bastante acelerado

La población de la India pronto comenzará a disminuir, probablemente a un ritmo bastante acelerado
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Ni la pobreza generalizada, ni las elevadas tasas de matrimonio, ni la relativa juventud de las madres están sosteniendo la fecundidad
La población de la India pronto comenzará a disminuir, probablemente a un ritmo bastante acelerado

Ni la pobreza generalizada, ni las elevadas tasas de matrimonio, ni la relativa juventud de las madres están sosteniendo la fecundidad

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The Economist

15/06/2026 a las 00:03h.

En el extenso barrio marginal de Delhi donde vivía Parul Gayen en la década de 1970, había niños por todas partes. Por aquel entonces, no ... era raro que su madre tuviera cinco hermanos o que su abuelo tuviera diez. Swapan, el apuesto joven al que solía ver ir en bicicleta al trabajo y con quien más tarde se casó a los 16 años, tenía seis hermanos; el séptimo no sobrevivió a la infancia. Sin embargo, los tiempos han cambiado, afirma la señora Gayen, que ahora tiene 58 años y vive con Swapan en un piso cercano de un solo dormitorio. De los tres hijos adultos de la pareja, solo dos decidieron tener descendencia y ambos optaron por tener un único hijo. «Un hijo único se siente solo», comenta.

Aunque la población seguirá creciendo durante algún tiempo, a medida que la generación que hoy es infantil llegue a la edad de tener hijos, una futura contracción resulta inevitable, salvo que la tasa de fecundidad vuelva a superar 2,15. En la práctica, es probable que continúe disminuyendo, acelerando así la contracción demográfica que se avecina. En Delhi, por ejemplo, la tasa global de fecundidad ya se sitúa en 1,2.

La tristeza posparto

El mundo desarrollado y muchos países de renta media están inmersos en una creciente preocupación por el descenso de la fecundidad, la reducción de la población activa y la perspectiva de una disminución demográfica cada vez más pronunciada. Los políticos suelen recurrir tanto a incentivos como a presiones para animar a los padres y madres a tener más hijos, con escasos resultados. Ahora la India, que en otro tiempo fue motivo de preocupación por su crecimiento demográfico explosivo, se incorpora a ese mismo grupo. Los nuevos libros de texto escolares, cuya publicación está prevista para este verano, advertirán de los riesgos de no tener apenas hijos frente a tener demasiados. En mayo, Chandrababu Naidu, ministro principal de Andhra Pradesh, un estado del sur con unos 55 millones de habitantes, anunció una ayuda de 30 000 rupias (315 dólares) para las parejas que tengan un tercer hijo.

En 2019, el primer ministro Narendra Modi todavía advertía sobre una «explosión demográfica». Sin embargo, el enfoque del gobierno ha cambiado, afirma Sanjeev Sanyal, asesor de Modi. Actualmente, a las autoridades les preocupa que la India siga una trayectoria similar a la de China, cuya población lleva disminuyendo desde 2021. La fecundidad ha caído mucho más deprisa y a un nivel mucho más bajo de lo previsto, señala Neelkanth Mishra, economista jefe de Axis Bank. Tanto en Tamil Nadu, un estado con unos 77 millones de habitantes, como en Bengala Occidental, con cerca de 100 millones de personas, la tasa global de fecundidad es de 1,3, la misma que en Finlandia. La media de la India urbana se sitúa en 1,5. Durante mucho tiempo, los demógrafos pensaron que los estados pobres del norte retrasarían la transición demográfica del país, pero ahora parece que están convergiendo con las regiones más ricas y menos pobladas.

Algunas personas podrían considerar que una disminución de la población es una bendición. Después de todo, las infraestructuras de la India suelen parecer insuficientes —basta pensar en los viajeros hacinados en los trenes de cercanías de Bombay—. Sin embargo, la perspectiva de una India con menos niños tampoco resulta enteramente tranquilizadora: el país envejecería antes de alcanzar la prosperidad, dando lugar a una transición demográfica complicada y los efectos se extenderían por toda la sociedad, la economía y la política del país.

La extraordinaria fertilidad de las tierras indias y la relativa fiabilidad del monzón ayudan a explicar por qué el país ocupa apenas el 2,4 % de la superficie terrestre mundial, pero alberga al 18 % de la población del planeta. Su población recibió además otro impulso gracias a los avances médicos de finales del siglo XX: en 1950 una cuarta parte de los niños morían antes de cumplir los cinco años; en 2000 esa proporción se había reducido a una décima parte. La India experimentó esta transición de la mortalidad en una etapa inusualmente temprana de su desarrollo, cuando las tasas de natalidad seguían siendo muy elevadas, señala Sonalde Desai, de la Universidad de Maryland.

Esa combinación convirtió a la India en el ejemplo por excelencia para los alarmistas demográficos. Fue una visita a un barrio marginal «infernal» de Delhi en la década de 1960 la que inspiró a Paul Ehrlich, biólogo estadounidense, a escribir 'La explosión demográfica'. Advirtió que la batalla por alimentar a la humanidad estaba perdida y que la India estaba condenada a padecer hambre. Estaba completamente equivocado, pero ejerció una enorme influencia. La obra de Ehrlich inspiró una vergonzosa campaña en la década de 1970 para frenar el crecimiento demográfico, durante la cual el gobierno de Indira Gandhi esterilizó por la fuerza a unos diez millones de hombres.

Kerala, un estado del sur con 36 millones de habitantes y una tasa de fecundidad de 1,3, lleva décadas cerrando escuelas e importando mano de obra. Otras regiones están siguiendo el mismo camino

Los gobiernos posteriores, tanto los dirigidos por el Congreso Nacional Indio como los encabezados por los nacionalistas hindúes del Partido Popular Indio (BJP), han promovido en líneas generales políticas favorables a la planificación familiar y la libertad de elección reproductiva, afirma Poonam Muttreja, de Population Foundation of India, un think tank. Durante la década de 1990, el descenso de la fecundidad se aceleró a medida que más niñas accedían a la educación y el país prosperaba económicamente. Kerala, un estado del sur con 36 millones de habitantes y una tasa de fecundidad de 1,3, lleva décadas cerrando escuelas e importando mano de obra. Otras regiones están siguiendo el mismo camino.

La ONU sigue augurando que la población de la India continuará creciendo hasta la década de 2060 y que después comenzará a descender lentamente. Esa previsión se basa en una enorme suposición: que las tasas de fecundidad se estabilizarán desde ahora mismo. Sin embargo, solo existe un reducido número de países en los que la fecundidad ha caído y posteriormente se ha recuperado. «No hay nada natural ni inevitable en una tasa de dos», afirma el economista Dean Spears. «Todavía no hay señales de estabilización», añade Rukmini S., de Data for India, otro think tank.

Los demógrafos del Institute for Health Metrics and Evaluation (IHME) de la Universidad de Washington han elaborado una previsión que parece más plausible: muestra que la población de la India alcanzará su máximo dentro de 21 años, posteriormente disminuirá con la misma rapidez con la que creció y para finales de siglo el país tendría poco más de mil millones de habitantes, lo que supondría una reducción cercana a los 500 millones de personas —la ONU también publica escenarios de crecimiento alto y bajo; este último es similar—. Otro modelo, desarrollado por S. Irudaya Rajan, demógrafo indio, prevé que la población alcance su máximo en la década de 2050 —algo más tarde que en la estimación del IHME, pero mucho antes que en la de la ONU— antes de iniciar un rápido descenso.

Pocos expertos previeron esta evolución, por diversas razones, siendo una de ellas la escasez de datos: el último censo completo se realizó en 2011 y se está llevando a cabo una actualización, con retraso, pero la larga espera ha obligado a los demógrafos a recurrir a datos procedentes de otras encuestas, lo que podría haber ocultado la rapidez del descenso.

Otro factor que desconcierta a los demógrafos es la relativa pobreza de la India. Su PIB per cápita en paridad de poder adquisitivo era de apenas 7000 dólares en 2020, cuando la fecundidad descendió hasta la tasa de reemplazo, es decir, el nivel a partir del cual la población dejará de crecer a largo plazo. Esta cifra es considerablemente inferior a la de la mayoría de los países que han alcanzado ese umbral. «En el pasado, en las asignaturas de introducción a la demografía enseñábamos que los países alcanzaban un determinado nivel de renta per cápita, las mujeres accedían a la educación y se incorporaban al mercado laboral, y entonces la fecundidad descendía», afirma Jesús Fernández-Villaverde, de la Universidad de Pensilvania. Sin embargo, hoy la fecundidad también es baja en muchos países más pobres.

«En el pasado, en las asignaturas de introducción a la demografía enseñábamos que los países alcanzaban un determinado nivel de renta per cápita, las mujeres accedían a la educación y se incorporaban al mercado laboral, y entonces la fecundidad descendía»

Jesús Fernández-Villaverde

Profesor de la Universidad de Pensilvania

En cierto sentido, la trayectoria de la India refleja lo que los datos llevan tiempo mostrando: el factor más importante para la fecundidad es, con diferencia, que las niñas asistan a la escuela, sostiene Lant Pritchett, de la London School of Economics. Quienes reciben al menos cierto nivel de educación adquieren una mayor autonomía y, con el tiempo, ello conduce a tener menos hijos. El descenso de la fecundidad en la India refleja actualmente el aumento de la escolarización femenina registrado desde la década de 1990: cuando un país logra proporcionar educación a las niñas en una fase más temprana de su desarrollo, parece que la fecundidad también comienza a disminuir antes.

Sin embargo, la experiencia de la India también cuestiona algunas ideas preconcebidas sobre la fecundidad. Los sectores conservadores de los países occidentales suelen atribuir su descenso al debilitamiento del matrimonio y a la elevada participación femenina en el mercado laboral. Es cierto que muchas mujeres occidentales lamentan acabar teniendo menos hijos de los que habrían deseado, ya que las dificultades para conciliar la vida familiar y profesional —o para encontrar una pareja adecuada— hacen que retrasen la maternidad.

Esposas tradicionales, no madres tradicionales

Sin embargo, la India, donde más del 90 % de las mujeres se casan y solo el 33 % trabajan fuera de casa, también está experimentando una caída de la fecundidad. Aunque la maternidad se produce algo más tarde que en tiempos de la señora Gayen, la mujer india promedio sigue casándose a los 19 años y teniendo su primer hijo a los 21. En otras palabras, ni la edad ni la carrera profesional pueden considerarse factores responsables, al menos en el caso de la India. De hecho, aunque la fecundidad ha disminuido, las encuestas indican que las mujeres indias desearían tener todavía menos hijos: en muchos estados, la fecundidad deseada ronda los 1,5 hijos. La mayoría de las mujeres se esterilizan una vez que consideran completada su descendencia, lo que indica que no desean tener más hijos.

Para las mujeres de todo el país, tener menos hijos se ha convertido en una poderosa norma cultural. Una bendición tradicional en las bodas indias dice: «que seas madre de cien hijos». Sin embargo, la actitud de los padres y madres de la India actual puede compararse con una antigua historia del Mahabharata, la gran epopeya hindú. El sabio Agastya pregunta a su esposa Lopamudra si prefiere diez buenos hijos o un único hijo con el heroísmo combinado de diez. Lopamudra elige al superhijo.

Tres factores ayudan a explicar este cambio. El primero es la transformación de las aspiraciones de los padres y madres de la India. Un ejemplo representativo es el de Sanjini Raman, una madre de 42 años residente en Chennai. Explica que tanto su marido como ella tomaron una decisión clara: «todos nuestros recursos deben destinarse a uno, porque si son dos, se dividen». Enviar a su hija a un colegio privado y pagar clases particulares le cuesta alrededor de 350.000 rupias (3.650 dólares).

Los demógrafos denominan a este fenómeno la «disyuntiva entre cantidad y calidad», y constituye un tema recurrente en las conversaciones de muchas parejas indias. Raman afirma que la mayoría de los compañeros de clase de su hija proceden de familias con un único hijo, algo habitual en el sur de la India. La proporción de niños matriculados en centros educativos de pago pasó del 31,7% de 2015 al 38,8% en 2025. Esta tendencia no se limita a los estados más prósperos. Las encuestas realizadas en Bihar —uno de los estados más pobres de la India, con 130 millones de habitantes— y en Uttar Pradesh —el más poblado, con 240 millones de personas— sugieren que muchos padres y madres con pocos recursos optan por tener un solo hijo para poder costear al menos algunas clases particulares.

Un segundo factor que desalienta las familias numerosas es el declive de la tradición de vivir en hogares extensos. Todavía en 2001, aproximadamente la mitad de las familias indias residían en hogares multigeneracionales —abuelos y abuelas, padre y madre, hijos e hijas, tíos y tías y primos y primas— bajo un mismo techo. En la actualidad, según datos del gobierno, cerca del 70 % viven en familias nucleares, como consecuencia de la urbanización y de los cambios en el mercado laboral. Esta evolución incrementa la carga asociada al cuidado de los hijos y genera incentivos para limitar el tamaño de la familia. Sin embargo, la mayoría de los hombres indios no parecen haberlo asumido plenamente. «Mi marido a veces lava su propio plato», comenta Kavitha Kannan, agricultora y madre de dos hijos en Tamil Nadu.

Ojo al rosa

En el pasado, como sugiere la antigua bendición, existía otro factor importante: una marcada preferencia por los hijos varones que contribuía a mantener niveles más elevados de fecundidad, ya que muchas parejas seguían teniendo hijos hasta lograr tener un niño. Sin embargo, esa preferencia ha disminuido de forma drástica: los datos muestran que muchos padres y madres de la India consideran suficiente tener una hija.

En tercer lugar, aunque la educación y las estructuras familiares influyen en la mentalidad de los padres y madres, la cultura refuerza esas tendencias. Tener menos hijos se ha convertido en una aspiración, moldeada por los cambios tecnológicos y por un mayor acceso a la información. Un estudio reveló que la expansión de la televisión por cable en las aldeas durante la década de 2000 provocó una disminución del número de embarazos, algo que su autor atribuyó a las telenovelas que mostraban a mujeres urbanas de clase media con familias pequeñas.

Un estudio reveló que la expansión de la televisión por cable en las aldeas durante la década de 2000 provocó una disminución del número de embarazos

Es posible que los teléfonos inteligentes —cada vez más omnipresentes, incluso en las aldeas más pobres— estén produciendo un efecto multiplicador similar. Por el momento, existen pocas pruebas de que su expansión haya acelerado el descenso de la fecundidad. Sin embargo, es probable que contribuyan a difundir las normas culturales con mayor rapidez. En Nagepur, una localidad de Uttar Pradesh, las mujeres afirman que ven numerosos vídeos que muestran familias pequeñas y destacan las dificultades que afrontan los jóvenes para encontrar empleo. Rajan compara la baja fecundidad con un «contagio»: «lo que ocurre en Kerala termina llegando a Bihar», afirma.

Resulta indiscutible que todos estos factores ya están dando lugar a familias más pequeñas y allanando el camino hacia una contracción de la población. La única incógnita es hasta qué punto seguirá descendiendo la fecundidad. Algunos demógrafos sostienen que las sólidas normas sociales asociadas al matrimonio y la maternidad actuarán como un límite inferior que evitará que la India experimente una escasez de nacimientos tan extrema como la de Corea del Sur. Otros invierten el argumento y señalan que resulta sorprendente que la fecundidad ya haya caído tanto a pesar de la persistencia de esas normas. Especulan con que, en las próximas décadas, más mujeres indias decidirán no casarse ni tener hijos.

Incluso si la India no llega a parecerse a Corea del Sur, la velocidad de su transición demográfica tendrá consecuencias profundas. La más evidente es que el país envejecerá antes de enriquecerse. En Kerala, donde casi una quinta parte de la población supera los 60 años, el gobierno acaba de crear un departamento dedicado al envejecimiento. El estado dispone de la red de protección social más desarrollada de la India, pero aun así solo el 19,4% de la población activa está cubierta por algún tipo de plan de pensiones —frente al 12% a escala nacional—. Prepararse para el creciente número de personas mayores sigue pareciendo una tarea lejana.

12%

Población activa cubierta por algún plan de pensiones

En las regiones como Kerala, donde una quinta parte de la población supera los 60 años, la cifra aumenta hasta el 19,4%

Sin embargo, el debilitamiento de la familia extensa cuestiona la idea de que los hijos cuidarán de sus padres y madres durante la vejez. En el sur de la India, están surgiendo residencias para mayores al estilo de las existentes en los países desarrollados. En las zonas rurales, aparecen formas más sencillas de atención, centradas en actividades como el yoga y las charlas comunitarias. Sin embargo, las familias que no logran encontrar o costear atención adecuada, especialmente cuando se trata de enfermedades graves como la demencia, pueden verse obligadas a volver a convivir. También aumentan los casos de personas mayores abandonadas en grandes concentraciones multitudinarias, como el Kumbh Mela, una peregrinación hindú.

Las tensiones familiares se ven agravadas por otra tendencia: el aumento de la migración interna. Los estados del sur han dependido durante largo tiempo de trabajadores procedentes del norte y del este, especialmente en hoteles y restaurantes. Sin embargo, los flujos migratorios siguen creciendo para abastecer de mano de obra a fábricas, residencias de ancianos y otros sectores. En el centro de cuidados Athulya, en Chennai, capital de Tamil Nadu, el personal está integrado casi exclusivamente por mujeres jóvenes procedentes del estado de Odisha. La intensidad de la migración hará que un número creciente de personas mayores permanezca en sus pueblos de origen. Algunos padres y madres afligidos ya recurren a las redes sociales para reprochar a sus hijos su ausencia.

Una transición demográfica más acelerada implica que la proporción de la población india en edad de trabajar podría alcanzar su máximo ya en 2030. La mano de obra del país aún puede seguir creciendo a pesar del envejecimiento de la población, puesto que muchas personas en edad laboral se encuentran subempleadas. A largo plazo, sostiene Mishra, de Axis Bank, la economía deberá aprovechar mucho mejor el potencial de las mujeres.

Las preocupaciones demográficas ya impregnan la política. Al BJP de Modi le gusta alimentar el temor de que los hindúes —alrededor del 80% de la población— acaben siendo superados numéricamente por los musulmanes —en torno al 15%—. Aunque la fecundidad entre los musulmanes sigue siendo más elevada, también está disminuyendo con rapidez y la diferencia se explica principalmente por sus menores niveles de renta. Aun así, en febrero, Mohan Bhagwat, líder de la RSS, una enorme organización social nacionalista hindú, exhortó a los indios patriotas a tener tres hijos para contribuir a la «estabilización demográfica».

Por su parte, los estados del sur temen que Modi los «castigue» por sus bajas tasas de natalidad reduciendo su representación parlamentaria. También podrían surgir tensiones entre los migrantes internos y las regiones que los reciben. La mayoría de los dirigentes políticos del sur reconoce que los migrantes impulsan la economía, pero existen algunas quejas sobre la llegada de personas que no hablan la lengua local. Resulta fácil imaginar que la brecha entre el norte y el sur se vuelva más conflictiva.

Por ahora, cabe esperar que dirigentes de todo el espectro político promuevan medidas destinadas a fomentar la natalidad, como ha hecho Naidu. Sin embargo, la experiencia internacional sugiere que ni los llamamientos ni los incentivos suelen dar resultado. La fecundidad parece estar determinada por fuerzas demasiado potentes para que los estados o los líderes religiosos puedan influir decisivamente en ellas. Rajan recuerda que la fecundidad en la India lleva setenta años descendiendo. Las probabilidades de un cambio brusco son reducidas.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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