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La política exterior debe ir al Congreso, no al cine ni a los mítines

La política exterior debe ir al Congreso, no al cine ni a los mítines
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La aguja de marearLa política exterior debe ir al Congreso, no al cine ni a los mítines
  • JAVIER AYUSO
5 MAR. 2026 - 00:40Pedro Sánchez con la actriz Susan Sarandon el sábado pasado en la gala de los Goya."Borja Puig de la Bellacasa" MONCLOAEXPANSION

La política exterior es un asunto de Estado y, como tal, debe discutirse en el Parlamento. Es lo normal en una democracia y lo que sucedía en España hasta que Pedro Sánchez optó por despreciar a las Cortes y actuar al margen de ellas. La decisión del Gobierno de no ceder las bases de Morón de la Frontera y de Rota para los aviones de repostaje norteamericanos con rumbo a la guerra de Irán puede ser la correcta, o no, pero en todo caso debería de haberse debatido en la sede de la soberanía popular y no lanzarla en la puerta de un cine, en la alfombra roja de los Goya o en los mítines electorales. No es la primera vez que sucede durante las dos últimas legislaturas y es un hecho gravísimo que demuestra que las decisiones del líder socialista están más relacionadas con la política interna que con la defensa de unos principios y valores que dice defender.

Hoy, nuestro país se encuentra en una complicada posición internacional, no solo con el presidente de Estados Unidos, sino también con nuestros aliados de la OTAN y de la Unión Europea. El presidente llevaba meses erigiéndose como el líder opositor mundial a las decisiones internacionales de Donald Trump y este fin de semana dio un paso más con su decisión unilateral de negar el apoyo a las aeronaves norteamericanas en suelo español. Un nuevo movimiento realizado al margen del resto de los líderes de la UE y que ha generado una respuesta airada y desproporcionada por parte de la Casa Blanca.

El líder republicano amenazó el martes con "cortar todo el comercio" con nuestro país, que considera un aliado "terrible". Una nueva salida de tono de Trump muy difícil de cumplir y que ha recibido la respuesta de Bruselas, porque los tratados comerciales los firma Estados Unidos con el conjunto de la UE y no con cada país de forma independiente. Desde La Moncloa se corroboró este hecho, afirmando que "si EEUU quiere cambiar la relación comercial, tendrá que respetar los acuerdos con la Unión Europea".

Tras las palabras intempestivas del líder republicano, en España y en toda Europa se esperaba una respuesta conciliadora por parte de nuestro gobierno. Sin embargo, Sánchez renunció a buscar la distensión y realizó ayer una declaración institucional (una vez más sin posibilidad de preguntas de los periodistas), auténticamente incendiaria, en la que volvió al viejo lema de la izquierda en 2003 al afirmar que "nuestra posición se resume en cuatro palabras: no a la guerra".

El presidente quiso contemporizar un poco con palabras críticas contra los ataques de Irán a una docena de países de la zona en respuesta a los bombardeos de Estados Unidos e Israel, pero se fue creciendo en su decidida actitud de enfrentamiento directo con la primera potencia mundial y socio estratégico natural de nuestro país. Y en un alarde de prepotencia, llegó a decir que "exigimos a Estados Unidos, Irán e Israel que paren". En los manuales de ciencia política se explica que hay que compaginar la defensa de los valores y principios, con una buena dosis de pragmatismo. Las consecuencias no se harán esperar y, sin duda, no serán nada halagüeñas para los españoles.

Tiene razón Sánchez cuando afirma que las intervenciones militares en Gaza, Venezuela e Irán se han saltado el derecho internacional y que no han contado ni con el apoyo de la OTAN, ni de Naciones Unidas, ni del propio Congreso de los Estados Unidos. Pero su respuesta agresiva e incluso provocadora no es propia de un líder con vocación atlantista y europea. Sobre todo, si él mismo ha cometido el mismo pecado de actuar a espaldas del Parlamento.

El ministro de Exteriores, José Manuel Albares, declaraba en días pasados en TVE que había una "abrumadora mayoría de los españoles que apoyan la decisión del Gobierno". Un nuevo brindis al sol de un personaje que se debe creer que el tonito pretencioso que utiliza le da la razón. Si estuvieran tan seguros de contar con el apoyo de la mayoría, hubieran llevado la decisión a sede parlamentaria para debatir la cuestión y votarla. Pero su extrema debilidad en las Cortes es lo que le impide cumplir con los valores democráticos respecto a la política exterior.

Mientras que Sumar y su vicepresidenta segunda del Gobierno, Yolanda Díaz, volvían a aplaudir una nueva decisión de su jefe, los aliados de Podemos consideraban insuficiente la declaración institucional de Sánchez y le reclamaban más acciones radicales; en concreto, el cierre de las bases militares de Estados Unidos en España y la salida de la OTAN. El PP y Vox se han opuesto frontalmente a la decisión oficial y han solicitado la presencia inmediata del presidente en el Congreso.

Nadie pone en duda que el presidente de Estados Unidos decidió hace tiempo romper la estabilidad y el orden mundial e imponer la ley del más fuerte. También es verdad que Trump actúa a impulsos y desprecia las leyes internacionales. Pero el gobierno español debería actuar de forma coordinada con nuestros socios europeos y, sobre todo, debatir en el órgano de la soberanía nacional las grandes decisiones sobre política exterior.

La agresividad expuesta ayer por Pedro Sánchez en una comparecencia pública lleva a pensar que, por encima de los principios y valores que razonablemente debe defender España, hay otra intencionalidad en su empeño en convertirse en el líder mundial de la oposición contra Donald Trump: el presidente está actuando en clave interna y sus mensajes van dirigidos a esos millones de socialistas que se han apuntado a la abstención desde hace años. En una campaña electoral eterna como sucede en nuestro país, suele ser eficaz buscar enemigos externos que movilicen a las bases.

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Fuente original: Leer en Expansión
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