Levantarse por las mañanas es, en ocasiones, el mayor esfuerzo que hace una persona, al abandonar el calor y la comodidad de su cama. Sobre todo, cuando fuera está lloviendo y hace frío. Sin embargo, la primera hora después de abrir los ojos marca el inicio de un día lleno de energía si se aprovecha bien.
Este momento natural del cuerpo supera a cualquier estímulo rápido. El cortisol se dispara, por lo que se convierte en la gasolina perfecta para hacer determinadas cosas que luego te van a dar pereza. Eso sí, no despertarte de la forma adecuada puede hacer que el resto del día vayas a rastras.
El pico matutino que activa el cuerpo. Tal y como explicaba el neurocientífico de Stanford Andrew Huberman en el podcast Modern Wisdom, "el pico de cortisol en la mañana es esencial. Si no se produce, el cuerpo responde con más estrés después y es difícil recuperar la calma en la tarde".
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De acuerdo al estudio llevado a cabo por un grupo de investigadores de las distintas universidades de Alemania, Reino Unido y EEUU, tu cuerpo funciona como un reloj bien afinado: desde la madrugada, el cortisol empieza a subir para alcanzar un determinado nivel que provoca que te despiertes. Investigadores de EEUU y México descubrieron que ese pico de cortisol se mantiene durante unos 45 minutos, en los que saca energía de los azúcares guardados en el hígado y pone el cerebro en modo alerta, listo para enfrentar lo que venga sin esa sensación de atontamiento mañanero.
Si aprovechas ese pico para estirar, caminar o hacer cualquier actividad física durante en ese rato, te resultará mucho más sencillo crear nuevos hábitos, porque la mente retiene mejor ese momento y lo asimila de forma positiva.
Potenciar el despertar. De acuerdo al experto, los niveles de cortisol en el momento de despertarse son incluso mayores que los que se registran cuando se viven situaciones de estrés. Sin embargo, en este contexto de despertar, es el comportamiento natural e incluso debe potenciarse porque ese pico es el que permite acumular la energía para el resto del día. "La rutina matutina de luz natural e hidratación prepara al cerebro y al cuerpo para el día", aseguraba Huberman.
Una de las recomendaciones del neurocientífico es exponerse lo máximo posible a la luz natural durante esa primera hora. Abre la ventana, sal al balcón o da un paseo corto. Esa exposición envía una señal al cerebro y lo prepara para abandonar el estado de somnolencia y comenzar su "modo diurno".
Además, el experto recomienda toma un buen vaso de agua para compensar las horas sin beber y rehidratar el organismo, para después iniciar algunos estiramientos suaves o caminar unos minutos. Huberman recomienda retrasar el primer café unos 90 minutos, ya que la cafeína puede interrumpir esa regulación natural de los niveles de cortisol.
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Alterar las rutinas de sueño no ayuda. Una investigación de la Universidad South Australia estudió el impacto de los cambios en los ciclos circadianos en los niveles de cortisol, encontrando evidencia de que los cambios en los horarios de sueño desajustaban los niveles de cortisol al despertar. Eso hacía que, o bien los participantes se despertaban a media noche o comieran a deshoras y que, cuando debían hacerlo, sus niveles de cortisol fueran insuficientes para sacar al cerebro de su estado de somnolencia, quedando desajustado ya durante toda la jornada.
Por lo tanto, mantener horarios de sueño regulares ayuda a que el organismo sepa cuándo ha llegado la hora de elevar los niveles de cortisol para iniciar la fase de despertar y preparar al cerebro para afrontar el resto del día.
Prepararse para dormir. De la misma forma que Huberman sugiere una determinada preparación para tener un despertar más eficiente, también recomienda tomar algunas medidas para afrontar el final del día. "Para las últimas horas, se debe hacer lo contrario: oscurecer el ambiente, evitar estimulantes y limitar la hidratación", explicaba el neurocientífico.
En ese sentido, el experto destacaba que la exposición a las pantallas altera ese patrón hormonal que hace que los niveles de cortisol deban estar bajos para permitirte conciliar el sueño e iniciar lo que denominaba el "máximo reinicio": conseguir una fase de sueño profundo en la que el cerebro elimina los residuos metabólicos que genera durante el día a través del sistema glinfático. "La respiración consciente y la visualización, como recorrer mentalmente un lugar muy conocido, son herramientas poderosas para calmar la mente antes de dormir", explicaba Huberman en su entrevista.
En Xataka | Unos neurocientíficos creen haber encontrado el truco para resolver los problemas más complicados: echarse una siesta
Imagen | Unsplash (Adrian Swancar)
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La noticia
La primera hora tras despertar es más valiosa que cualquier café potente: la clave no es dormir bien es despertarse correctamente
fue publicada originalmente en
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por
Rubén Andrés
.
La primera hora tras despertar es más valiosa que cualquier café potente: la clave no es dormir bien es despertarse correctamente
Caminar, estirar o hacer ejercicio ligero por la mañana refuerza el efecto del cortisol y condiciona el bienestar durante el resto del día
El cerebro asimila mejor ese momento y lo asocia con experiencias positivas y repetibles, lo que supone una ayuda para afianzar nuevos hábitos
Levantarse por las mañanas es, en ocasiones, el mayor esfuerzo que hace una persona, al abandonar el calor y la comodidad de su cama. Sobre todo, cuando fuera está lloviendo y hace frío. Sin embargo, la primera hora después de abrir los ojos marca el inicio de un día lleno de energía si se aprovecha bien.
Este momento natural del cuerpo supera a cualquier estímulo rápido. El cortisol se dispara, por lo que se convierte en la gasolina perfecta para hacer determinadas cosas que luego te van a dar pereza. Eso sí, no despertarte de la forma adecuada puede hacer que el resto del día vayas a rastras.
El pico matutino que activa el cuerpo. Tal y como explicaba el neurocientífico de Stanford Andrew Huberman en el podcast Modern Wisdom, "el pico de cortisol en la mañana es esencial. Si no se produce, el cuerpo responde con más estrés después y es difícil recuperar la calma en la tarde".
De acuerdo al estudio llevado a cabo por un grupo de investigadores de las distintas universidades de Alemania, Reino Unido y EEUU, tu cuerpo funciona como un reloj bien afinado: desde la madrugada, el cortisol empieza a subir para alcanzar un determinado nivel que provoca que te despiertes. Investigadores de EEUU y México descubrieron que ese pico de cortisol se mantiene durante unos 45 minutos, en los que saca energía de los azúcares guardados en el hígado y pone el cerebro en modo alerta, listo para enfrentar lo que venga sin esa sensación de atontamiento mañanero.
Si aprovechas ese pico para estirar, caminar o hacer cualquier actividad física durante en ese rato, te resultará mucho más sencillo crear nuevos hábitos, porque la mente retiene mejor ese momento y lo asimila de forma positiva.
Potenciar el despertar. De acuerdo al experto, los niveles de cortisol en el momento de despertarse son incluso mayores que los que se registran cuando se viven situaciones de estrés. Sin embargo, en este contexto de despertar, es el comportamiento natural e incluso debe potenciarse porque ese pico es el que permite acumular la energía para el resto del día. "La rutina matutina de luz natural e hidratación prepara al cerebro y al cuerpo para el día", aseguraba Huberman.
Una de las recomendaciones del neurocientífico es exponerse lo máximo posible a la luz natural durante esa primera hora. Abre la ventana, sal al balcón o da un paseo corto. Esa exposición envía una señal al cerebro y lo prepara para abandonar el estado de somnolencia y comenzar su "modo diurno".
Además, el experto recomienda toma un buen vaso de agua para compensar las horas sin beber y rehidratar el organismo, para después iniciar algunos estiramientos suaves o caminar unos minutos. Huberman recomienda retrasar el primer café unos 90 minutos, ya que la cafeína puede interrumpir esa regulación natural de los niveles de cortisol.
Alterar las rutinas de sueño no ayuda. Una investigación de la Universidad South Australia estudió el impacto de los cambios en los ciclos circadianos en los niveles de cortisol, encontrando evidencia de que los cambios en los horarios de sueño desajustaban los niveles de cortisol al despertar. Eso hacía que, o bien los participantes se despertaban a media noche o comieran a deshoras y que, cuando debían hacerlo, sus niveles de cortisol fueran insuficientes para sacar al cerebro de su estado de somnolencia, quedando desajustado ya durante toda la jornada.
Por lo tanto, mantener horarios de sueño regulares ayuda a que el organismo sepa cuándo ha llegado la hora de elevar los niveles de cortisol para iniciar la fase de despertar y preparar al cerebro para afrontar el resto del día.
Prepararse para dormir. De la misma forma que Huberman sugiere una determinada preparación para tener un despertar más eficiente, también recomienda tomar algunas medidas para afrontar el final del día. "Para las últimas horas, se debe hacer lo contrario: oscurecer el ambiente, evitar estimulantes y limitar la hidratación", explicaba el neurocientífico.
En ese sentido, el experto destacaba que la exposición a las pantallas altera ese patrón hormonal que hace que los niveles de cortisol deban estar bajos para permitirte conciliar el sueño e iniciar lo que denominaba el "máximo reinicio": conseguir una fase de sueño profundo en la que el cerebro elimina los residuos metabólicos que genera durante el día a través del sistema glinfático. "La respiración consciente y la visualización, como recorrer mentalmente un lugar muy conocido, son herramientas poderosas para calmar la mente antes de dormir", explicaba Huberman en su entrevista.