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La subinspectora posa de espaldas para este periódico en su despacho de la Comisaría de Torremolinos-Benalmádena. Marilú Báez 8M La primera mujer que cazó a los mafiosos más peligrosos de la Costa del SolCarmen Sevilla aterrizó en la Udyco de la Comisaría de Policía Nacional de Torremolinos-Benalmádena en los 90, con solo 27 años, convirtiéndose en pionera en la lucha contra el crimen organizado en Málaga
Domingo, 8 de marzo 2026, 00:53 | Actualizado 01:30h.
CompartirNo es cantante ni actriz, pero se llama Carmen Sevilla y es famosa en la Costa del Sol por ser el azote de las mafias más peligrosas. Pionera en la lucha contra el crimen organizado en el litoral malagueño, «la rubia» —como la conocen los 'malos'— aterrizó como policía en la Unidad de Drogas y Crimen Organizado (Udyco) de la Comisaría de Torremolinos-Benalmádena con tan solo 27 años. Ser la única mujer no le impidió perseguir su vocación de capturar a los criminales más buscados de todo el mundo ni escalar hasta lograr liderar la unidad.
No tenía familia en la Policía Nacional, pero «desde chiquitina» supo que ese era su cometido. Con veintipocos aprobó la oposición e ingresó en la academia de Ávila. La «mili» la hizo en un grupo de Policía Judicial de Tenerife: «A los tres días ya estaba tomándole declaración a un detenido». Después llegaron los homicidios, los escenarios de fuego cruzado y hasta la pérdida de un compañero a manos de un delincuente. Seis años más tarde, tras una oleada de tiroteos en la costa, se fundó un grupo de Udyco en la Comisaría de Torremolinos-Benalmádena y los jefes no dudaron en llamar a la agente Sevilla. Tenía ganas, ojo y, sobre todo, era «muy lanzada».
Trabajaban sin ordenadores y sin bases de datos en las que rastrear a los delincuentes para poder coordinarse con el resto de investigadores de la provincia. Los recursos ya han avanzado, pero los criminales siguen «muy por delante» en cuanto a medios, lamenta. «Las organizaciones se financian con el dinero de la droga, así que tienen todo el dinero del mundo» y no escatiman en armas (de guerra), munición, chalecos antibalas, walkie-talkies, inhibidores de frecuencia y hasta maletines con escudo balístico. La agente reconoce que intervienen artefactos que solo había visto antes en películas americanas.
El panorama del crimen organizado ha cambiado: la nueva generación de delincuentes enviada a la Costa del Sol para hacer negocios o resolver conflictos es más inexperta, incauta y violenta, explica la subinspectora. «Antes los delincuentes eran más profesionales, había ciertos códigos. Ahora es normal un revolcón o que se atrevan a disparar a la Policía; eso antes era impensable». Sevilla pone el foco en el fenómeno de los criminales suecos, ciudadanos inmigrantes de segunda y tercera generación radicalizados en Malmö, que han convertido la zona en un polvorín: «Son chavales muy jóvenes que por 1.000 o 2.000 euros se suben a un avión, siguen la rutina de su objetivo y lo zumban sin pestañear».
Aunque Dubái se ha instaurado en los últimos años como el centro de operaciones de las grandes organizaciones criminales por la facilidad para blanquear dinero, la subinspectora asegura que los mafiosos prefieren seguir coordinando el negocio de la marihuana desde «el huerto de Europa». Además, considera que son «unos nostálgicos de la buena vida y del microclima» de la Costa del Sol. «Esta es la única zona del mundo donde tenemos redes de todas las nacionalidades».
Una de las operaciones que ha marcado la carrera de la subinspectora y de su grupo ha sido la denominada 'Albaida'. Lo que empezó con una vigilancia a un francés buscado por delitos graves contra las personas en Marbella derivó en un seguimiento hasta una casa rural en Sevilla, concretamente en Marzalejo (un diseminado de Aznalcázar), donde accedieron cinco coches con las matrículas 'dobladas'. Ante el riesgo de que tuvieran a alguien secuestrado, Sevilla y su equipo rodearon la zona. «Nuestra consigna era que no saliera ningún vehículo». Tras una noche de guardia, con el Grupo de Operaciones Especiales de Seguridad (GOES) ya desplegado en el lugar y la autorización judicial, el grupo irrumpió en la finca.
«Nos encontramos con un auténtico arsenal de guerra. Los tíos empezaron a saltar por todos lados para tratar de escapar». Finalmente, la actuación se saldó con cuatro miembros de la banda detenidos —dos lograron escapar— y numerosas armas intervenidas; algunas, en un registro posterior en Marbella. Salió bien, pero la subinspectora confiesa que «si esa gente sale» y los «trinca en el pequeño KIA», los hubiera acribillado. Saben que cualquier imprevisto puede terminar en tragedia. Pero, su máxima, apunta, es proteger a los suyos.
El «peor momento» de su carrera lo vivió desde su casa, con el teléfono pegado a la oreja y con su hija al lado. Era 2021 y la subinspectora seguía en directo una persecución a una furgoneta cargada de hachís. Un coche 'lanzadera' embistió a uno de sus agentes: «¡Se ha matado, Carmen, se ha matado!», le radiaba otro de sus compañeros. El vehículo saltó la mediana de la autovía hacia Antequera y quedó boca arriba. «Rápido les pedí la dirección exacta y a mi hija que llamara al 112». Tras meses hospitalizado con heridas graves, el policía ha logrado recuperarse, pero el susto, confiesa, se queda para siempre. «Yo misma pasé tres meses sin poder mover un brazo por una contractura de estrés». El compañero que presenció el accidente tuvo que cambiar de unidad.
La conciliación
Natural de Granada, la subinspectora también habla de conciliación y de renuncia, en ocasiones, a la vida familiar. Y de la importancia de tener a un compañero que aúpe y supla las ausencias: «Yo prefería que pasaran las cosas los fines de semana porque tenía a mi marido en casa». En su camino profesional, explica, siempre hubo hombres a su lado para derribar muros. «Yo nunca sentí que me tomaran menos en serio o no me tuvieran en cuenta; quizás tuve mucha suerte». Por el contrario, relata un trato discriminatorio por parte de los criminales: «Se enfadan más si una mujer se dirige a ellos en una detención o en un registro. Con un jefe de grupo se rebelan menos».
El cuerpo reconoció el año pasado la trayectoria de Sevilla otorgándole la Cruz al Mérito Policial con distintivo rojo, una de las máximas distinciones, por su entrega y dedicación. A sus 57 años, con el afán y ahínco intactos, Sevilla no tiene fecha de retirada.
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