Si naciste entre principios de los 80 y mediados de los 90, es muy probable que ya hayas cruzado la barrera de los 30 años (o incluso de los 40) y sigas teniendo un mando en la mesa del salón. Tradicionalmente, la sociedad ha estigmatizado este hábito en la adultez, tachándolo de "síndrome de Peter Pan", inmadurez o incapacidad para asumir las responsabilidades de la vida real porque 'estar a jueguitos a los 30 no es normal'. Sin embargo, la ciencia y la sociología tienen una perspectiva radicalmente distinta: no es inmadurez, es pura resiliencia.
Una frustración. Estos estigmas que hay encima de la mesa, la verdad es que están muy instaurados (sobre todo entre los más mayores), pensando que los videojuegos son solo para los más jóvenes, pero la realidad es que un videojuego es una obra creativa como puede ser un libro, una serie o una película. Pero el estigma de que seguir jugando a los 30 o los 40 es una actitud 'inmadura' sigue encima de la mesa, y la psicología ha dicho algo muy diferente.
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Su origen. Para entender por qué los millennials se aferran al ocio interactivo, primero hay que entender su realidad económica. El prestigioso economista de la Universidad de Harvard, Raj Chetty, documentó en 2017 un fenómeno devastador: la caída en picado de la movilidad social absoluta.
Y es que mientras los nacidos en 1940 tenían entre un 90 y un 91% de probabilidades de superar los ingresos de sus padres, para los nacidos en 1980 esta tasa de éxito se desplomó a un mero 50%. Y es que estamos ante una generación a la que se le prometió que la educación superior y el esfuerzo constante garantizarían su prosperidad económica, pero la realidad ha estado marcada por una crisis financiera, precariedad laboral y un mercado inmobiliario que generó una profunda sensación de engaño.
El bienestar. Ante un entorno vital donde el control es mínimo, los videojuegos ofrecen sistemas justos, reglas claras y recompensas proporcionales al esfuerzo que se haga. Esto se evidenció en una macroinvestigación publicada en marzo de 2025 donde se desmiente categóricamente que jugar sea un "escapismo insano".
Tras analizar más de 140.000 horas de datos de jugadores de Nintendo, el OII concluyó que el tiempo de juego no correlaciona de forma negativa con la salud mental. Lo que realmente importa es la "calidad" del juego, ya que los jugadores que reportan motivaciones positivas, como la autonomía de tomar sus propias decisiones o la sensación de sentir ir mejorando, ven cómo va aumentando su bienestar general.
Más bienestar. Esta es una tesis que lleva mucho tiempo consolidándose, puesto que en 2021 otro estudio analizó a 39.000 jugadores de Animal Crossing o Plantas vs Zombies, concluyendo que jugar más horas se correlacionaba con un mejor bienestar afectivo.
Muchas ventajas de jugar. Los videojuegos no solo alivian el estrés, sino que moldean nuestra capacidad para lidiar con la adversidad. Según una encuesta de 2018, el 50% de los millennials encuestados afirmaba jugar a diario para relajarse y aliviar el estrés. Pero aún más revelador es el 47% de los participantes que aseguró que el éxito que había alcanzado dentro de los videojuegos aumentaba su confianza en la vida real para resolver problemas.
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Hay géneros mejores. Un estudio de 2022 demostró que los juegos multijugador mejoran nuestra conexión social, mientras que los RPG están fuertemente ligados a mejoras en la autonomía y la competencia, especialmente en mujeres. Y sorprendentemente, incluso los survival horror han demostrado tener beneficios catárticos.
De esta manera, dedicar una hora diaria a jugar se relaciona con perfiles de adultos más sociables, optimistas y sobre todo emocionalmente más resilientes que los que no juegan nada.
Su conclusión. De esta manera, el conjunto de varios artículos con una alta reputación detrás apunta a que las personas adultas que dedican su tiempo libre a explorar grandes mapas, gestionar granjas virtuales o superar raids con sus amigos no están huyendo de sus responsabilidades por inmadurez. Están utilizando herramientas para recobrar su salud mental o satisfacer sus necesidades psicológicas como quien se pone a ver una serie en Netflix al llegar del trabajo. Y a estas últimas personas nadie les dice que son inmaduras.
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La noticia
La psicología dice que jugar a videojuegos a los 30 no es inmadurez: es pura resiliencia frente a un mundo roto
fue publicada originalmente en
Xataka
por
José A. Lizana
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La psicología dice que jugar a videojuegos a los 30 no es inmadurez: es pura resiliencia frente a un mundo roto
Jugar pasada la adolescencia no es algo negativo, sino que es igual a disfrutar una serie en Netflix
Si naciste entre principios de los 80 y mediados de los 90, es muy probable que ya hayas cruzado la barrera de los 30 años (o incluso de los 40) y sigas teniendo un mando en la mesa del salón. Tradicionalmente, la sociedad ha estigmatizado este hábito en la adultez, tachándolo de "síndrome de Peter Pan", inmadurez o incapacidad para asumir las responsabilidades de la vida real porque 'estar a jueguitos a los 30 no es normal'. Sin embargo, la ciencia y la sociología tienen una perspectiva radicalmente distinta: no es inmadurez, es pura resiliencia.
Una frustración. Estos estigmas que hay encima de la mesa, la verdad es que están muy instaurados (sobre todo entre los más mayores), pensando que los videojuegos son solo para los más jóvenes, pero la realidad es que un videojuego es una obra creativa como puede ser un libro, una serie o una película. Pero el estigma de que seguir jugando a los 30 o los 40 es una actitud 'inmadura' sigue encima de la mesa, y la psicología ha dicho algo muy diferente.
Su origen. Para entender por qué los millennials se aferran al ocio interactivo, primero hay que entender su realidad económica. El prestigioso economista de la Universidad de Harvard, Raj Chetty, documentó en 2017 un fenómeno devastador: la caída en picado de la movilidad social absoluta.
Y es que mientras los nacidos en 1940 tenían entre un 90 y un 91% de probabilidades de superar los ingresos de sus padres, para los nacidos en 1980 esta tasa de éxito se desplomó a un mero 50%. Y es que estamos ante una generación a la que se le prometió que la educación superior y el esfuerzo constante garantizarían su prosperidad económica, pero la realidad ha estado marcada por una crisis financiera, precariedad laboral y un mercado inmobiliario que generó una profunda sensación de engaño.
El bienestar. Ante un entorno vital donde el control es mínimo, los videojuegos ofrecen sistemas justos, reglas claras y recompensas proporcionales al esfuerzo que se haga. Esto se evidenció en una macroinvestigación publicada en marzo de 2025 donde se desmiente categóricamente que jugar sea un "escapismo insano".
Tras analizar más de 140.000 horas de datos de jugadores de Nintendo, el OII concluyó que el tiempo de juego no correlaciona de forma negativa con la salud mental. Lo que realmente importa es la "calidad" del juego, ya que los jugadores que reportan motivaciones positivas, como la autonomía de tomar sus propias decisiones o la sensación de sentir ir mejorando, ven cómo va aumentando su bienestar general.
Más bienestar. Esta es una tesis que lleva mucho tiempo consolidándose, puesto que en 2021 otro estudio analizó a 39.000 jugadores de Animal Crossing o Plantas vs Zombies, concluyendo que jugar más horas se correlacionaba con un mejor bienestar afectivo.
Muchas ventajas de jugar. Los videojuegos no solo alivian el estrés, sino que moldean nuestra capacidad para lidiar con la adversidad. Según una encuesta de 2018, el 50% de los millennials encuestados afirmaba jugar a diario para relajarse y aliviar el estrés. Pero aún más revelador es el 47% de los participantes que aseguró que el éxito que había alcanzado dentro de los videojuegos aumentaba su confianza en la vida real para resolver problemas.
Hay géneros mejores. Un estudio de 2022 demostró que los juegos multijugador mejoran nuestra conexión social, mientras que los RPG están fuertemente ligados a mejoras en la autonomía y la competencia, especialmente en mujeres. Y sorprendentemente, incluso los survival horror han demostrado tener beneficios catárticos.
De esta manera, dedicar una hora diaria a jugar se relaciona con perfiles de adultos más sociables, optimistas y sobre todo emocionalmente más resilientes que los que no juegan nada.
Su conclusión. De esta manera, el conjunto de varios artículos con una alta reputación detrás apunta a que las personas adultas que dedican su tiempo libre a explorar grandes mapas, gestionar granjas virtuales o superar raids con sus amigos no están huyendo de sus responsabilidades por inmadurez. Están utilizando herramientas para recobrar su salud mental o satisfacer sus necesidades psicológicas como quien se pone a ver una serie en Netflix al llegar del trabajo. Y a estas últimas personas nadie les dice que son inmaduras.