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La que se avecina

La que se avecina
Artículo Completo 861 palabras
Este nuevo año que ahora comienza estará marcado, cómo no, por las elecciones andaluzas, la polarización política en Madrid y las urgentes y necesarias mejoras en las infraestructuras para Málaga

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Manolo Castillo

Málaga

Domingo, 4 de enero 2026, 00:02

... no permiten la indiferencia y que aconsejan estar alerta. Un ejercicio atravesado por las urnas, por la tensión política en Madrid y por una realidad muy concreta en Málaga: la urgencia de infraestructuras que llevan demasiado tiempo en la carpeta de los 'pendientes' y una crisis de vivienda que, lejos de solucionarse, amenaza con agravar la situación de miles de familias y jóvenes.

Mientras tanto, Madrid seguirá instalado en una polarización que todo lo contamina. El Congreso como campo de batalla permanente, la política convertida en un ejercicio de resistencia diaria y una sensación de provisionalidad que se extiende a la acción del Gobierno. Pedro Sánchez seguirá maniobrando para mantener viva la legislatura, apoyado en equilibrios cada vez más frágiles y en alianzas que exigen cesiones continuas. Nada nuevo, pero sí cada vez más exigente. La pregunta no es tanto si el Gobierno aguantará, sino a qué coste y con qué margen real para impulsar políticas de largo recorrido, las que verdaderamente necesita este país. Y lo más preocupante es la pretensión de trasladar este escenario de confrontación a las comunidades autónomas gobernadas por el PP, reforzando —diría que de forma temeraria— la idea de dos bloques ideológicos irreconciliables en España.

Por eso, las próximas elecciones en Aragón y en otras comunidades amplían el mapa de la incertidumbre política. Cada cita con las urnas añade ruido, acelera los discursos y frena decisiones que requieren sosiego. Y España no atraviesa, precisamente, un momento sobrado de sosiego.

Para Málaga, sin embargo, el tiempo corre de otra manera. Aquí las urgencias no entienden de tácticas parlamentarias ni de mayorías ajustadas. El colapso de la movilidad y de la vivienda, la falta de infraestructuras hidráulicas suficientes, el cuello de botella ferroviario o el retraso histórico en inversiones clave son problemas que se agravan con cada mes que pasa. La provincia sigue creciendo en población, en turismo, en actividad económica y en proyección internacional, pero lo hace con una red de infraestructuras pensada para otra época.

2026 aparece así como un año clave para desbloquear decisiones largamente aplazadas. No hablamos de promesas electorales ni de anuncios grandilocuentes, sino de compromisos concretos: plazos, presupuestos y obras que empiecen a verse sobre el terreno. Málaga no pide trato de favor; exige coherencia entre su peso real y la atención que recibe.

El riesgo es evidente: que la política vuelva a mirar hacia otro lado. Que el debate electoral andaluz se diluya, más preocupado por la aritmética que por la gestión; que la confrontación nacional eclipse las necesidades locales; y que las infraestructuras sigan siendo moneda de cambio o víctima colateral del bloqueo institucional. Sería un error histórico. Porque no invertir hoy en infraestructuras es hipotecar el crecimiento de mañana.

También hay una responsabilidad compartida. De las administraciones, sí, pero también de la sociedad civil, de los agentes económicos y de los propios territorios. Málaga debe seguir alzando la voz, con datos, con argumentos y con una exigencia serena pero firme. No desde el victimismo, sino desde la legitimidad que da contribuir de manera decisiva al conjunto del país. Habrá que estar vigilantes para que, especialmente, el Ministerio de Transportes cumpla sus compromisos con Málaga —el plan de viabilidad del Tren del Litoral y las soluciones para los atascos de Rincón de la Victoria, Marbella o Benalmádena— y para que la Junta de Andalucía avance conforme a los plazos previstos en el Metro, especialmente en sus ampliaciones, y en el tercer hospital.

'La que se avecina' no es solo una referencia irónica a un año políticamente intenso. Es una advertencia. 2026 puede ser el año en que se empiecen a resolver problemas estructurales o aquel en el que se consolide la sensación de oportunidad perdida, incluso de morir de éxito. Entre una cosa y otra hay decisiones, prioridades y voluntad política.

Las urnas pasarán. Los gobiernos cambiarán o se mantendrán. Pero las infraestructuras, cuando no llegan, dejan cicatrices duraderas. Málaga y Andalucía no pueden permitirse otro ciclo político sin respuestas claras. Porque lo que está en juego no es una legislatura, sino el futuro inmediato de un territorio que hace tiempo dejó de ser periférico para convertirse en central. Y eso exige, de una vez, estar a la altura.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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