- TOM BURNS MARAÑÓN
A más paro, más polarización política y AfD es la clásica y muy reconocible vanguardia del hombre masa. Sus dirigentes movilizan y canalizan la imponente manada iliberal que se amotina en épocas de vacas flacas. La derecha populista en Alemania ha desplazado a la centrada CDU.
El historiador británico, profesor en la Universidad de Oxford, y periodista Timothy Garton Ash, que recibirá el Premio Princesa de Asturias de Ciencias Sociales 2026 sobre estas fechas el mes que viene, recordaba estos días una reflexión que solía repetir uno de sus mentores, Ralf Dahrendorf, que ganó este mismo galardón en 2007. Es importante apuntarla cuando cada vez son más quienes dicen que los acontecimientos devuelven las democracias liberales a algo que se asemeja a lo que Ortega describió como la "Rebelión de las masas".
Dahrendorf, sociólogo, comisario europeo e intelectual público de primer orden, que nació en Hamburgo, obtuvo la nacionalidad británica y fue miembro de la Cámara de los Lores y director de la London School of Economics. Garton Ash le recuerda diciendo que solamente confiaría del todo en la resiliencia de la democracia liberal en su país natal si los alemanes conseguían superar una gran crisis económica.
Se ha de poner el acento en la democracia liberal. Esto es la libertad de voto en un sistema parlamentario y, además, una agenda que defiende la acción del individuo en una sociedad que la ley protege como espacio plural. Puede que en Alemania ese momento de prueba haya llegado ya para convertirse en uno más de los terroríficos temas de nuestro tiempo. La crisis que comienza siendo económica y que pasa, sin solución de continuidad, a ser social y política se añade a otras dos máximas cuestiones desestabilizadoras contemporáneas que son la inteligencia artificial y el cambio climático.
El sector del automóvil, el sostén de la Alemania fabril y la garantía de su prosperidad y capacidad de innovación, despide a decenas de miles de operarios y, a la vez, cientos de miles de electores votan a AfD, Alternative für Deutschland.
A más paro, más polarización política y AfD es la clásica y muy reconocible vanguardia del hombre masa; sus dirigentes movilizan y canalizan la imponente manada iliberal que se amotina en épocas de vacas flacas.
Los recientes triunfos de AfD en sucesivas elecciones regionales, en los Länder de la República Federal, han servido de aldabonazo para la política "correcta" y de business as usual en la Unión Europea.
La derecha populista en Alemania ha desplazado a la centrada Unión Demócrata Cristiana, CDU, que ha gobernado durante la mayor parte de los últimos ochenta años. Parecida suerte están en trance de sufrir las derechas incumbentes en Francia y Reino Unido, las dos potencias nucleares en Europa. Dahrendorf, que se preguntaba por la resiliencia de la democracia liberal en su país natal ante una gran crisis económica, puede que tenga ahora la respuesta. No vivió para ver el resurgir del nativismo teutón, puesto que murió en 2009, el año después del crack financiero que comenzó en Wall Street el año anterior, pero tras aquel tsunami debió saber que en sus esperanzas no lo tenía todo consigo.
AfD se fundó en 2013, el mismo año en que la cristianodemócrata Angela Merkel cosechó su tercera victoria electoral. El lanzamiento del nuevo partido, fruto de una escisión euroescéptica en la CDU, le hubiera preocupado hondamente a Dahrendorf. Nació para oponerse a los rescates financieros, notablemente al de Grecia, que abanderó Merkel durante la crisis de la eurozona.
Cuando tres años después la canciller abrió las fronteras alemanas para recibir a cientos de miles de refugiados de zonas en conflicto, mayormente de Siria, el nuevo partido propagó duras políticas anti-inmigratorias. Este giro racista le ha proporcionado a AfD enormes réditos electorales en una Alemania donde en torno al 20% de la población residente es inmigrante de primera generación.
Despertar nacionalista
Por su parte, Garton Ash, estudioso del totalitarismo que pasó largas etapas de su vida en las "dos Alemanias" antes y después de la caída del Muro, lleva tiempo advirtiendo de que el despertar nacionalista en un Länder tras otro traspasará fronteras. AfD es el partido más crítico de Bruselas entre los grandes países europeos, es el más pro-Putin y es tan islamófobo como el que más. Su despegue electoral se debe principalmente a su feroz rechazo de una Alemania diversa y multicultural.
AfD es la incuestionable bête noire de la democracia liberal. Lidera una ola de populismo "patriótico" que se ha hecho presente en los Veintisiete del Viejo Continente. Además de en Alemania, la política identitaria ha echado hondas raíces en los grandes de la Unión Europea, España, Francia, Italia y Polonia.
Seguramente, Garton Ash hablará de todo ello cuando la Princesa de Asturias le entregue el premio de Ciencias Sociales en el teatro Campoamor de Oviedo el próximo 23 de octubre. Y, probablemente, la heredera del trono, que ha comenzado la carrera universitaria de Ciencias Políticas, estará familiarizada con algunos de los hechos y conceptos que maneja el premiado.
Uno, que es crucial, es el fracaso de la República de Weimar, el permanentemente débil y fragmentado régimen parlamentario que Alemania adoptó tras su derrota en la Guerra del Catorce, y cómo la incompetencia democrática de Berlín ante circunstancias ciertamente muy complejas pasó a conformar la antesala del régimen nazi.
Hitler llegó al poder a través de un proceso electoral. La pregunta que desde entonces se han hecho los Dahrendorf, los Garton Ash y los demás teóricos y docentes de la democracia liberal es cómo y hasta qué punto la sociedad abierta ha de tolerar a los intolerantes.
La Grundgesetz, la Ley Básica que adoptó la Alemania Federal tras la derrota de Hitler y que se convirtió en Constitución de toda Alemania tras la reunificación en 1990, se adhiere estrictamente a los principios y valores de la democracia liberal. Ahora bien, lo que la distingue, siendo la excepcionalidad alemana la que es, es que permite la ilegalización por el Tribunal Constitucional Federal de partidos hostiles a la democracia liberal que la socavan desde las extremidades del arco político. ¿Se ha de ilegalizar a la AfD? Esto ha estado en la conversación alemana desde que el partido insurgente comenzó su ascenso electoral. No han faltado voces, y no solamente voces de la izquierda, que lo han pedido.
Muy consciente de ello, AfD se cuida de evitar lemas tipo Deutschland erwache! ("¡Alemania, despierta!") de la época de Weimar y del régimen nacionalsocialista, pero para muchos sus genes son los que son. Y, por lo pronto, cristianodemócratas, socialdemócratas, verdes y liberales no han vacilado a la hora de aplicarle a AfD el cordón sanitario.
Esta particular conversación sobre la prohibición ha cesado debido a los éxitos electorales que viene apuntando la derecha "patriótica". A estas alturas de la historia, sería un disparate ilegalizar la AfD. Ha crecido demasiado y prohibirla no haría más que avivar las llamas de un ultranacionalismo que está crecientemente en boga.
Y entonces, con la lacerante crisis económica a la vista, ¿qué han de hacer de aquí a las próximas elecciones federales en marzo de 2029 el impopular canciller de la CDU y la tambaleante coalición de centroderecha y centroizquierda que preside? ¿Convivir con el enemigo de la democracia liberal? ¿Conllevarlo? En definitiva, dejar que AfD gobierne ahí donde tenga posibilidad de ello porque de esa manera se irá responsabilizando y moderando. Las leyes naturales dictan que los fogosos se hacen adultos.
Esto puede ser wishful thinking o no serlo. Quienes lo abogan citan la moderación y responsabilidad que muestra el Gobierno que lideran los patrióticos Fratelli en Italia. La democracia liberal transalpina muestra resiliencia. La del país que recorre el Rin no debería ser menos.
Aplicar inteligencia emocional
Lo que sí requiere la democracia liberal, en Alemania y en el resto de Europa, es un liderazgo ilusionante y esto requiere mostrar mucha destreza a la hora de aplicar IE, inteligencia emocional, a la vida pública.
Garton Ash cree, con razón, que la llave del éxito de AfD es que sus dirigentes saben decirle al ciudadano que teme por llegar a fin de mes y por su mismísimo puesto de trabajo, "estoy contigo, te escucho y te veo, entiendo tu ira, a mí me puedes decir lo que realmente crees". Esto es la transmisión de IE.
Tras los mensajes, los defensores de la democracia liberal han de ponerse de acuerdo para introducir las ineludibles reformas para impulsar la productividad y hacer sostenible el bienestar. Lo que ocurre es que en las partitocracias los dirigentes, desprovistos por naturaleza de IE, pueden ser muy mediocres.
Se llega así a lo que Ortega planteó en la Rebelión de las masas: "En la vida intelectual, que por su misma esencia requiere y supone la calificación, se advierte el progresivo triunfo de los seudointelectuales incualificados, incalificables y descalificados por su propia contextura". Ni había inteligencia emocional ni de cualquier tipo entonces ni la hay ahora.
En 1937, exilado por el fratricidio en España y en pleno auge del nacionalismo radical y el totalitarismo en Europa, Ortega escribió un Prólogo para franceses para una nueva edición de su libro más conocido. En su texto alertó sobre demagogos rupturistas que ignoran la civilización liberal, pidió superar patrias estrechas y propuso unos "Estados Unidos de Europa" sobre la base de una sociedad única y una tradición compartida.
La alerta, la petición y la propuesta siguen más vigentes que nunca. Tras el aggiornamento "patriótico" en Alemania, viene el de la también económicamente estancada Francia.
Trump reivindica su particular idea de pazNuevo caos en Ceuta con los inmigrantesCanadá rescata Europa Comentar ÚLTIMA HORA