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Política

La 'rebelión fundacional' de Ortega Smith le estalla a Abascal justo antes de la campaña electoral más difícil

La 'rebelión fundacional' de Ortega Smith le estalla a Abascal justo antes de la campaña electoral más difícil
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Se aferra a la portavocía en Madrid, pese a la expulsión decretada por la dirección, y apela a los valores primigenios de Vox, mientras el líder se vuelca en Castilla y León, donde parece tocar techo Leer

En octubre de 2022, el MadCool en Valdebebas acogió el acto de VoxViva22. Sobre el escenario, Santiago Abascal pronunció un discurso que escucharon con atención los distintos dirigentes de la formación. Iván Espinosa de los Monteros, Rocío Monasterio, Javier Ortega Smith, Ignacio Garriga... Incluso Juan García-Gallardo, que venía de haber cosechado en febrero de ese año uno de los mejores resultados para la formación en las elecciones de Castilla y León.

Cuatro años después, sólo queda Garriga con mando en plaza. Pero la prospectiva de los resultados de la formación en los próximos comicios autonómicos no se acerca al crecimiento ya granjeado en Extremadura y Aragón. Y tampoco parece que vaya a superar el umbral establecido con Gallardo (17,6%). Al menos así lo vaticinó ayer el CIS de Tezanos, que pese a su adhesión a determinadas posturas, hasta ahora no había minimizado de manera similar el apoyo a la formación de Santiago Abascal, que se reduciría según su estimación . Añadido a este pronóstico, dos ex diputados autonómicos de Vox figuran en las listas de la formación de Alvise Pérez (SALF) para estas elecciones.

O sea, que la tendencia al alza de Vox podría verse interrumpida en las elecciones de esta comunidad, la primera en la que el partido logró entrar en un Gobierno autonómico. Con esa posibilidad en el horizonte, y en mitad de una precampaña dura y clave para la formación, Javier Ortega Smith está protagonizando un choque de cuernas con la dirección del partido. Un enfrentamiento que es tan simbólico como engorroso, en particular para Santiago Abascal, que ante las preguntas planteadas por la prensa ayer, tras un acto de precampaña el Lerma, se limitó a zanjar la cuestión: «No voy a desviarme de mi responsabilidad y obligación. No voy a mirarme el ombligo. Ya contesté [el jueves]: hemos hecho todo lo que tenemos que hacer».

Que Abascal rehúya esta polémica denota el fastidio que la situación le acarrea a Vox. Primero, por el desafío inédito que plantea a la dirección al aferrarse a su cargo como portavoz dentro del Ayuntamiento de Madrid pese a que el máximo órgano de dirección del partido lo haya expulsado por «desacatar» la decisión de ceder la portavocía del consistorio a la edil Arantxa Cabello. No hay precedentes relevantes que se hayan aferrado a sus cargos tras la ruptura con la cúpula. En otras ocasiones, la salida de Vox que protagonizaron otros cargos críticos con la cúpula, como Gallardo, o de referentes primigenios, como Espinosa de los Monteros, Rocío Monasterio o Macarena Olona fue acompañada del abandono de sus respectivos cargos y actas.

De forma velada, el propio Ortega incidió en ello ayer, aprovechando su comparecencia ante los medios en la entrega de credenciales a los nuevos bomberos de Madrid para celebrar una de las «luchas» históricas en la capital del grupo municipal Vox, «del que me honro ser portavoz», apuntó. Deslizando así que se aferraría a la portavocía, pues se sabe con mayoría entre los cinco concejales. Dos le son fieles y dos no.

Y además está dispuesto a pelear jurídicamente, «con los recursos que permiten los estatutos», tanto en defensa de su militancia como de la autonomía del grupo en el Ayuntamiento para elegir a sus responsables. De hecho, la dirección nacional de Vox se ha llevado un primer revés, al negarle el Consistorio madrileño cualquier posibilidad de descabalgar al máximo referente en la capital desde fuera de la institución.

El todavía portavoz de Vox en el Ayuntamiento dedicó más de siete minutos a responder a una sola pregunta: «¿Por qué le echan de su partido?». El ex vicepresidente y secretario general de Vox articuló un argumento con el que empuñó todas las banderas que configuraron el ADN de Vox en su etapa más primigenia.

Desde la lucha contra el separatismo, «que fue lo que dio a conocer nuestro grupo político», hasta la batalla contra «las zonas de bajas emisiones y las imposiciones del fanatismo de la ideología de género», pasando por la defensa de «la bajada de impuestos» o de «lograr la seguridad en Madrid», el que fuera mano derecha del líder durante casi ocho años desplegó un abanico de emblemas por los que peleó la formación, inmersa en un giro hacia posiciones más globalistas, en la línea trumpista, y con una renovación de perfiles para penetrar en áreas populares con raigambre de izquierda.

Firme contra Abascal, Ortega denunció una «guerra sucia» para justificar acciones contra él mediante la supuesta filtración de informaciones, como la exclusiva de EL MUNDO este miércoles, donde se retrataba cómo Vox aprobó sus presupuestos por Whatsapp en apenas una hora y sin debate, una noche de viernes de Navidad. Ortega Smith ve esas información como "una excusa" para retirarle de sus cargos. Vox, que había rechazado dar su versión sobre la noticia, cuando le fue solicitada por ese diario el pasado martes, atacó la exclusiva a la mañana siguiente y señaló a los "renegados" como supuestos filtradores. Por la tarde, se conoció la decisión de expulsar a Ortega Smith. Aquel del que Abascal, en el Viva22, dijo: «Para disgusto de los agoreros y los falsarios, seguirá aquí junto a todos nosotros por mucho tiempo cuando lleguemos al Gobierno».

Fuente original: Leer en El Mundo - España
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