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La reconocida periodista colombiana Jineth Bedoya recibe el primer premio Santi Oleaga

La reconocida periodista colombiana Jineth Bedoya recibe el primer premio Santi Oleaga
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DV homenajea al director financiero asesinado por ETA hace 25 años con un premio de periodismo en su honor

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La reconocida periodista colombiana Jineth Bedoya recibe el primer premio Santi Oleaga

DV homenajea al director financiero asesinado por ETA hace 25 años con un premio de periodismo en su honor

Regala esta noticia Añádenos en Google Jineth Bedoya recibe el premio de manos de Amaia Guridi. (De la Hera)

Jorge Sainz

22/05/2026 a las 22:47h.

Aquel jueves 24 de mayo de 2001 fue el día más triste de la historia de El Diario Vasco. El asesinato por ETA de nuestro ... compañero Santi Oleaga nos dejó el alma herida, pero todos los periodistas y trabajadores del periódico lograron convertir las lágrimas y el inmenso dolor por el vil asesinato en un grito en favor de la libertad de expresión, por la paz y contra el terrorismo de ETA. Una reacción de rebeldía plasmada en un periódico de más de cien páginas, hecho con nuestra única arma, la palabra. Aquella portada con el titular 'Santi, no te olvidamos' se convirtió en un lema que desde entonces nos acompaña y que logró que la memoria de nuestro director financiero de DV comenzase a ser eterna. Prendió una llama con una fuerza tal que ya nadie iba a ser capaz de apagar nunca y que en este 25 aniversario que se cumple este domingo sigue tan viva que acaba de alumbrar el primer premio de periodismo Santi Oleaga, que fue entregado este viernes a la periodista colombiana Jineth Bedoya por el actual director de nuestro periódico, David Taberna, en presencia de la viuda de Santi, Amaia Guridi, en lo que constituyó un sentido homenaje, un año más. Jineth Bedoya, muy emocionada, agradeció el galardón y quiso destacar que «el mejor homenaje para Santi es decirle que 25 años después hemos conseguido cambiar muchas cosas».

La organización terrorista había intentado varias veces sin éxito atentar contra El Diario Vasco y decidió atacar a un directivo ajeno a la actividad informativa. La banda acabó con la vida de Santi y dejó a otras tres personas buenas, su viuda, Amaia Guridi, y sus hijos Jon y Oihana, sin su ser querido. Pero no consiguió acallar la voz de este diario. Apenas un par de horas después de producirse el asesinato, todavía con la incredulidad y la conmoción por la terrible noticia, todos los redactores y trabajadores de este periódico se personaron en la redacción para ponerse a disposición para lo que hiciera falta. Tanto los que trabajan como los que aquel fatídico día tenían fiesta.

Lágrimas y entereza

Fue un momento muy duro. Los más veteranos, los que llevaban toda la vida junto a Oleaga, no podían evitar las lágrimas. El director general, Fernando Fernández Berridi, muy unido a Santi, el director del periódico, José Gabriel Mujika, o la entonces jefa de Personal, Mertxe Oyarzabal, reflejaban en sus rostros la desolación. Pero, al mismo tiempo, mostraban tal entereza que no permitían al resto agachar la cabeza ni rendirse.

Sería absurdo negar que el bloqueo y el miedo invadían a muchos compañeros, algunos de los cuales ya se veían obligados a llevar escolta o a vivir con precauciones en su quehacer cotidiano tras haber aparecido en distintas informaciones incautadas por las fuerzas policiales a comandos etarras. Pero todos quienes trabajamos en El Diario Vasco teníamos claro que solo había una forma de honrar la memoria de Santi. Y no había otra salida que sacar al día siguiente en el quiosco el mejor producto posible, aunque fuera con la noticia más desgarradora y el ánimo por los suelos. Y el trabajo de aquel día fue de matrícula de honor, quizás porque aquel periódico no estaba hecho con las manos, sino con el corazón.

Lo han recordado este viernes en DV Gunea, el propio José Gabriel Mujika, que lideró con enorme entereza, dignidad y profesionalidad la reacción cívica del periódico; el corresponsal político Alberto Surio, que nos emocionó con sus sentidas palabras en un artículo de opinión en la última de aquel diario; y la periodista Arantza González Egaña, la compañera que en estos 25 años se ha encargado de dar voz en nuestras páginas y nuestra web a Amaia Guridi y sus hijos, Jon y Oihana. Unas palabras, las de Amaia, siempre llenas de generosidad, la de una persona ejemplar que desde entonces ha predicado siempre firmeza y justicia. Pero nunca odio ni venganza, siguiendo los pasos de Santi.

Un legado que se ha transmitido también a todas las generaciones de periodistas que han ido pasando por esta casa en este cuarto de siglo en el que Santi Oleaga siempre ha estado presente. La placa en su recuerdo permaneció muchos años en la entrada de la antigua redacción de Igara y somos muchos quienes todos y cada uno de los días desde entonces le recordamos a través de esa imagen, tranquila y afable que presidió la primera del día después de su muerte, expuesta en la exposición de portadas de DV Gunea.

En el 20 aniversario del crimen, en 2021, también se recreó en la entrada de la sede de DV en Igara aquella gran concentración en el periódico que sirvió de repulsa al atentado, en la que estuvieron todos los trabajadores, compañeros de la gran mayoría de medios de comunicación y representantes institucionales como el lehendakari, Juan José Ibarretxe, el diputado general de Gipuzkoa, Román Sudupe, y el alcalde de Donostia, Odón Elorza, o el entonces consejero delegado del Grupo Correo, José María Bergareche, que siempre estuvo cerca de todos los trabajadores en aquellos difíciles momentos.

Aquel atentado fue el último episodio de una serie de acciones destinadas a acallar a El Diario Vasco. Durante años hubo amenazas, pintadas y pasquines contra nuestro periódico y otros medios de comunicación, como los compañeros de El Correo. En los años de plomo también fueron asesinados periodistas, pero a partir del año 2000, tras el fracaso del proceso de paz de Lizarra, ETA puso de nuevo con fiereza a los medios de comunicación bajo su diana.

El primer gran mazazo llegó el 7 de mayo de 2000 con el asesinato del columnista de El Mundo José Luis López de Lacalle, junto a su casa en Andoain, cuando volvía un domingo de mañana a casa con el paraguas y la bolsa de los periódicos que tanto le gustaba leer, algo que para la organización terrorista era pecado mortal. La manta roja que tapaba su cadáver mientras yacía en el suelo, junto a su paraguas rojo y la bolsa de los periódicos fue un testimonio icónico de la brutalidad de ETA, como se reflejaría en el libro 'Patria' de Fernando Aramburu. La última entrevista en vida de López de Lacalle, tras ser atacada su vivienda con cócteles molotov, fue precisamente en DV un par de meses antes, por lo que su muerte ya dejó muy tocado el ánimo de esta redacción y de los profesionales de otros medios, conscientes de que la amenaza se cernía sobre todos cada día un poco más.

Así se confirmó diez meses más tarde, en marzo de 2001, cuando la Ertzaintza descubrió el plan para volar las instalaciones de El Diario Vasco de Igara, con un comando que se iba a hacer pasar por trabajadores de reparto nocturno para introducir mochilas de explosivos colándose en el recinto. El diario siguió adelante con firmeza, pese al acoso y la amenaza que ya pendía sobre compañeros como el entonces director José Gabriel Mujika, que jamás abandonó, pese a ello, su puesto y quehaceres para que el periódico no faltara nunca a su cita con los lectores, pese al enorme coste personal que tuvo que pagar por ello. El 15 de mayo llegaría el intento fallido de atentado en Zarautz al director de Cambio 16 Gorka Landaburu, gravemente herido por una carta bomba, aunque pudo salvar la vida.

Nueve días después, Santi Oleaga no pudo esquivar a los terroristas. Con muchos periodistas y compañeros escoltados o con precauciones, ETA fue a por el eslabón más débil. Un economista. Un directivo que no estaba relacionado con el área informativa, que no llevaba escolta y que fue tiroteado con saña. Un 'modus operandi' que provocó todavía más impotencia si cabe.

La conmoción social, la solidaridad de compañeros, instituciones y partidos, con la excepción del mundo de Batasuna, en aquella época representado por las siglas Euskal Herritarrok (EH), se extendió en apoyo a la familia de Santi y a todo El Diario Vasco, con una emotiva concentración a las puertas de nuestra sede en Donostia.

Todas estas vivencias, recuerdos y anécdotas fueron ayer recordadas en el acto de homenaje que DV tributó al asesinado al cumplirse, mañana, 25 años de su fallecimiento. Decenas de compañeros nos volvimos a emocionar al recordar a aquel compañero siempre preocupado por que todo marchara bien. Por que no faltaran bobinas de papel en el almacén de la antigua rotativa. Por que cuadraran siempre las cuentas y a nadie le faltara de nada. Y hasta ayudaba en las tareas informativas cuando alguien le requería algún contacto de lo que fuera.

Tiempos de paz

25 años después, ni el terrorismo ni ETA existen ya, aunque persisten algunas actitudes condescendientes con aquella etapa a desterrar. El parking de la fundación Matía es hoy una zona tranquila atravesada por una carretera que sube a Aiete y una acera nuevas junto a Matia. Una placa, inaugurada por el Ayuntamiento de San Sebastián el 23 de noviembre de 2024, recuerda a Santi Oleaga, como ocurre con otras víctimas del terrorismo en la capital guipuzcoana.

Tampoco existe la redacción de Igara, sustituida hoy por las modernas y funcionales instalaciones del parque tecnológico de Miramon de las que estaría orgulloso. Pero hay dos cosas que no han desaparecido ni nunca se borrarán. Una, la más importante, la memoria y el cariño de todos los componentes de El Diario Vasco hacia Santi y su familia, con su mujer Amaia a la cabeza. Y dos, el periódico, tanto en papel como en su versión web, sigue todos los días fiel a su cita con los lectores y en defensa de la democracia, la vida y los derechos humanos. Santi trabajó toda su vida para ello y no podíamos defraudarle. Seguro que allá dónde se encuentre lo leerá y estará orgulloso.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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