La primera ministra de Italia, Giorgia Meloni, durante una sesión del Senado. Roberto Monaldo Europa Press
Europa La reforma de la ley electoral con la que Meloni promete estabilidad choca hasta con sus socios: "Sólo le beneficia a ella"La propuesta de la primera ministra premia a la fuerza más votada con escaños extra e introduce el voto preferencial.
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Álvaro Escalonilla Publicada 4 julio 2026 03:07h Las clavesLas claves Generado con IA
Giorgia Meloni quiere reformar el sistema electoral de Italia, como intentaron con distinta fortuna Silvio Berlusconi y Matteo Renzi. La primera ministra busca seguir sus pasos. Sueña con moldear el país a su imagen y semejanza del mismo modo que Il Cavaliere, pero sin caer en los mismos errores que invalidaron antes de tiempo los planes del que fuera alcalde de Florencia.
La líder del ultraderechista Hermanos de Italia pretende sustituir el actual Rosatellum, bautizado con el nombre del diputado que lo diseñó, Ettore Rosato, por la ley Stabilicum, renombrada con malicia desde la oposición como ley Melonellum. El plan, no demasiado original, consiste en premiar con escaños extra a la fuerza más votada.
La llamada "prima de gobernabilidad" endosa 70 asientos adicionales en la Cámara de Diputados y otros 35 en el Senado a la fuerza política que cruce el umbral del 42 % de los votos. Será necesario, además, superar el 3 % a nivel nacional para obtener representación parlamentaria. Una fórmula para evitar la fragmentación.
Meloni reconoce su derrota en el referéndum para reformar la Justicia: "Es una oportunidad perdida para modernizar Italia"Sólo habría una excepción a la norma. No hará falta alcanzar ese umbral en caso de formar parte de una coalición que sí sobrepase el 10 % de las papeletas. Meloni entiende que, de este modo, incentivará la formación de coaliciones. Y entiende que el sector de la derecha tendría que cerrar filas en torno a ella.
La Constitución no regula el sistema electoral. Lo hace una ley ordinaria que puede ser modificada a través de una mayoría simple en la Cámara de Diputados, y que tendría que pasar por el Senado. Meloni dependerá de sus socios —o de otros grupos parlamentarios— para sacar adelante su agenda.
No sería la primera vez que Italia reforma la ley electoral. Existen tres precedentes en los últimos veinte años. El experimento de Berlusconi, conocido como Porcellum (cerdada, en español), estuvo nueve años en vigor hasta que lo invalidó el Tribunal Constitucional. Y el de Renzi, Italicum, no llegó a aplicarse en su totalidad.
En 2017, salió adelante el Rosatellum, un sistema electoral mixto. Desde entonces, una parte de los parlamentarios es elegida en circunscripciones uninominales, donde resulta elegido el candidato que obtiene más votos, mientras que la mayor parte de los escaños se reparte mediante un sistema proporcional.
"En términos sencillos, si un partido consigue el 30 % de los votos, obtiene aproximadamente el 30 % de los escaños asignados por el sistema proporcional", explica el analista Giordano Gasperini. "Se trata de un modelo que intenta equilibrar representación y gobernabilidad, aunque en distintas legislaturas ha dado lugar a mayorías parlamentarias frágiles", reconoce.
Giorgia Meloni asiste a un almuerzo de trabajo con líderes del G7 y de Oriente Medio durante la cumbre de Évian-les-Bains. Christian Hartmann Reuters
Es probable que Rosatellum sobreviva porque la reforma de Meloni es susceptible de fracasar. Sus socios, la Liga de Matteo Salvini y Forza Italia, no compran el pack completo. Les chirría que la primera ministra quiera introducir el concepto de voto preferencial a través de una enmienda.
Esta cláusula permitiría a los votantes indicar qué candidato de la lista del partido o de la coalición prefieren, en lugar de que todos los escaños se asignen siguiendo el orden fijado por las direcciones de los partidos.
Dicho de otro modo, el votante podría elegir entre votar al partido aceptando el orden de los candidatos ya establecido o escoger directamente el nombre de un candidato. Es el llamado modelo belga que, en la práctica, desbloquearía las listas.
"La tramitación parlamentaria ya ha comenzado, pero no es fácil alcanzar un acuerdo dentro de la coalición sobre todos los aspectos más controvertidos", apunta en conversación con este periódico el politólogo italiano Luca Mancin, investigador de la Universidad de Milán.
"A diferencia de Hermanos de Italia, ni la Liga ni Forza Italia parecen especialmente entusiasmadas porque el nuevo sistema favorecería a la formación de Meloni frente a sus dos socios de coalición, ya que desaparecerían las circunscripciones uninominales y el sistema pasaría a ser completamente proporcional", explica Mancin. "Los dos están bastante molestos con Meloni porque consideran que la ley está hecha únicamente para beneficiarla a ella".
"Tanto es así que el texto ha sido modificado y retocado varias veces en las últimas semanas", señala Mancin, que sospecha que la Liga puede "hacer fracasar la ley si, después de la votación, se aprueba la enmienda sobre el voto preferencial".
Meloni carga contra Trump por decir que ella le rogó una foto en el G7: "Es una invención, ni Italia ni yo suplicamos"De todos modos, el politólogo percibe el interés de la primera ministra en "atribuirse al menos este logro antes de que termine la legislatura, tras la decepción del referéndum sobre la justicia y de otras iniciativas y reformas anunciadas durante la campaña electoral de 2022 que nunca llegaron a materializarse".
El argumento que esgrime Meloni para cambiar la ley actual no es otro que garantizar la estabilidad. De ahí el nombre. El plan forma parte de una agenda de reformas más profundas conocida como premierato, "un sistema presidencialista encubierto", a ojos de la oposición.
La primera ministra quiere reforzar la figura del presidente del Consejo de Ministros a través de una investidura más directa por parte de los electores. Es curioso porque su Gobierno es el más estable de las dos últimas décadas. En teoría, no haría falta reforma alguna.
Sin embargo, Meloni teme perder el poder con la ley actual. Según los sondeos, no podría revalidar la misma coalición que tejió en 2022. Puede haber bloqueo, y el bloqueo puede abrir la puerta a un Gabinete de corte técnico, como los de Mario Monti o Mario Draghi.
Presión sobre el centroizquierda
La maniobra de Meloni añadiría presión sobre la oposición de centroizquierda porque fuerza a las listas y coaliciones a definir de antemano quién es su candidato a primer ministro. El Partido Democrático de Elly Schlein y el Movimiento Cinco Estrellas de Giuseppe Conte, protagonistas de una agria disputa por colocar en primera línea a sus alfiles, estarían obligados a entenderse.
El ex primer ministro Giuseppe Conte, líder del Movimiento Cinco Estrellas. Valentina Stefanelli Europa Press
"La oposición ha hecho lo que cabe esperar de la oposición y ha acusado a Meloni de querer diseñarse una ley electoral a medida para 'ganar con facilidad', además de criticar el premio de mayoría, pero puede sacar rédito", apunta Mancin.
"Según algunas encuestas, el llamado 'campo amplio' (que, no obstante, aún no se ha constituido oficialmente como coalición) podría superar en porcentaje de votos a la coalición de derechas", explica el politólogo.
"En ese caso, un sistema proporcional con premio de mayoría también podría favorecerlo. Además, la posibilidad de obtener una victoria con una diferencia tan amplia de escaños gracias al premio de mayoría resulta, sin duda, igualmente atractiva para la oposición", añade.
Rival por la derecha
Meloni aprieta porque cada vez tiene más competencia en el sector de la derecha. El general retirado Roberto Vannacci presentó meses atrás su nueva plataforma, Futuro Nacional, que supera el 5 % en los sondeos y amenaza con sepultar en las urnas a su antiguo partido, La Liga de Salvini.
Vannacci está sabiendo aprovechar el giro pragmático de Meloni para colocarse como el guardián del tarro de las esencias de la derecha italiana. El también eurodiputado reúne a los descontentos con la postura atlantista y proeuropea de la primera ministra.
El general retirado Roberto Vannacci, fundador del ultraderechista Futuro Nacional. Mauro Scrobogna Europa Press
De entrada, el exgeneral no es aliado de Meloni, pero puede llegar a serlo. La primera ministra lo coloca en la oposición porque sus diputados afines "votan como la izquierda, quieren derribar al Gobierno en las votaciones de confianza exactamente igual que la izquierda y hablan únicamente contra nosotros durante todo el día, exactamente igual que la izquierda".
"De hecho —apunta Mancin—, hay parlamentarios de la Liga seriamente preocupados por no ser reelegidos y que, al igual que algunos antiguos compañeros, están considerando la posibilidad de pasarse a Futuro Nacional".
Vannacci respondió retando a la primera ministra para ignorar el rechazo de sus socios de coalición e introducir el voto preferencial, con el que parece conforme: "Saque carácter, al menos en esto, porque no cuesta un euro, no se oponen los jueces de izquierda y tampoco lo bloquea su amiga la señora Von der Leyen".
"La posición de Vannacci y de Futuro Nacional es ambigua", señala Mancin. "No se han pronunciado explícitamente ni a favor ni en contra. En teoría, un sistema proporcional les permitiría obtener más escaños si decidieran no integrarse en una coalición con Hermanos de Italia, la Liga y Forza Italia".
Pero los italianos dejaron de prestar atención hace rato. "Sinceramente, no creo que haya un gran debate público al respecto. Al fin y al cabo, es un tema técnico y de interés sobre todo para los auténticos aficionados a la política", comenta Mancin, que cita una encuesta reciente de Ipsos que refleja "un desinterés general o un gran desconocimiento sobre la propuesta de ley".
Indulto bajo sospecha del Gobierno de Meloni: perdona a la organizadora de las fiestas 'bunga-bunga' de BerlusconiMeloni ofrece incentivos y sostiene que las próximas elecciones servirán para colocar en el Palacio Quirinal a un presidente de derechas. El actual jefe del Estado, Sergio Mattarella, finaliza su mandato en 2029. Mattarella viene de la centroizquierda, y Meloni busca candidatos de su misma cuerda, que remen en la misma dirección.
Experimentado en reformas electorales fallidas, Renzi alberga la sospecha de que la presidenta del Consejo de Ministros piensa en sí misma como candidata para suceder a Mattarella. Aún es pronto para saberlo.