Tras quedar última con dos puntos en la fase de clasificación, aprovechó el bonus de la repesca y ahora amenaza a Países Bajos con su delantera de 212 millones de euros
Regala esta noticia Añádenos en Google Suecia celebra uno de sus goles frente a Túnez. (Reuters) 19/06/2026 Actualizado a las 18:07h.Suecia es una de esas selecciones con tradición mundialista. En 2026 afronta su 13ª presencia en una Copa del Mundo, con el subcampeonato de 1958 ... y sus terceros puestos de 1950 y 1994, precisamente en Estados Unidos, como mayores hitos de su palmarés. Es siempre un equipo incómodo, de esos secundarios que está al acecho de su oportunidad, y tras golear a Túnez (5-1) en la jornada inaugural, llega al duelo ante Países Bajos (Houston, 19 horas) dispuesta a aprovechar esa inercia para poner sus pies en la siguiente fase del torneo. Un hecho que no debería sorprender, porque Suecia ha caído solo tres veces en la primera ronda, pero sí que llama muchísimo la atención se se echa la vista atrás. Más o menos a finales del año pasado, cuando los escandinavos cerraron una de sus peores fases de clasificación europeas que se les recuerda, con dos puntos sumados en seis encuentros. Y sin embargo están en el Mundial y dispuestos a tener un largo recorrido. ¿Cómo puede ser?
En la primera eliminatoria de respesca, los escandinavos despertaron de su letargo. Suecia venció 3-1 a Ucrania en el estadio Arena Lviv con un destacado hat trick de Viktor Gyökeres, y la selección se midió en el duelo final por una plaza a Polonia. En un duelo emocionante, de nuevo Gyökeres fue decisivo para marcar el gol de la victoria por 3-2 y llevar a los escandinavos al Mundial. Una de las clasificaciones más inesperadas por la forma y por lo que habían demostrado hasta entonces, pero no por el potencial que atesora un grupo por cuyos delanteros se pagó el pasado verano 212 millones de euros, que hace más incomprensibles esos dos puntos ante rivales como Kosovo o Eslovenia.
Un gran acierto
Ya frente a Túnez quedó clara la capacidad ofensiva de una selección que tiene a futbolistas como Alexander Isak, Viktor Gyökeres y el joven Yasin Ayari. La conexión de los 212 millones se entendió a la perfección en el primer partido. Isak, después de un año muy complicado por una fractura de peroné, no jugaba un partido completo desde octubre y se notó, pero aun así fue capaz de participar en tres de los cinco goles. El delantero de los 145 millones que pagó el Liverpool por él al Newcastle, marcó el 2-0, asistió a Viktor Gyökeres en el 3-1 y tocó el balón para 4-1 de Mattias Svanberg.
A Gyökeres se le cayeron los goles en dos temporadas en el Sporting –97 en 102 partidos oficiales– y el Arsenal pagó 68'5 millones de euros más 10 millones en variables por el jugador sueco. Esta temporada le ha costado algo más –21 en 55 duelos jugados– pero desde finales de marzo ha anotado seis goles con Suecia y es todo un referente para las defensas rivales. Por cierto, Gyokeres tuvo que inventar un gesto para celebrar los goles a petición de sus amigos. «Estaban hartos de que hiciera todo tipo de gestos y me pidieron que hiciera algo concreto como otros jugadores», contó en una entrevista. Y por eso ahora se tapa la boca a modo de máscara, porque es aficionado de las películas de Batman y en concreto de Bane, uno de los villanos más malvados del Caballero oscuro.
A la fiesta se unió frente a Túnez Yasin Ayari, el joven de 22 años que pidió perdón al marcar porque su padre es tunecino. Pero el progenitor lo dejó claro tras hablar en los medios. «Mi hijo es sueco», declaró. «Es la nación que lo acogió y lo formó. Era su deber devolverle el favor». Ayari se formó en el AIK Solna, pero pronto se trasladó al fútbol británico para jugar en el Brighton Howe&Albion.
Ellos fueron los protagonistas de la goleada ante Túnez, pero no hay que restarle valor a un seleccionador, Graham Potter, que llegó al cargo tras el hundimiento en la fase de clasificación y ha devuelto la alegría a Suecia a base de juego ofensivo. En siete encuentros bajo su mando han anotado 16 goles y han encajado 14, en un traje donde los escandinavos parecen reconocerse tras tiempos sombríos.
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