JOSÉ M. DOMÍNGUEZ MARTÍNEZ. CATEDRÁTICO DE HACIENDA PÚBLICA DE LA UNIVERSIDAD DE MÁLAGA
Domingo, 29 de marzo 2026, 01:00
... se considera que surgió como tal, esa rama del conocimiento acumula ya la respetable cifra de 250 años, un cuarto de milenio. Es el aniversario que se conmemora de la obra 'Investigación sobre la naturaleza y las causas de la riqueza de las naciones', que Adam Smith publicó en el mes de marzo del año 1776.Cuestión distinta es saber qué proporción, en cada uno de esos colectivos, ha completado el recorrido de sus cerca de 900 densas páginas. Quien lo haya hecho habrá podido comprobar la extraordinaria minuciosidad del filósofo escocés, que le lleva a adentrarse en detalles insólitos para exponer situaciones económicas tomadas de la realidad. Asimismo, no podrá dejar de admirar su extraordinaria capacidad analítica y su agudeza para percibir los efectos de las medidas adoptadas en el conjunto del circuito económico.
Sin perjuicio de lo anterior, algunos párrafos resultan difíciles de entender en su significado o generan dudas en cuanto a su interpretación. A este respecto, a título ilustrativo, según Smith, «los súbditos de cada estado deben contribuir al sustento del gobierno, en la medida de lo posible, en proporción a sus respectivas capacidades; es decir, en proporción a los ingresos de los que disfrutan respectivamente bajo la protección del estado». Para unos, lo anterior es un refrendo del principio impositivo de la capacidad económica, mientras que otros ven en él un apoyo al principio del beneficio, que lleva a defender una mayor contribución de quien más se beneficie de los servicios públicos.
Entre las dos posiciones contrapuestas antes señaladas, nos encontramos con otras intermedias, que nos pueden dar una imagen más ajustada de su contribución, que, sin duda, es enorme. En todo caso, conviene diferenciar dos facetas: una, la referente al alcance del análisis económico y la forma de utilizarlo; la otra, concerniente a las conclusiones obtenidas de su aplicación a una realidad concreta. En ambas destaca la obra comentada, que es una inmensa fuente de enseñanzas. Smith describe un método de trabajo para abordar el estudio de los problemas económicos y extrae unas pautas acerca de cuál es la vía más apropiada para el avance de las naciones.
De forma magistral, Adam Smith pone de relieve el papel que tiene la competencia entre los productores para suministrar a la población bienes y servicios útiles, y a un precio adecuado, así como las ventajas del comercio internacional para el progreso económico de los países implicados. Asimismo, a través del juego de la 'mano invisible', explica cómo la actuación independiente de agentes económicos que persiguen sus respectivos intereses puede dar lugar, si se cumplen ciertas reglas del juego, a la satisfacción de las necesidades sociales. El hecho de que en una economía libre pueda disponerse de una gama tan amplia de productos, sin que nadie responda a un plan organizado, es un verdadero milagro que desconcertaba a los altos dirigentes soviéticos, y que sigue causando asombro a todo el que se para a pensar en el proceso que lo posibilita.
Pese al enaltecimiento de la economía de libre mercado, Smith era consciente de la necesidad de un sector público que lleve a cabo una serie de funciones básicas para el funcionamiento de la economía y de la propia sociedad, esencialmente en los ámbitos de la defensa nacional, la justicia, y las obras e instituciones públicas. Para sufragar los gastos correspondientes, recomendaba el establecimiento de un sistema impositivo regido por una serie de principios, entre los que otorgaba una gran importancia al de la certeza.
Tengo entre mis manos el ejemplar del libro que compré hace 50 años. Aún recuerdo la emoción cuando lo abrí por primera vez. El volumen, plagado hoy de páginas amarillentas y desgastadas, ha envejecido apreciablemente, pero me doy cuenta de que no lo ha hecho el pensamiento económico que atesora y, sobre todo, de que, aunque haya pasado tanto tiempo, queda mucho por aprender todavía.
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