La organización detecta extracciones en sectores clave como Arenberg, intensifica reparaciones hasta última hora y advierte del riesgo real de caídas graves
Las piedras de Roubaix.- NACHO LABARGA
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La París-Roubaix, el “Infierno del Norte”, ya rueda con la tensión alta antes de que se baje la bandera. No es el viento ni la lluvia lo que inquieta esta vez. Son los huecos. Varios adoquines han desaparecido en sectores decisivos y han dejado cicatrices peligrosas en el pavé. La alerta saltó en “Het Bos van Wallers”, donde se localizó a un grupo de hombres con chaquetas negras y, poco después, un agujero considerable tras la extracción de varias piezas, según De Telegraaf.
La preocupación es real dentro de la organización. Thierry Gouvenou, director del recorrido, lleva años viendo cómo el problema crece. “Cada año lidiamos con más robos. Estos tramos son míticos y la gente se lleva adoquines como recuerdo, sin pensar en los enormes agujeros que dejan. Esto puede provocar caídas graves durante la carrera”, explicó. La respuesta ha sido inmediata. Equipos de trabajo recorren los sectores con picos y palas, revisan cada tramo y recolocan adoquines de repuesto hasta la víspera para dejar el trazado listo.
El cuidado del pavé no se limita a los robos. La carrera convive también con el desgaste natural y con visitantes inesperados. Cabras que limpian la hierba entre piedras, jabalíes que remueven tierra y hojas. Todo suma trabajo en una prueba donde cada detalle cuenta. Pero Gouvenou no duda al señalar el mayor riesgo. “Esto es lo que más nos preocupa en los últimos años. Los agujeros profundos pueden afectar no solo la seguridad, sino también el desarrollo de la carrera”.
El pavé marca las diferencias
El director del recorrido insiste en el peso de estos sectores en una de las cinco grandes clásicas del calendario. “En sectores como Het Bos van Wallers se puede perder la carrera, aunque no ganarla. Cada movimiento en estos tramos es decisivo y puede marcar la diferencia entre el éxito y la caída”. En la París-Roubaix no hay tregua. Técnica, resistencia y colocación se mezclan sobre piedras que no perdonan errores ni improvisaciones.
Equipos y corredores siguen de cerca cada reparación. Saben que un adoquín mal colocado puede desencadenar una avería, una montonera o un corte definitivo en plena batalla. La organización mantendrá las inspecciones hasta el último momento, afinando los 30 sectores adoquinados para que el domingo el pavé vuelva a dictar sentencia con su dureza habitual, sin trampas añadidas.
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