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La salida a Bolsa de SpaceX recrudece la guerra espacial entre Musk y Bezos

La salida a Bolsa de SpaceX recrudece la guerra espacial entre Musk y Bezos
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El músculo financiero y el acceso a nuevas fuentes de capital que conseguirá Elon Musk tras el debut bursátil de su empresa aeroespacial aumentará la ventaja que ya tiene sobre Blue Origin. Leer
Empresas TecnológicasLa salida a Bolsa de SpaceX recrudece la guerra espacial entre Musk y Bezos
  • SERGIO SAIZ Nueva York
Actualizado 11 JUN. 2026 - 01:40Elon Musk, fundador de SpaceX, y Jeff Bezos, fundador de Amazon y Blue Origin.

El músculo financiero y el acceso a nuevas fuentes de capital que conseguirá Elon Musk tras el debut bursátil de su empresa aeroespacial aumentará la ventaja que ya tiene sobre Blue Origin.

No solo será la mayor OPV de la historia. La salida a Bolsa de SpaceX promete ser el punto de inflexión que provoque una profunda transformación de la industria espacial. Si Elon Musk logra una valoración superior al billón de dólares, la compañía dispondrá de una capacidad financiera sin precedentes no solo para ampliar su ventaja sobre su histórico rival, Jeff Bezos, sino también para adelantar a los gigantes históricos de la industria, como Boeing o Lockheed Martin, en la nueva carrera por dominar la economía espacial.

El sector espacial estadounidense está dominado por un puñado de gigantes ligados al Gobierno. Unos pocos contratistas monopolizaban hasta la llegada de SpaceX los lanzamientos, las misiones espaciales y buena parte de los contratos de la NASA y el Pentágono.

Sin embargo, su inminente salida a Bolsa amenaza con acelerar una transformación liderada por el CEO de Tesla y el fundador de Amazon: el desplazamiento del poder desde los contratistas tradicionales hacia las empresas tecnológicas capitaneadas por multimillonarios de Silicon Valley, que también compiten entre sí.

La rivalidad entre ambos multimillonarios se percibe como un enfrentamiento de egos, pero en realidad responde a una convicción mucho más profunda. Los dos comparten una visión similar del futuro. Consideran que la humanidad debe expandirse más allá de la Tierra y establecer una presencia permanente en el espacio. Pero discrepan radicalmente sobre cómo lograrlo.

SpaceX, en cabeza

Musk ha construido SpaceX siguiendo la filosofía clásica de Silicon Valley: asumir riesgos, innovar rápido y aceptar el fracaso como parte del proceso. Su objetivo declarado es convertir a la humanidad en una especie multiplanetaria y establecer una colonia autosuficiente en Marte.

Bezos, por el contrario, ha defendido una aproximación mucho más gradual a través de Blue Origin. Propone una estrategia basada en avances progresivos y en la construcción de infraestructuras espaciales a largo plazo.

En ambos casos, y pese a su elevada fortuna personal, necesitan el apoyo del Gobierno para sacar adelante sus empresas hasta que sus proyectos espaciales sean rentables por sí solos. La tensión entre ambos se ha intensificado en los últimos años. Cada avance de SpaceX se interpreta como una amenaza por Blue Origin, mientras Musk responde frecuentemente con burlas hacia los retrasos de su rival.

La batalla alcanzó uno de sus momentos más tensos cuando la NASA adjudicó a SpaceX el contrato para desarrollar el módulo de aterrizaje lunar del programa Artemis. Blue Origin impugnó la decisión ante organismos federales y posteriormente acudió a los tribunales para bloquear el proyecto, aunque no lo logró.

Musk llega a la salida a Bolsa con una ventaja considerable. SpaceX ha revolucionado la industria reutilizando cohetes, reduciendo drásticamente los costes de acceso al espacio. Los aterrizajes de los Falcon 9 han pasado de ser una curiosidad a convertirse en una operación cotidiana.

Mientras, Blue Origin continúa intentando acelerar el despliegue comercial de New Glenn, el cohete diseñado para competir con Falcon Heavy y otros vehículos pesados de SpaceX.

La diferencia entre ambas compañías es visible en casi todos los indicadores operativos. SpaceX acumula cientos de lanzamientos, transporta astronautas para la NASA, despliega miles de satélites Starlink y desarrolla Starship, el vehículo con el que Musk pretende viajar a Marte (o colonizar la luna).

Blue Origin, pese a sus avances recientes, sigue varios años por detrás en la mayoría de estos ámbitos y está perdiendo atractivo ante los ojos de la NASA. Mientras, los detractores de Musk le acusan de haber utilizado su influencia en Washington, tras financiar la segunda campaña presidencial de Trump y hacerse con un cargo de renombre en su Administración (aunque luego terminó en un sonado divorcio).

Rivalidades aparte, la realidad es que SpaceX se ha convertido en una pieza esencial para el Gobierno estadounidense y su salida a Bolsa no solo sirve para ampliar su ventaja sobre Blue Origin, sino que ahora su objetivo es dar el sorpasso a los contratistas históricos del sector.

Socio de Washington

Uno de los aspectos más sorprendentes de la evolución de SpaceX es cómo ha pasado de desafiar al establishment aeroespacial a convertirse en uno de sus principales pilares. La NASA depende de Elon Musk para transportar astronautas y suministros. El Pentágono utiliza sus lanzamientos para poner en órbita satélites y sistemas militares .

Además, Starlink, su división de Internet satelital y el negocio más rentable del grupo, ha demostrado su utilidad en conflictos bélicos al proporcionar comunicación fiable y rápida en zonas de guerra, algo que no ha pasado desapercibido en el Departamento de Defensa de EEUU. Blue Origin también cuenta con esta división, pero va por detrás de SpaceX.

Esta creciente dependencia preocupa a algunos políticos y ejecutivos del sector, que prefieren mantener varios proveedores para evitar que una sola compañía acumule demasiado poder.

Boeing, el gran perjudicado

Aunque el enfrentamiento Musk-Bezos acapara los titulares, la salida a Bolsa de SpaceX podría tener consecuencias aún más dañinas para Boeing.

Durante décadas, el contratista estadounidense fue uno de los grandes nombres de la industria espacial. Aunque famoso por sus aviones comerciales, su posición privilegiada en Washington y su experiencia técnica le permitieron acumular contratos multimillonarios vinculados a la NASA y al Departamento de Defensa.

Sin embargo, el ascenso de SpaceX ha puesto de manifiesto las debilidades del modelo tradicional, con miles de millones de dólares en contratos públicos fluyendo hacia la empresa de Elon Musk. En las últimas dos décadas, se estima que sus compañías (varias fusionadas de cara a la salida a Bolsa) han recibido más de 38.000 millones de dólares en licitaciones, subvenciones y apoyo financiero del Gobierno norteamericano.

Una cuarta parte de esa cantidad se ha concentrado en el tiempo que duró el breve idilio político entre Trump y Musk el ejercicio pasado.

El ejemplo más evidente de la pérdida de protagonismo de Boeing es el programa Starliner. Concebido para competir con la cápsula Dragon de SpaceX en el transporte de astronautas, ha sufrido retrasos continuos, problemas técnicos y sobrecostes multimillonarios que no son del gusto de la NASA, que ya utiliza Dragon de forma rutinaria.

Otros contratistas, como Lockheed Martin y Northrop Grumman, observan con preocupación el debut bursátil de SpaceX. El músculo financiero que obtendrá con la operación ampliará la brecha que ha logrado hacer en el muro levantado por la industria aeroespacial tradicional.

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Fuente original: Leer en Expansión
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