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La salida de la cárcel del asesino de la primera policía víctima de ETA indigna a su familia: "Pisan sobre su tumba, es humillante"

La salida de la cárcel del asesino de la primera policía víctima de ETA indigna a su familia: "Pisan sobre su tumba, es humillante"
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Ángel Tellería estuvo casi 30 años fugado en México y Francia, fue condenado a 42 años y tras cumplir sólo nueve, comenzó a beneficiarse este lunes de la semilibertad. "Menos mal que mis padres no están vivos para ver esto porque morirían del disgusto", dice Almudena, hermana de la inspectora María José García, asesinada en 1981.
Reportajes la herida abierta La salida de la cárcel del asesino de la primera policía víctima de ETA indigna a su familia: "Pisan sobre su tumba, es humillante"

Ángel Tellería estuvo casi 30 años fugado en México y Francia, fue condenado a 42 años y tras cumplir sólo nueve, comenzó a beneficiarse este lunes de la semilibertad.

"Menos mal que mis padres no están vivos para ver esto porque morirían del disgusto", dice Almudena, hermana de la inspectora María José García, asesinada en 1981.

Publicada 31 marzo 2026 02:45h

Hay golpes que no se oyen en el momento, pero resuenan toda la vida. Este lunes, con la salida en semilibertad de Ángel María Tellería Uriarte, uno de los etarras que participó en el asesinato de la primera mujer policía víctima de ETA, esa madrugada volvió a ocurrir.

Golpearon la ventana. No el timbre. La ventana. Eran las tres de la mañana del 16 de junio de 1981 cuando varios policías despertaron a una familia en un bajo de Carabanchel. Dijeron que había sido un accidente. Que se vistieran. Que había que ir a San Sebastián.

El padre no se lo creyó. Guardia civil, conocía ese lenguaje. Antes de salir, cogió una corbata negra y se la metió en el bolsillo. Por si acaso. A mitad de camino, en una gasolinera, le dijeron la verdad.

Su hija, María José García Sánchez, inspectora de la Policía Nacional, había sido asesinada. Tenía 23 años. Cuarenta y cinco años después, uno de los tres hombres que estaban allí aquella noche vuelve a salir a la calle.

Tellería Uriarte, miembro de ETA, ha accedido a la semilibertad en aplicación del artículo 100.2 del Reglamento Penitenciario. Desde ayer, 30 de marzo, podrá salir de lunes a viernes de la prisión de Zaballa y regresar a dormir tras cumplir 8 años de una condena total de 40.

Ángel María Tellería, siendo juzgado en la Audiencia Nacional. EFE.

La medida se enmarca en una dinámica que se repite en los últimos años con antiguos miembros de la organización. Pero en la familia de María José no hay rutina posible. Cada decisión así abre lo mismo. "He sentido indignación, humillación, vergüenza… de todo", resume su hermana Almudena.

Lo sabía desde hacía días. Se lo había adelantado la Asociación de Víctimas del Terrorismo. Aun así, el impacto no cambia. "Estoy en proceso de aceptarlo. No me queda otra". No hay resignación. Hay desgaste.

La escalera

La historia de María José cabe en unos pocos metros. Zarautz. Madrugada. Un portal. Un descansillo entre la planta baja y el primer piso. La Brigada Central de Información había llegado para detener a un comando de ETA: el llamado GoierriKosta. Era una operación más en los años del plomo. Nunca lo era.

Los agentes entraron. Algunos subieron por el ascensor. Otros por las escaleras. María José se quedó abajo, cubriendo una posible huida. Y la hubo. Los etarras bajaron corriendo. Ella subió para interceptarlos. Se cruzaron en ese punto ciego donde todo ocurre en segundos.

María José entró en la Policía Nacional en la primera promoción que aceptaban mujeres. Cedida

José Luis Eciolaza Galán disparó a quemarropa. La bala le atravesó la cabeza. Después le quitaron el arma y la placa. Los tres huyeron. Entre ellos estaba Tellería. Durante décadas, la familia pensó que habían sido dos.

No fue hasta 2017, cuando Tellería fue detenido en México tras más de treinta años fugado —vivía allí desde los años 80—, que supieron que había un tercero en aquella escalera. Treinta años sin saber dónde estaba. Treinta años sin poder completar el relato.

Fue detenido en Guanajuato, apenas unos días antes de que los delitos prescribieran. Extraditado a España, fue condenado a 26 años de prisión por su participación en el asesinato. Otros seis por pertenencia a banda armanda y diez más por depósito de armas. Un total de 42.

Hoy, sin embargo, empieza a salir de prisión. Antes, en 2020, se le trasladó desde Madrid a la prisión cántabra de Santoña. Dos años después, se le acercó hasta la prisión de Zaballa, ya en el País Vasco. Mientras, para la familia de la víctima, la historia sigue incompleta.

Ella, delante

María José tenía 23 años y formaba parte de algo nuevo. La promoción de 1979 fue la primera en la que las mujeres pudieron ingresar en la Policía Nacional. Ella estaba ahí. Con 21 años ya era inspectora. Había estudiado Asistencia Social. Trabajó poco de ello. Lo suyo era otra cosa.

Su padre había sido guardia civil. A ella también le iba la vocación. Primero Sevilla. Estupefacientes. Después Madrid. Brigada de Información. Y, apenas unos días después de incorporarse, el País Vasco.

Su primer viaje. El último. Aquella noche, de hecho, pudo no haber estado en primera línea. Le dijeron que se quedara en el coche. Dijo que no. "Iba la primera, dando la cara", recuerda su hermana. Quería ir como una más. Fue delante. Por eso la mataron.

María José García Sánchez (derecha), en una imagen de sus primeros años en la Policía Nacional, posa junto a varios compañeros en una escena cotidiana que hoy adquiere otro peso: la de una joven inspectora de 23 años que formó parte de la primera promoción de mujeres en el cuerpo y que, apenas dos años después, sería asesinada a quemarropa en un operativo antiterrorista en Zarautz. Cedida.

La muerte no terminó en el portal de Zarautz. Siguió en el coche de vuelta, en la capilla ardiente, en el entierro en Ciruelos (Toledo). En la casa de Carabanchel. El padre empezó a enfermar, murió en 2015. La madre superó los 90 años, pero ya no vive.

La herida, intacta. Almudena tenía 18 años cuando mataron a su hermana. Un año después, entró también en la Policía Nacional. No por cerrar nada. Por seguir.

La falsa reparación

La palabra aparece siempre: reinserción, normalización, reparación. Almudena la desmonta en una frase. "¿Qué reparación le hacen a mi hermana con esto?", pregunta. Y responde: "Se están riendo en su cara. Nos están humillando". Para ella, cada medida penitenciaria no cierra nada.

Al contrario. "Te vuelven a victimizar". Otra vez. Como si el hecho no hubiera pasado una vez, sino muchas. El presente que duele. La conversación se endurece cuando habla del ahora. No es solo memoria. Es actualidad. "Menos mal que mis padres no están para ver esto", dice.

Y añade, sin rodeos: "Se está gobernando a cualquier precio, pisando las tumbas de los muertos". No es una frase política. Es personal. Tiene una imagen detrás: la de aquella madrugada.

María José fue la primera mujer policía asesinada por ETA. Tenía 23 años. Formaba parte de una generación que abrió una puerta que hoy cruzan miles de mujeres en el cuerpo. Pero su nombre no está donde debería. "Luego llega el 8 de marzo y de ella no se acuerda nadie", dice su hermana.

No es una queja abstracta. Es una comparación directa. "Ella sí fue una mujer que dio su vida por España. Una heroína". No pide reconocimiento simbólico. Pide memoria concreta.

María José, a la izquierda, junto a su hermana y a su madre. Cedida

'Ni olvido ni perdón'

Hay una pregunta que siempre aparece. El perdón. Almudena la corta. "Ni olvido ni perdono. Jamás". Ni siquiera si hubiera arrepentimiento. "Me da igual". No cree que exista. "Es un paripé". Y añade algo más: "Se sienten orgullosos".

Si pudiera decirle algo hoy a Tellería, ahora que empieza a salir de prisión, tampoco habría conversación. "No le diría absolutamente nada". Ni reproche. Ni exigencia. Nada. "No porque falten palabras. Sino porque no sirven". Cada 16 de junio, Almudena lleva flores a la tumba de su hermana.

Lo hace desde hace más de cuatro décadas. Siempre el mismo gesto. Mientras tanto, el único que queda de los que estaban en aquella escalera 'Txapela' murió poco después en Francia, víctima de los GAL, y 'Dienteputo' huyó a Venezuela y se desconoce su paradero— empieza a salir de prisión.

El tiempo avanza para ellos. Para la familia, no. La historia sigue detenida en un descansillo de Zarautz. En una bala que no termina de salir.

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