La Selección, en un estadio de Cornellá abarrotado de banderas españolas este martes 31 de marzo EFE
Fútbol La Selección en Barcelona, una victoria ante los 'indepes' y un foco polémico entre cánticos racistas y gritos contra SánchezEn un siglo XXI en el que el independentismo despertó y luego se desinfló, España solo ha jugado cinco veces en Cataluña.
Más información: Los gritos de "musulmán el que no bote" y los pitos a Joan García que mancharon la fiesta española en Cornellá
Jorge Pacheco Publicada 1 abril 2026 14:24hDurante años, los partidos de la selección española en Barcelona fueron sinónimo de gradas semivacías, ambiente frío y un debate casi académico sobre el encaje del combinado nacional en la capital catalana.
Dos décadas después, el escenario es otro: Cornellá se llena, pero la fiesta se ha transformado en un foco de polémicas que ya no son solo políticas, sino también racistas y xenófobas, como se vio en el España - Egipto de este martes 31 de marzo.
El relato arranca en el estadio Olímpico Lluís Companys, donde España jugó tres veces entre 2000 y 2004. El amistoso ante los Países Bajos del 15 de noviembre de 2000, pese al atractivo del rival, dejó una imagen que se haría recurrente: una entrada muy por debajo de lo esperado y un estadio lejos del lleno.
La Generalitat denuncia que los cánticos racistas en el partido de España en Cornellá los organizó "la extrema derecha"Las crónicas retrospectivas coinciden en señalar aquel partido como el inicio de un diagnóstico incómodo para la Federación: Barcelona no respondía como otras plazas tradicionales y el termómetro del apoyo popular a la Selección en la ciudad quedaba claramente por debajo del de Sevilla o Valencia.
Esa tónica se mantuvo en el España - Liechtenstein del 5 de septiembre de 2001, clasificatorio para el Mundial 2002: poco tirón, ambiente frío y la sensación de que Montjuïc nunca terminaba de ser un campo propio para la Selección.
No hubo que lamentar grandes incidentes dentro del estadio, pero sí aumentó el debate recurrente sobre la distancia entre la imagen de unidad nacional que pretende proyectar la Selección y la realidad de una grada donde convivían la indiferencia y una parte del público más politizado.
El ciclo de Montjuïc se cerró con un amistoso ante Perú el 18 de febrero de 2004. Ante 22.580 espectadores, una cifra modesta para un estadio de esa capacidad y para un partido de la Absoluta. De nuevo, la foto reforzó la idea de que Barcelona no era una 'plaza fuerte' de la Selección: gradas con claros, ambiente templado y un interés muy alejado del que despertaban otros escenarios.
18 años sin la Selección
Tras aquel 2004, la Selección desapareció de Cataluña durante 18 años. El regreso se produjo el 26 de marzo de 2022, ya no en Barcelona ciudad sino en Cornellá de Llobregat, con un amistoso ante Albania en el RCDE Stadium.
Dani Olmo y Pedri celebrando un gol en el regreso de España a Barcelona 18 años después EFE
La diferencia en las gradas fue evidente: 35.444 espectadores, estadio prácticamente lleno y una marea rojigualda que contrastaba con la imagen de Montjuïc. Un ambiente de fiesta, con cánticos de apoyo a la Selección y una sensación de reconciliación simbólica entre el combinado y el público catalán que quiso estar allí.
Pero ese regreso no estuvo exento de aristas. Una parte del foco se centró en los pitos al himno de Albania durante los prolegómenos, criticados por los comentaristas como una falta de respeto al rival, pese al clima general favorable a España.
Fuera del césped, el debate fue más político y semántico: la RFEF y buena parte de los medios hablaban del "partido en Barcelona", mientras otros insistían en subrayar que el estadio se encuentra en Cornellá de Llobregat y que, por tanto, el regreso no se producía en el corazón de la ciudad, ni en el Camp Nou ni en el Olímpic.
También se interpretó la elección del RCDE Stadium como una apuesta deliberada por un entorno sociológico menos hostil que el de otros recintos barceloneses, algo que alimentó la lectura política del evento.
España se apaga ante Egipto y pierde el número 1 del ranking FIFA tras un empate que genera dudas antes del MundialCuatro años más tarde, el amistoso ante Egipto en el mismo RCDE Stadium confirmó que la Selección llena Cornellá, pero también disparó las alarmas por la deriva de parte del ambiente.
La asistencia rozó los 36.000 espectadores, casi lleno total. Sin embargo, lo que marcó la noche no fue el empate sin goles, sino lo que ocurrió en la grada durante y alrededor del partido.
Una parte del público pitó el himno de Egipto durante los actos protocolarios, una sonora pitada que cayó como una muestra de falta de respeto al rival desde el inicio.
A partir del minuto diez, y especialmente en torno al 23, se escuchó con claridad el cántico "musulmán el que no bote", coreado por un sector de la grada que acompañaba la consigna con saltos, y cuya gravedad fue señalada de manera unánime como racista o xenófoba.
Cánticos racista en Cornellá en el España - Egipto
El cántico quedó registrado en la retransmisión y se viralizó de inmediato en redes sociales, con vídeos difundidos por numerosas cuentas.
No fue el único episodio polémico. Durante el encuentro se escucharon también insultos al presidente del Gobierno, con gritos de "Pedro Sánchez, hijo de puta" procedentes de una parte de la grada, que añadieron un ingrediente de confrontación política al ya de por sí enrarecido clima del amistoso.
La gestión del partido también quedó bajo la lupa. Pese a la claridad de los cánticos racistas, el colegiado no llegó a detener el encuentro ni a aplicar de forma visible el protocolo antirracismo que la FIFA y las competiciones internacionales recomiendan en estos casos.
La respuesta llegó a través de megafonía y videomarcadores, con mensajes que pedían a los aficionados que cesaran los cánticos xenófobos y recordaban la prohibición de participar en actos racistas dentro del estadio.
Una revolución silenciosa en la Selección: los 45 jugadores que han debutado con De la Fuente y la 'guinda' de Joan GarcíaUna reacción insuficiente y tardía: el partido se disputó íntegro, sin interrupciones más allá de los avisos internos, y sin que se activara ninguna medida más contundente sobre el terreno de juego.
El contexto previo ya había elevado la sensibilidad sobre lo que pudiera ocurrir en la grada. Días antes del amistoso, se había decretado un cierre parcial del RCDE Stadium como sanción por incidentes en partidos del Espanyol, de modo que el regreso de la selección a Cornellá se producía en un estadio bajo vigilancia y con el foco puesto en la seguridad y el comportamiento del público.
Los incidentes del España - Egipto han reabierto el debate sobre la eficacia de los protocolos y sobre la responsabilidad compartida entre clubes, Federación y autoridades a la hora de prevenir y sancionar este tipo de conductas.
El contraste
Mirado en perspectiva, el recorrido de la Selección en Barcelona y su entorno en este siglo XXI dibuja un arco claro.
En Montjuïc, el problema era la desafección: campos medio vacíos, una relación distante con parte del público catalán y una discusión permanente sobre si Barcelona quería o no al combinado español.
En Cornellá, el problema ya no es de falta de respuesta: el estadio se llena, la Selección despierta interés y los partidos generan una atmósfera intensa.
Pero esa intensidad ha ido acompañada de episodios que colocan bajo el microscopio el tipo de discurso que se tolera o se ampara en las gradas: pitos a himnos rivales, cánticos racistas y consignas políticas que convierten un amistoso internacional en una batalla simbólica con eco nacional.