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La serie 'Amadeus' es a la película lo que Salieri a Mozart

La serie 'Amadeus' es a la película lo que Salieri a Mozart
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La nueva versión pone el acento en el grito del artista que se rebela frente a Dios

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Imagen de 'Amadeus'. RC

La nueva versión pone el acento en el grito del artista que se rebela frente a Dios

Rosa Palo

Jueves, 15 de enero 2026, 18:03

... esos colegas que, en media hora, cosen un texto deslumbrante. No necesitan ninguna liturgia; a veces, ni siquiera un ordenador: estos ojos han presenciado cómo, desde un móvil, se han tecleado crónicas ingeniosas y perspicaces con dos dedos.

La serie comienza con un envejecido Salieri que intenta quitarse la vida tirándose por una ventana. La viuda de Mozart, Constanze, acude a visitarlo, y el compositor acaba confesando su culpa: trató de arruinar la reputación de su rival, hasta el punto de provocarle la muerte. En ese momento, la acción nos lleva diez años atrás, cuando Mozart llega a la corte del emperador José II huyendo de un padre dominante, incluso de su infancia de niño prodigio, y encuentra refugio en los brazos de Constanze, una cantante que se convertirá en su esposa y que, en esta versión, tiene más peso que en las anteriores: el personaje, interpretado por Gabrielle Creevy (protagonista de aquella maravilla de serie que fue 'In my skin'), es la toma de tierra de un Mozart egocéntrico, voluble y arrogante que, además de sentirse constreñido por un sistema que pretende encorsetarlo, también tendrá que luchar contra la urdimbre de intrigas tejida por Salieri.

Mozart está interpretado por Will Sharpe (novio de Lena Dunham en 'Sin medida' y empresario tecnológico de la segunda temporada de 'The White Lotus'), y Paul Bettany se luce como el atormentado Salieri. Con una producción cuidada, si exceptuamos el maquillaje de envejecimiento que lucen Bettany y Creevy, y un enfoque más contemporáneo, sobre todo en lo que respecta al sexo y al lenguaje, la miniserie ha tenido la buena idea de apostar por una mirada más íntima y psicológica sobre los personajes en lugar de hacer una nueva adaptación de la lucha encarnizada entre un genio superlativo y otro que no lo era tanto.

'Amadeus' no alcanza la grandeza de la versión cinematográfica de Forman, pero merece la pena verla: ofrece una reinterpretación fresca que pone de manifiesto las sombras de la genialidad (ya escribió Truman Capote en el prólogo de 'Música para camaleones' que «Cuando Dios le entrega a uno un don, también le da un látigo; y el látigo es únicamente para autoflagelarse») y los tormentos de la envidia. De esta forma, la serie es a la película lo que Salieri a Mozart: buena, pero no excepcional. O lo que es lo mismo, y volviendo a Capote: «La diferencia entre escribir bien y el arte verdadero es sutil, pero brutal».

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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