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Ante el débil punto de partida del continente, sus modestas ambiciones podrían tener un gran impacto en las empresas locales.
La última vez que los líderes europeos hablaron de "soberanía", los inversores se beneficiaron considerablemente. Las acciones del sector de la defensa se dispararon después de que la guerra de Ucrania y el deterioro de las relaciones con Estados Unidos generasen preocupación por la autodefensa del continente. Los recientes debates de la UE sobre la "soberanía tecnológica" —que busca reducir la dependencia de los gigantes tecnológicos estadounidenses— presentan otra oportunidad.
Incluso el funcionario de la UE más optimista es consciente de que el bloque no va a crear un Microsoft local de la noche a la mañana. Por ello, en lugar de intentar crear empresas de importancia mundial como el fabricante de equipos para chips ASML, el reciente "paquete de soberanía tecnológica" se centra en objetivos más modestos, como la construcción de más centros de datos y la mejora de la competencia en la computación en la nube. Dado el débil punto de partida del continente, incluso un pequeño avance podría tener un gran impacto en las empresas locales.
Tomemos como ejemplo los servicios en la nube. Se prevé que el gasto en la UE alcance los 200.000 millones de euros en 2028, de los cuales aproximadamente el 70% se destinará a Amazon, Alphabet y Microsoft, según un informe del exbanquero central Mario Draghi.OVHcloud, uno de los pocos proveedores europeos especializados, tiene un valor de mercado de 2.400 millones de euros, aproximadamente el 0,1% de lo que vale Amazon. Pero si consiguiera tan solo el 1% de las ventas europeas de los gigantes de la nube, sus ingresos anuales se duplicarían. Deutsche Telekom también ha convertido la soberanía en un argumento de venta, ofreciendo servicios en la nube "creados para Alemania, hechos en Alemania".
Los proveedores estadounidenses no cederán cuota de mercado sin luchar, pero la presión política podría aumentar su disposición a cooperar. Los tres tienen alianzas con grupos locales que les permiten adornar la tecnología estadounidense con una bandera europea. Amazon y Microsoft tienen acuerdos con SAP; Microsoft también colabora con las francesas Capgemini y Orange, mientras que Alphabet, la empresa matriz de Google, trabaja con Thales, más conocida por su tecnología militar. Este tipo de acuerdos podría adquirir mayor importancia.
En algunos casos, reducir la dependencia de Estados Unidos implica aumentar la dependencia de otros países, como en el del proyecto de centro de datos de 75.000 millones de euros de SoftBank en Francia. Pero si bien Europa carece de sus propios líderes al estilo de los "Siete Magníficos" del software, al menos cuenta con expertos en ingeniería, equipos y energía que podrían ayudar en la construcción de los nuevos centros, como Schneider Electric e Iberdrola.
Algunas empresas argumentan astutamente que la soberanía no se trata sólo de elegir ganadores, sino de cultivar gigantes. Orange sostiene que la UE debería permitir una mayor consolidación, creando empresas locales lo suficientemente grandes como para realizar inversiones descomunales. Tiene razón: la inversión de capital de Alphabet prevista para este año, de 190.000 millones de dólares (164.000 millones de euros), sería suficiente para comprar Orange dos veces.
Pero esto apunta a la verdadera razón por la que Europa tendrá dificultades para ser autosuficiente. Sus escasas y poco integradas fuentes de capital representan un obstáculo importante para que las empresas alcancen una escala similar a la de sus rivales estadounidenses. No sería de extrañar escuchar argumentos similares de, por ejemplo, los bancos, que llevan años luchando por obtener la aprobación de operaciones transfronterizas.
¿Sería esto oportunista hasta el punto del cinismo? Quizás. Pero allí donde hay voluntad política, hay una manera de ganar dinero —incluso si, en el caso de la soberanía tecnológica, es probable que el objetivo siga siendo esquivo—.
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