- TOM BURNS MARAÑÓN
No se sabe si el presidente se irá por las buenas o por las malas. Pese a no contar con un presupuesto, dice que gobernará hasta el verano del año que viene.
El Gobierno progresista de coalición lo pasó fatal la semana pasada y su malestar aumentará a pasos agigantados dentro de dos, cuando se celebre el recuento de los votos que renovarán el parlamento andaluz. Con incrementada insistencia se habla del fin de un ciclo político y no faltan las advertencias de los sombríos agoreros en cuanto a su tensa terminación.
El sanchismo ha sufrido estos días lo que en la jerga angloparlante financiera se conoce como un double whammy, dos muy negativos y simultáneos reveses. Uno es que la bajeza moral del sanchismo ha estado bajo los focos del Tribunal Supremo con el show de nunca acabar de Ábalos, Koldo y compañía.
Aunque no sea más que por su cutrez, la saga de las mascarillas y las "chistorras", la de los sobres llenos de billetes de quinientos euros, y la de las bolsas de plástico entregadas al partido de Sánchez asquea hasta al más cínico de los que ya están de vuelta de todo.
El otro contratiempo es que ha quedado al descubierto la bancarrota parlamentaria del sanchismo en el Congreso de los Diputados. Sánchez se ve incapaz de convertir sus decretos en leyes porque su Frankenstein sufre amputaciones y ya no es el que fue. Como las ratas que se adelantan al hundimiento de un barco y se tiran al agua, le abandonan los socios de su investidura. Sánchez ya no puede decir "somos más".
Y mientras tanto se aprieta el acelerador en la campaña electoral andaluza. El domingo diecisiete las urnas expondrán la completa ruina del sanchismo en la región más poblada de España, que en tiempos fue un grandioso granero de votos para el Partido Socialista. La tierra de María Santísima envía más diputados, 61 en total, al Congreso nacional que ninguna otra autonomía.
Para sorpresa de nadie, lo que está en la conversación política estos días es que la actual XV legislatura que comenzó en agosto 2023 toca a su fin. Y la inquietud invade a cuantos quieren el bien para esta vieja y singular nación cuando intentan visualizar esta terminación. No se sabe si Sánchez se irá por las buenas o por las malas. Por lo pronto, y a pesar de no contar con un presupuesto actualizado, dice que seguirá gobernando hasta el verano que viene. Está empeñado en agotar la legislatura.
El motivo de la preocupación es que todos creen saber que Pedro Sánchez hará lo indecible para mantenerse en el poder. Como secretario general del Partido Socialista y como presidente del Gobierno, Sánchez ha dado sobradas muestras de que es el arquetipo del dirigente consumido por la pasión de mandar. Y todos saben que el paseo por la historia de estos frikis de la manipulación siempre acaba con llanto y crujir de dientes.
Aparentemente a Sánchez le resbalan las atroces muestras de corrupción que han destrozado cualquier percepción positiva que se pueda tener acerca del Partido Socialista. Ha expulsado de su seno a los presuntos inmorales, deja que la justicia tome cartas en el asunto y a otra cosa. Deliberadamente ignora que los procesados fueran los suyos en la dirección del partido, que le auparon al poder y que gozaban de su máxima confianza. Y eso un socialista decente ni lo olvida ni lo perdona.
Provisto de las mismas anteojeras, parece que a Sánchez le da exactamente igual el tener o no tener una mayoría parlamentaria. En lugar de dimitir si no cuenta con el quorum requerido para sacar adelante sus iniciativas legislativas, mete los textos en un cajón y se queda tan ancho. Así se han ido prorrogando los Presupuestos Generales del Estado un año sí y otro también.
La actual XV legislatura está bloqueada y Sánchez gobierna de espaldas al parlamento, lo cual no había ocurrido desde que se reintrodujo hace medio siglo la democracia al pilotar Adolfo Suárez la Ley de Reforma Política. Hoy, España no puede presumir de un sistema de gobierno representativo porque Sánchez pasa de sus normas. El Congreso de los Diputados ni legisla ni controla al Gobierno.
Todos le tienen cogida ya la medida al presidente del Gobierno y los agoreros advierten de que su manual de resistencia incluye el recurso a lo impresentable y a lo absolutamente indeseable.El retorno al revanchismo guerra civilista y el alineamiento con el Sur Global, por ejemplo.
Si la extrema izquierda pide un referéndum sobre la democratización de la jefatura de Estado, Sánchez podrá prometerlo si consigue otra "mayoría social". Si los amnistiados por el golpismo separatista piden otro plebiscito sobre la autodeterminación, Sánchez podrá decir que lo estudiará porque la Constitución de 1978 merece una profunda revisión.
Lo rupturista vendrá envuelto en lo buenista. Sánchez se erigirá en el defensor del bienestar y de los derechos que la codiciosa extrema derecha pretende abolir. La terminación del sanchismo será tensa.
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