Ampliar
Magdalena Martín Martínez posa en una de las dependencias de la Facultad de Derecho de la Universidad de Málaga. Migue Fernández Magdalena Martín Martínez, catedrática de Derecho Internacional Público y Relaciones Internacionales de la Universidad de Málaga «La Tercera Guerra Mundial puede haber empezado con este enjambre de conflictos»Ahora mismo, señala la experta, hay una «tormenta perfecta»: la coincidencia del presidente de Estados Unidos más volátil con el de Israel con el plan más claro para su país
Lunes, 20 de abril 2026, 00:23
CompartirMagdalena Martín Martínez es catedrática de Derecho Internacional Público y Relaciones Internacionales de la Universidad de Málaga. Ahora, en este contexto tan turbulento, dirige el ciclo 'Dialogando sobre Europa en la encrucijada: desafíos y metas', que se desarrolla en la Sociedad Económica de Amigos del País con el patrocinio de la Fundación Unicaja que ya la pasada semana trajo a Málaga a Mariola Urrea, catedrática de la Universidad de La Rioja, y que los próximos 22 y 29 de abril ofrecerá el análisis de más expertos en seguridad, defensa y el papel de las redes sociales en la política internacional. Magdalena Martín comienza la conversación con SUR afirmando: «Ahora todo el mundo me pregunta: 'Pero tú te has quedado sin trabajo, ¿no? Porque el Derecho Internacional ya no existe'. Y sí, una parte se ha roto, pero hay otra que sigue vigente. Además, se impugna todo el Derecho, no sólo el Internacional. Los que impugnan el orden mundial y quieren derribar el Derecho son los grandes oligarcas y países que aspiran a ser imperios. Pero de los 193 Estados de la ONU, ésos son cuatro, cinco o seis».
–Pero los países que cuestionan el orden mundial son los más poderosos.
–Ahora mismo, sí. Son los que aspiran al liderazgo internacional, a ser imperios. La pugna está en torno a dos superpotencias, China y EE UU. Rusia aspira también a ser imperio, tiene un diseño de orden alternativo, pero como potencia regional, no como lider global. Estados Unidos, mientras, lo que está haciendo es derribar el orden internacional que se constituyó tras la Segunda Guerra Mundial basado en reglas, sobre todo en dos pilares: el no uso de la fuerza y el respeto a los derechos humanos. Pero, a partir de ahí, no tiene un diseño de orden alternativo.
–¿Esos países están rompiendo las reglas en el mismo grado?
–No, en la misma dimensión, no. Pero los tres cuestionan principios que se habían entendido como fundamentales de las relaciones internacionales: especialmente, la prohibición del uso de la fuerza, que es sobre lo que se sustenta la Carta de la ONU y que pretendía evitar una Tercera Guerra Mundial. Los tres, Rusia, China y EE UU, no entienden el uso de la fuerza como una prohibición absoluta, lo han flexibilizado mucho atendiendo a sus intereses. En otras cuestiones, la impugnación no está siendo igual: China, por ejemplo, sí reivindica la vigencia de las normas del comercio internacional.
–Quizás está idealizado el periodo desde 1945 a la actualidad. El uso de la fuerza ha sido permanente, incluso por EE UU, que ha intervenido países.
–El orden internacional que se estableció tras la Segunda Guerra Mundial era imperfecto. Pero antes, cuando EEUU hacía uso de la fuerza, emprendía guerras o realizaba invasiones, no impugnaba la norma, buscaba justificaciones a la violación de la ley. Ahora la existencia misma de la norma es la que está en tela de juicio. Lo ha dicho muy claramente Donald Trump: «Law doesn't matter» (el Derecho no importa). Los límites a su conducta no serán los jurídicos, sino los que él quiera. Ése es el cambio sustancial. Quizás sí habíamos idealizado el respeto a los derechos humanos durante esa época: puede que el concepto que tenemos de ellos no ha sido universalmente aceptado o lo fue sólo en un inicio; ahora mismo la violación de los derechos humanos se considera algo perfectamente admisible.
–Dice que Rusia, China y EE UU cuestionan el orden internacional. ¿Qué opina de Israel?
–Israel parte de una circunstancia distinta porque se ha venido amparando en el uso de la fuerza como una cuestión de legítima supervivencia: alega el estado de necesidad porque ve en tela de juicio su continuidad. Este discurso lo ha comprado Estados Unidos, que ha ejercido su derecho de veto en el Consejo de Seguridad en favor de su aliado y es lo que le ha permitido a Israel hacer lo que ha hecho. Aunque los liderazgos son importantes: importa mucho que sea Netanyahu quien esté al mando. Por cierto: estaba contra la pared por circunstancias internas, pero cuando el peligro exterior ha vuelto a plantearse como inminente, se han acabado las disidencias, la incomodidad y lo que cuestionaba su liderazgo. Es una estrategia que se utiliza siempre.
Ampliar
Migue Fernández–¿El temor a la aniquilación del Estado de Israel está justificado, se basa en la realidad?
–Israel, desde su propia constitución, es un Estado que teme por su supervivencia. Ese temor lo tiene permanentemente y ha sido usado hábilmente por Netanyahu. Pero si me pregunta si ha habido ahora una amenaza que lo haya puesto de manifiesto, pues no.
–¿En qué medida Netanyahu es responsable de lo que sucede en Oriente Medio? Se suponía que Trump era aislacionista.
–Hay comentaristas en EE UU que dicen que se ha dado la circunstancia de que el presidente más volátil de su historia, Trump, ha coincidido con el presidente israelí con el plan más claro para su país. Ha sido la tormenta perfecta y ha llevado a EE UU a esta situación. Trump no suele hacer caso de sus asesores y ve la realidad internacional de manera muy simple. Así que se ha dejado arrastrar por Netanyahu pensando que la campaña contra Irán iba a ser mucho más fácil.
–¿Qué busca Netanyahu?
–Quiere ampliar su perímetro de seguridad, acabar con el Líbano, y que las fronteras de Israel sean con Estados relativamente seguros, no con los que las tiene. Quiere ir experimentando una ampliación de su territorio, de las fronteras, eliminando todo lo que supone una amenaza para la existencia del Estado. Se va a quedar solo en la región prácticamente, desde luego.
«Netanyahu ya está procesado por la Corte Penal Internacional. ¿No sirve de nada? Pues sí sirve, porque cuando ha tenido que viajar por el mundo, no ha pasado por el espacio aéreo europeo ante el temor de que un juez valiente dijera 'hay una orden, tráemelo'
–¿Se erró al no ser más contundente con Israel y con Netanyahu por el genocidio en Gaza?
–No podemos condenar y estigmatizar a un país entero, porque no es justo: muchos israelíes no están de acuerdo con lo que se está haciendo. Pero si me dice que debíamos ser más estrictos con Netanyahu, sí, pero ya está procesado por la Corte Penal Internacional. ¿No sirve de nada? Pues sí sirve, porque cuando ha tenido que viajar por el mundo, no ha pasado por el espacio aéreo de un país europeo ante el temor de que un juez valiente dijera 'hay una orden, tráemelo'. Y Putin iba a visitar Sudáfrica y le dijeron que no fuera porque es país miembro de la Corte.
–¿Será una guerra larga?, ¿con qué consecuencias?
–La guerra ya está siendo relativamente larga. En Oriente Medio, incluso las ofensivas israelíes eran de semanas muchas veces. Y algo que los analistas internacionales ven es que a Irán se le ha dado un arma que no tenía: el control del Estrecho de Ormuz. Eso lo hace todo mucho más difícil, porque ahí hay que entrar con botas sobre el terreno. Y creo que Trump sabe que eso tendría un coste mucho más elevado. No es lo mismo emprender una guerra en la que se disparan drones y misiles que tener hombres allí. La guerra puede alargarse si EE UU no se impone a Israel, si no establece condiciones para que el alto al fuego fructifique y para que se recomponga la situación. No tengo claro que Trump esté dispuesto a hacerlo y Netanyahu a aceptarlo.
Ampliar
Migue Fernández–Puede ser un nuevo Vietnam...
–Ése es el peligro que corre EE UU. No se trata sólo de que Trump haya incumplido las promesas con las que llegó al poder del 'América para los americanos' y del 'dejemos de ser los salvadores del mundo' para dedicarse a sus asuntos, a los del continente americano con la recuperación de la doctrina Monroe rebautizada como 'Donroe'; esas contradicciones le llevan a las puertas de un Vietnam.
«La que no puede y nunca ha apostado por ser un imperio ha sido la UE, por eso está descolocada. La UE quería evitar otra guerra fratricida, apostar por el Derecho, ser una potencia normativa, pero no militar»
–¿El comportamiento de Trump es errático de verdad o responde a una estrategia?
–La estrategia que tiene Trump es la misma que la de Putin o Xi Jinping: convertirse en un imperio dominante. Se nos ha olvidado que las relaciones internacionales nacieron en 1648 con potencias hegemónicas que funcionaban como imperios. Entre los años setenta y noventa, las décadas doradas de la cooperación internacional, esto se suavizó y el mundo se hizo más multipolar: se entendió que cada uno podía ejercer liderazgos parciales, pero no imperial; un país era más poderoso en términos económicos, otro en términos militares... Ahora lo que pretenden es el dominio total. Trump quiere ser un imperio. La que no puede y nunca ha apostado por ser un imperio ha sido la UE, por eso está descolocada. La UE partió de la base de que ya había sido imperio colonial y lo que quería era evitar otra guerra fratricida, apostar por el Derecho, ser una potencia normativa, pero no militar.
–Hay voces que alertan de que Trump podría tratar de perpetuarse en el poder.
–A Trump el Derecho le estorba, sea en el ámbito internacional o en el interno. Su propia Constitución le estorba. Así que va a intentar erosionarlo. Orban, en Hungría, limó el Estado para permanecer en el poder el máximo tiempo posible. Probablemente Trump intente lo mismo. Ya lo ha hecho: lo hizo con la toma del Capitolio y concediendo la amnistía a los que participaron. Y ahora puede intentar retrasar las elecciones: si hay una amenaza internacional, se quedaría todo paralizado. Hay una perversión en el sistema que lleva a que los dirigentes traten de perpetuarse para tener garantías de inmunidad, porque cuando salgan del poder, pueden ser más vulnerables porque tendrían que rendir cuentas de lo que han hecho en el ejercicio de sus funciones.
«Hay una perversión en el sistema que lleva a que los dirigentes traten de perpetuarse para tener garantías de inmunidad»
–Mencionaba a Orban. Su derrota electoral ha generado enormes expectativas. ¿Qué opina?
–Quizás están un poco sobredimensionadas las consecuencias que se esperan. Pero es esencial que Orban haya salido porque Hungría ha sido el único país que ha concitado el apoyo de China, de Rusia y de EE UU. Y eso es preocupante, porque su actuación en el Consejo Europeo era de 'topo': hay audios en los que sale su representante recibiendo instrucciones directas de Putin. La salida de Orban es una buenísima noticia porque Hungría había bloqueado toda la posible ampliación de la política de seguridad y defensa europea y la ayuda a Ucrania. Quien ha ganado las elecciones, Péter Magyar, pertenece al movimiento ultraconservador, pero respecto a la UE supone un cambio sustancial: lo primero que ha dicho es que va a volver a ser un socio fiable. Hay otra cosa que me alegra: lo que ha pasado en Hungría confirma algo que mantengo y es que el binomio Putin-Trump está haciendo de federalizador de la UE; su ataque empuja a una mayor integración. Los gritos de los manifestantes eran 'fuera rusos' y 'Europa, Europa'.
–¿Estallará otra guerra mundial?
–Es que la Tercera Guerra Mundial puede ser, simplemente, el enjambre de guerras que tenemos. Eso es el inicio de la Tercera Guerra Mundial: se ha incrementado el índice de guerras hasta unos niveles que no teníamos desde hacía treinta años. Son veinte conflictos abiertos con más de 10.000 muertos al año. Pero cuando hacemos esta pregunta, en realidad preguntamos otra cosa, que es si se va a hacer uso del arma nuclear. La Tercera Guerra Mundial puede haber comenzado ya porque las guerras mutan, ya no son guerras clásicas como las hemos entendido en el siglo XX; son conflictos híbridos y este mismo enjambre. Pero sí hay un elemento que marcaría un antes y un después: que se usase el arma nuclear en alguno de esos conflictos por alguna de las superpotencias. Eso sí sería, formalmente, diríamos, el inicio de la Tercera Guerra Mundial. Tenemos que restaurar los dos pilares, el de los derechos humanos y el no recurso a la violencia, no debemos renunciar a ellos porque entonces sí que vamos a vivir en la guerra perpetua.
–¿Fue un error no disolver la OTAN cuando acabó el mundo para el que nació, el mundo dividido en dos bloques?
–Cuando se extinguió el Pacto de Varsovia, la OTAN se reinventó, era la expresión de la alianza occidental y tenía un peso simbólico más allá del puramente militar. De hecho, se reinventó y durante un tiempo fue un pacto de defensa orientado hacia la paz. Lo único que ha sido un error es que los países europeos han pensado que la paz iba a ser eterna y que la paz no cuesta. Si hubiéramos tenido un pilar defensivo más fuerte o sin tanta dependencia ahora, estaríamos en otra situación. Ése ha sido un error de cálculo considerable. Ahora la UE tendría más autonomía respecto a EEUU y China, mayor resiliencia respecto a envites como Groenlandia y más capacidad de influencia mundial.
–¿Cree que la ciudadanía en Europa es consciente de la situación?
–Los ciudadanos tenemos que darnos cuenta de que nos lo estamos jugando todo. Y no sólo porque nos suba la gasolina o porque podamos tener problemas para viajar. Es que está en juego la supervivencia de nuestro Estado del Bienestar, de nuestro proyecto, de lo que ha hecho que vivamos estos cuarenta años con más o menos dificultades, pero en paz, base del crecimiento y la prosperidad.
«Admiro la valentía de Pedro Sánchez cuando ha dicho que se trata de una guerra ilegal o que diga que España está comprometida con la legalidad y los derechos humanos. Aunque a todo eso le veo una quiebra gordísima: el Sáhara»
–¿En qué medida Pedro Sánchez alimenta o incluso capitanea el sentimiento europeo?
–Yo soy crítica. Creo que estaría bien que no fuese una política unipersonal de Pedro Sánchez. En lo interno, porque no es una política de Estado, porque no está pactada entre todas las fuerzas políticas; si fuera así, tendría mucho más peso, ya que si ahora Pedro Sánchez pierde las elecciones, se acaba esa posición. La deriva que tienen casi todos los presidentes cuando se encuentran ya en un mandato avanzado es volcarse en la política exterior. Lo hacen como un empeño personal. Pero la política exterior tiene que ser una política de Estado. España, además, no tiene, ni por población ni por PIB, una posición de liderazgo en Europa. Pedro Sánchez tenía que haber consensuado la postura con Francia, con Alemania, y buscar una coalición. Pero hay cosas que admiro, como su valentía cuando ha dicho muy claro y desde el principio que se trata de una guerra ilegal y que está fuera del marco del Derecho Internacional. Y admiro también que diga que España está comprometida en su política exterior con la legalidad y los derechos humanos. Aunque a todo eso le encuentro una quiebra gordísima: el Sáhara. Todavía no ha dado una explicación sobre el cambio de posición. Sánchez dice que España se guía por principios y no por intereses, pero aquí parece que juegan los intereses estratégicos o la presión de Estados Unidos.
Ampliar
Migue Fernández–¿Cuál es el papel que ha de adoptar esa UE que no quiere ser un imperio?
–La Unión Europea tiene que seguir intentando mantener lo que la ha definido, lo que está en su ADN, que es estar formada por Estados democráticos y respetar los derechos humanos. También hay que iniciar una conversación con el sur global, hay que abrirse al mundo. La UE ha vivido de los dividendos de la paz muy cómoda con la alianza occidental con Estados Unidos y se ha ido retirando del mundo y el espacio que ha dejado libre lo ha tomado sobre todo China, que juega con ventaja, porque no le interesan los derechos humanos.
«La cuestión es que no podemos aplicar dobles raseros. ¿O es que no podemos aplicar la responsabilidad de proteger respecto a Estados Unidos y la actuación del ICE con los inmigrantes?»
–¿Qué puede hacer la comunidad internacional ante un régimen como el de Irán, el de Afganistán o el de Arabia Saudí?
–En Derecho está todo inventado. Es la teoría del 'Responsability to Protect', una excepción al no uso de la fuerza que se plantea para cuando un Estado viola los derechos humanos de su población. Eso tuvo cierto recorrido y se asimiló por parte de la ONU que apenas permitía la excepción de la legítima defensa. Pero la cuestión ahí siempre es que no podemos aplicar dobles raseros. Y, también, quién lo aplica y con quién. ¿O es que no podemos aplicar la responsabilidad de proteger respecto a EE UU y la actuación del ICE con los inmigrantes? No podemos tener un doble rasero, una interpretación selectiva de la responsabilidad de proteger. Es decir, en Irán, sí, y en otros casos, no. Además, en Irán se ha comprobado que ha sido contraproducente: era un régimen acorralado y estaba ganando fuerza la oposición que no era la de Reza Pahlevi, sino una construida en términos más democráticos; eso se ha acabado con la intervención.
–¿Y en Venezuela?
–Ahí Trump ha inventado un modelo nuevo y la jugada le ha salido bien. Antes EE UU era mucho más grosero a la hora de cambiar regímenes. Y ahora ha encontrado otro instrumento: aliarse con las clases políticas corruptas de países autoritarios. Así los usa a su servicio y se evita intervenir.
–¿Ahora funciona la diplomacia?
–No la vemos y está bien que no la veamos, pero las redes diplomáticas siguen existiendo. Ahí tenemos el papel de Pakistán. Los procedimientos de arreglo pacífico siguen existiendo. Por eso digo que el Derecho no ha desaparecido totalmente.
- Temas
- Segunda Guerra Mundial
- Política
- Derechos Humanos
- Francia
- Israel
- Sudafrica
- Hungria
- Estrecho de Ormuz
- Pakistan
- Irán
- Málaga
- Groenlandia
- europa
- España
- Ucrania
- Afganistán
- China
- Estados Unidos
- Venezuela
- Sahara
- Alemania
- Arabia Saudita
- Rusia
- Libano
- Vietnam
- Gaza
- Donald Trump
- Vladimir Putin
- Benjamín Netanyahu
- Xi Jinping
- Pedro Sánchez
- Viktor Orbán
- OTAN
- Fundación Unicaja
- UMA - Universidad de Málaga
- Unión Europea
- ONU
- Redes sociales
Límite de sesiones alcanzadas
El acceso al contenido Premium está abierto por cortesía del establecimiento donde te encuentras, pero ahora mismo hay demasiados usuarios conectados a las vez.
Por favor, inténtalo pasados unos minutos.
Sesión cerrada
Al iniciar sesión desde un dispositivo distinto, por seguridad, se cerró la última sesión en este.
Para continuar disfrutando de su suscripción digital, inicie sesión en este dispositivo.
Iniciar sesión Más información¿Tienes una suscripción? Inicia sesión