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La Tierra tuvo suerte: Júpiter apareció justo a tiempo para retener los elementos que permitirían la vida

La Tierra tuvo suerte: Júpiter apareció justo a tiempo para retener los elementos que permitirían la vida
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Júpiter es un planeta grande e inhóspito, pero es bastante posible que le debamos la vida en la Tierra. Y es que, según un estudio publicado recientemente por científicos de la Universidad de Rice con el apoyo de la NASA, el planeta más grande del Sistema Solar actuó como una especie de presa gravitacional para retener en nuestro vecindario algunos de los ingredientes esenciales para la proliferación de organismos vivos. Fósforo y nitrógeno. Estos científicos se han basado en la medición de la proporción entre fósforo y nitrógeno (P/N), dos elementos que se consideran esenciales para la vida en unas proporciones adecuadas. Gracias al análisis de la composición de dos tipos distintos de meteoritos, se pudo comprobar que, inicialmente, la proporción adecuada de P/N se concentraba en la parte externa del sistema solar, muy lejos de donde terminó formándose la Tierra.  Sin embargo, cuando nació el gigante Júpiter, su gran masa provocó una especie de barrera gravitacional que impidió que el fósforo siguiera fluyendo hacia fuera y se concentrara en el interior, de tal manera que la Tierra tuvo la proporción correcta de esas piezas que, unidas a otras, pudieron poco a poco dar lugar a la vida que hoy alberga nuestro planeta. En Xataka El James Webb ha logrado levantar el "velo" de gas galáctico: así es como las estrellas en nacimiento moldean el destino de sus vecinas 4.500 millones de años de historia. El sistema solar se formó a partir de una gran nube de gas y polvo hace 4.500 millones de años. En primer lugar, el gas y el polvo se fusionaron para dar lugar a unos objetos celestes conocidos como planetesimales. Estos fueron colisionando entre sí, liberando pequeñas piezas que con el tiempo se fueron convirtiendo en los planetas y lunas que hoy alberga el Sistema Solar. Algunas, en cambio, no constituyeron ninguno de estos dos objetos, sino que siguieron vagando en forma de asteroides.  Además, si esos asteroides impactan en la Tierra pasan a considerarse meteoritos, que pueden ser de dos tipos. Por un lado tenemos los meteoritos de hierro, que son densos, metálicos y compuestos mayormente por hierro y níquel. En segundo lugar tenemos las condritas, que son rocosas. Estas últimas constituyen la mayor parte de meteoritos que se han recuperado en la Tierra. Unos más antiguos que otros. Hoy en día sabemos que los meteoritos de hierro son más antiguos que las condritas, ya que se formaron a partir de una primera tanda de planetesimales. Las condritas se constituyeron unos 2-3 millones de años más tarde. Tener esto en cuenta es muy importante, pues justamente es lo que se analizó para comprobar cómo se distribuyeron el nitrógeno y el fósforo durante los albores del Sistema Solar. Otros dos elementos entran en acción. Hay otros dos elementos que indican la procedencia de los meteoritos que han impactado en la Tierra. Analizando los ratios de isótopos de níquel y molibdeno se puede saber si los meteoritos proceden de la parte externa o interna del Sistema Solar. Esto es importante, ya que gracias a una serie de experimentos de laboratorio y modelos geoquímicos se pudo comprobar exactamente de dónde provenían los meteoritos y cómo fluctuaron los niveles de fósforo y nitrógeno entre ellos. El cinturón de asteroides separa la parte externa e interna del Sistema Solar De fuera hacia dentro. Ya sabemos que las primeras fases del sistema solar se pueden estudiar en los meteoritos de hierro y las más nuevas en las condritas. También sabemos que tanto unos como otros pueden venir de la parte externa o interna del sistema solar y que eso se averigua analizando los isótopos de níquel y molibdeno. Así, estos científicos vieron que la mayor P/N alta se concentraba inicialmente en la parte externa del sistema solar. Sin embargo, más tarde cambiaron las tornas y pasó a concentrarse en la región interna, justamente en la que se constituyó la Tierra.  Las causas. En sus fases iniciales, el disco protoplanetario en el que se formaron los planetas estaría muy caliente y turbulento. Estas turbulencias provocan un fuerte flujo de materiales hacia el exterior. Con el aumento de temperaturas, el fósforo se condensa en el interior del disco, como parte de un mineral llamado schreibersita. Después, a causa de las turbulencias, fluye hacia el exterior del disco, bastante más frío. El resultado es una acumulación de fósforo en el exterior.  En cuanto al nitrógeno, mediante oxidación se libera de algunos minerales que lo contienen, pero es muy volátil, por lo que se mantiene en niveles más bajos. Eso significa que en las capas externas hay una proporción P/N alta. Es decir, mucho más fósforo que nitrógeno. Cambio de tornas. En las condritas se observa que las tornas cambian. Los elementos de la vida fluyeron hacia el interior. Esto se debe en parte a que el disco ya está más frío después de 3 millones de años, de manera que hay menos turbulencias. Pero no es suficiente para explicar lo que han visto estos científicos. Por eso, consideran que también hay una gran influencia de Júpiter. Los cambios ocurren más o menos a partir del momento en el que se formó este planeta gigante. La sospecha principal es que, al ser tan grande, ejerce una gran influencia gravitacional que actúa como barrera impidiendo que la schreibersita escape hacia fuera.  Por otro lado, a causa del enfriamiento del disco, los minerales portadores de nitrógeno se estabilizan en el exterior. Eso quiere decir que el exterior se enriquece en nitrógeno, mientras que el interior se empobrece. Sumado a la retención de fósforo interior, el resultado es una proporción P/N interna alta, que coincide con la que hoy en día tenemos en la Tierra y, posiblemente, sirvió como pistoletazo de salida para la formación de vida. En definitiva, Júpiter nos echó un cable. No nos regaló los ingredientes para vivir, pero sí evitó que se escapasen de nuestro vecindario. Ahí estuvo la clave.  Imagen | Comparación del tamaño de Júpiter y la Tierra (NASA) | Sistema Solar (NASA) En Xataka | Llevamos años estudiando los planetas de TRAPPIST-1 con una gran esperanza. El James Webb acaba de tumbarla - La noticia La Tierra tuvo suerte: Júpiter apareció justo a tiempo para retener los elementos que permitirían la vida fue publicada originalmente en Xataka por Azucena Martín .
La Tierra tuvo suerte: Júpiter apareció justo a tiempo para retener los elementos que permitirían la vida

No nos regaló los ingredientes para la vida, pero los mantuvo en nuestro vecindario

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Azucena Martín

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Júpiter es un planeta grande e inhóspito, pero es bastante posible que le debamos la vida en la Tierra. Y es que, según un estudio publicado recientemente por científicos de la Universidad de Rice con el apoyo de la NASA, el planeta más grande del Sistema Solar actuó como una especie de presa gravitacional para retener en nuestro vecindario algunos de los ingredientes esenciales para la proliferación de organismos vivos.

Fósforo y nitrógeno. Estos científicos se han basado en la medición de la proporción entre fósforo y nitrógeno (P/N), dos elementos que se consideran esenciales para la vida en unas proporciones adecuadas. Gracias al análisis de la composición de dos tipos distintos de meteoritos, se pudo comprobar que, inicialmente, la proporción adecuada de P/N se concentraba en la parte externa del sistema solar, muy lejos de donde terminó formándose la Tierra. 

Sin embargo, cuando nació el gigante Júpiter, su gran masa provocó una especie de barrera gravitacional que impidió que el fósforo siguiera fluyendo hacia fuera y se concentrara en el interior, de tal manera que la Tierra tuvo la proporción correcta de esas piezas que, unidas a otras, pudieron poco a poco dar lugar a la vida que hoy alberga nuestro planeta.

En XatakaEl James Webb ha logrado levantar el "velo" de gas galáctico: así es como las estrellas en nacimiento moldean el destino de sus vecinas

4.500 millones de años de historia. El sistema solar se formó a partir de una gran nube de gas y polvo hace 4.500 millones de años. En primer lugar, el gas y el polvo se fusionaron para dar lugar a unos objetos celestes conocidos como planetesimales. Estos fueron colisionando entre sí, liberando pequeñas piezas que con el tiempo se fueron convirtiendo en los planetas y lunas que hoy alberga el Sistema Solar. Algunas, en cambio, no constituyeron ninguno de estos dos objetos, sino que siguieron vagando en forma de asteroides. 

Además, si esos asteroides impactan en la Tierra pasan a considerarse meteoritos, que pueden ser de dos tipos. Por un lado tenemos los meteoritos de hierro, que son densos, metálicos y compuestos mayormente por hierro y níquel. En segundo lugar tenemos las condritas, que son rocosas. Estas últimas constituyen la mayor parte de meteoritos que se han recuperado en la Tierra.

Unos más antiguos que otros. Hoy en día sabemos que los meteoritos de hierro son más antiguos que las condritas, ya que se formaron a partir de una primera tanda de planetesimales. Las condritas se constituyeron unos 2-3 millones de años más tarde. Tener esto en cuenta es muy importante, pues justamente es lo que se analizó para comprobar cómo se distribuyeron el nitrógeno y el fósforo durante los albores del Sistema Solar.

Otros dos elementos entran en acción. Hay otros dos elementos que indican la procedencia de los meteoritos que han impactado en la Tierra. Analizando los ratios de isótopos de níquel y molibdeno se puede saber si los meteoritos proceden de la parte externa o interna del Sistema Solar. Esto es importante, ya que gracias a una serie de experimentos de laboratorio y modelos geoquímicos se pudo comprobar exactamente de dónde provenían los meteoritos y cómo fluctuaron los niveles de fósforo y nitrógeno entre ellos.

El cinturón de asteroides separa la parte externa e interna del Sistema Solar

De fuera hacia dentro. Ya sabemos que las primeras fases del sistema solar se pueden estudiar en los meteoritos de hierro y las más nuevas en las condritas. También sabemos que tanto unos como otros pueden venir de la parte externa o interna del sistema solar y que eso se averigua analizando los isótopos de níquel y molibdeno. Así, estos científicos vieron que la mayor P/N alta se concentraba inicialmente en la parte externa del sistema solar. Sin embargo, más tarde cambiaron las tornas y pasó a concentrarse en la región interna, justamente en la que se constituyó la Tierra. 

Las causas. En sus fases iniciales, el disco protoplanetario en el que se formaron los planetas estaría muy caliente y turbulento. Estas turbulencias provocan un fuerte flujo de materiales hacia el exterior. Con el aumento de temperaturas, el fósforo se condensa en el interior del disco, como parte de un mineral llamado schreibersita. Después, a causa de las turbulencias, fluye hacia el exterior del disco, bastante más frío. El resultado es una acumulación de fósforo en el exterior. 

En cuanto al nitrógeno, mediante oxidación se libera de algunos minerales que lo contienen, pero es muy volátil, por lo que se mantiene en niveles más bajos. Eso significa que en las capas externas hay una proporción P/N alta. Es decir, mucho más fósforo que nitrógeno.

Cambio de tornas. En las condritas se observa que las tornas cambian. Los elementos de la vida fluyeron hacia el interior. Esto se debe en parte a que el disco ya está más frío después de 3 millones de años, de manera que hay menos turbulencias. Pero no es suficiente para explicar lo que han visto estos científicos. Por eso, consideran que también hay una gran influencia de Júpiter. Los cambios ocurren más o menos a partir del momento en el que se formó este planeta gigante. La sospecha principal es que, al ser tan grande, ejerce una gran influencia gravitacional que actúa como barrera impidiendo que la schreibersita escape hacia fuera. 

Por otro lado, a causa del enfriamiento del disco, los minerales portadores de nitrógeno se estabilizan en el exterior. Eso quiere decir que el exterior se enriquece en nitrógeno, mientras que el interior se empobrece. Sumado a la retención de fósforo interior, el resultado es una proporción P/N interna alta, que coincide con la que hoy en día tenemos en la Tierra y, posiblemente, sirvió como pistoletazo de salida para la formación de vida. En definitiva, Júpiter nos echó un cable. No nos regaló los ingredientes para vivir, pero sí evitó que se escapasen de nuestro vecindario. Ahí estuvo la clave. 

Imagen | Comparación del tamaño de Júpiter y la Tierra (NASA) | Sistema Solar (NASA)

En Xataka | Llevamos años estudiando los planetas de TRAPPIST-1 con una gran esperanza. El James Webb acaba de tumbarla

Fuente original: Leer en Xataka
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