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Política

La tragedia colectiva también es (y sobre todo) política

La tragedia colectiva también es (y sobre todo) política
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Han enterrado en Aljaraque a los cuatro miembros de la misma familia que fallecieron en el choque de trenes de Adamuz. Una mujer embarazada continúa ingresada en la UCI. De las 45 víctimas mortales, 28 son de Huelva. Quedan heridos del accidente en hospitales y en sus casas. El desastre es gigante. Nadie tiene aún la clave del drama en esas vías o en esos convoyes. El perro Boro se ha dejado rescatar.

La difícil serenidad fatiga a los nerviosos. Una vez que den tierra al último de los cadáveres de la tragedia se hará sitio en primera fila el cancán del politiqueo habitual: la reyerta, la grosería, el vociferio. Como es costumbre, la verdad será lo último en aparecer y emergerá (por defecto) sospechosa y cansada. Muertos y heridos serán entonces los primeros en ser olvidados por casi todos. Si el problema está en las vías, alguien aprobó el proyecto de hacer o rehacer la vía, alguna empresa presentó un plan de acción y se hizo con un dinero por realizar las obras, tuvo que haber expertos designados para supervisar el tema y entre ellos no sería extraño que algunos profesionales descuidaran su obligación de mantenimiento o dejaron pasar las denuncias por el mal estado de los hierros. Siempre hay un culpable y hasta saber quién es (o quiénes son) es preferible no malgastar munición.

La primera boya política de este asunto es la cabeza del ministro Óscar Puente. Las demás cabelleras (presuntas) permanecen anónimas (todavía) y quizá se muerden a esta hora el alma en Adif o trasteando informes viejos en algún galpón de Renfe o a saber en qué despachos y con qué sueldos y cuál es su actividad de lunes a viernes. Pedro Sánchez está en el punto de mira, claro. Pero dudo que esta culpa lo arrase. Desconozco si la corrupción tiene responsabilidad en el accidente. A lo mejor la tiene y hay que empezar la siega por arriba. Cuando los muertos se pueden evitar, los políticos necios y los malos técnicos deben salir por la primera puerta. Puede que no haya corrupción de esa manera y todo sea un desastre sucesivo de abandono de funciones, de mal estado de la responsabilidad en España. Pronto conoceremos si los muertos del domingo en Adamuz podrían estar hoy vivos en Madrid, en Málaga, en Huelva, en cualquier lugar.

Como todo es política, una tragedia así lo es sobre todas las cosas. El mal azar parece poca explicación en este drama. El desastre inmediato, directo, tremendo, asombros, letal, es igual de mala política que cualquier balandronada de Trump en Davos o de sus armonicistas de Vox en Bambú. (Esta gente cree en todo lo que hace daño). Cuando la dana aprendimos del caos que genera la incompetencia y la mentira a destajo y lo indecente de salir huyendo en dirección contraria al dolor de la gente abandonada. Lo hizo el infame Mazón y lo consignó, entre otros, el irrecuperable Cuenca (José Manuel). Ahora se va con más cuidado, pero están los viejos cuchillos tiritando bajo el polvo (Lorca). Los investigadores de la Guardia Civil empeñados en encontrar explicación a lo que debe tenerla (en los raíles o en los vagones) no parecen fáciles de chulear.

Una cosa está clara: al Gobierno le vuelven a salir mal demasiadas cosas demasiado pronto en otro año quizá definitivo. (Los trenes, los maquinistas, Adif, las víctimas, los médicos, los ganaderos, La travesía va a ser larga, azarosa, llena de escollos. Cuando se habla de un Gobierno sólo importa la política, de lo demás nos encargamos los ciudadanos. La eficacia, la transparencia y las explicaciones en política son su sentido primero y último. Despolitizar según qué realidades es desdemocratizar la democracia, jugar sucio. De eso también sabemos un rato. Pero antes de politizar lo politizable habrá que conocer razones contrastadas, informes, estudios, conclusiones sobre el qué, el por qué y el quién estaba al tanto y no hizo nada favoreciendo que los trenes en España dejen de funcionar de esta manera salvaje matando a tantos. Política al fin y al cabo.

Fuente original: Leer en El Mundo - España
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