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Internacional

La tragedia ferroviaria exhibe la consistencia de la vía andaluza

La tragedia ferroviaria exhibe la consistencia de la vía andaluza
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Juanma Moreno sale claramente reforzado tras mantener un alto perfil institucional durante la gestión de la crisis, pero lo más difícil llega ahora con el fin de la tregua política

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Moreno, el pasado jueves en Adamuz. Francisco J. Olmo / Europa Press

Héctor Barbotta

Sevilla

Domingo, 25 de enero 2026, 01:05

... sobre el terreno en Adamuz el pasado jueves ilustra posiblemente como pocas la plasmación en los hechos de una convicción política. Juanma Moreno está convencido de que su estrategia de moderación es un sustento esencial para asentar el proyecto que viene aplicando desde que consiguió la presidencia de la Junta tras haberlo cocinado a fuego lento, primero por intuición y después de manera calculada, desde que dio sus primeros pasos en política.

Luto oficial

Hubo un momento de la comparecencia del presidente andaluz en Adamuz que bien puede servir para explicar en una sola respuesta esta posición de Moreno. Le preguntaron si compartía el discurso de la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, que acusó al Gobierno de ganar tiempo para buscar culpables sobre la catástrofe ferroviaria. El presidente andaluz fue cristalino: «Estamos de luto oficial, hace escasamente tres horas que hemos extraído dos cadáveres, dos familias rotas. No voy a entrar en polémica. No soy una persona de polémica y mucho menos en el día de hoy».

Aunque la 'vía andaluza' parece estar naturalizada en la estrategia de Moreno, tanto por convicción propia como por el convencimiento de que lo que menos le conviene es contribuir a la agitación de un debate público ya suficientemente radicalizado, no debería darse por hecho que mantener esa línea supone un camino fácil. A simple vista se vislumbran fuerzas externas e internas que parecen empujar para desviarse de ese carril de la moderación.

Fue la decisión de Moreno de no salirse del tono institucional lo que impuso la tregua política

Las externas están visibles. No hay que hacer un gran ejercicio de memoria para recordar las acusaciones, personalizadas, que se lanzaron durante la reciente crisis de los cribados contra el presidente de la Junta, de quien se le llegó a decir en sede parlamentaria que por su culpa en Andalucía quien no tiene dinero para pagarse un seguro privado está condenado a morir si padece cáncer. No hay que hacer un gran ejercicio de imaginación para adivinar cuál hubiera podido ser la respuesta homóloga utilizando como escenografía la imagen de los vagones destrozados en Adamuz.

Debate interno

Las internas están menos visibles, pero también existen. En el Partido Popular se desarrolla un inocultable debate interno sobre cómo hacer frente a la ofensiva de Vox que amenaza con terminar con todas sus mayorías en las asambleas autonómicas. No es lo mismo escuchar hablar al secretario general, Miguel Tellado, o a Díaz Ayuso que al vicesecretario de Economía, Juan Bravo. La gran ventaja de Moreno es que su autonomía dentro del PP es absoluta para tomar decisiones y trazar estrategias. Nadie va a levantar el teléfono para sugerirle que suba el pistón.

Si en Andalucía también hay opiniones favorables a responder con las tripas a las críticas que se reciben, estas no se han dejado oir. Por ello, no cabe esperar que Moreno se mueva un milímetro de su estrategia ni tampoco que mande a nadie a hacer de policía malo en el debate público.

Hay quienes creen que la gran dificultad para mantenerse en esta posición de moderación la tuvo el presidente de la Junta en los primeros días después del accidente, cuando el ambiente en las redes sociales y en cierta prensa, unido a los antecedentes de situaciones análogas con la dana, los incendios del pasado verano o la propia crisis de los cribados invitaba a sacar ahora toda la artillería contra el Gobierno. Máxime cuando la posible diana de las críticas podía ser un ministro que no destaca precisamente por la contención a la hora de exponer argumentos.

Tono institucional

Ante ese escenario, fue el propio Moreno quien con su decisión de no salirse del tono institucional impuso el marco de una tregua política del que apenas nadie se ha atrevido a moverse.

Sin embargo, la prueba de fuego vendrá cuando, seguramente tras el funeral de Estado previsto para el 31 de este mes, esa tregua política salte por los aires si no lo ha hecho antes.

Resulta indiscutible que el debate sobre el estado de las infraestructuras ferroviarias es anterior a la tragedia de Adamuz y que el accidente no hará, en todo caso, otra cosa que potenciarlo teniendo en cuenta que ahora ya no se estará hablando de retrasos, cancelaciones o incomodidades, sino de inseguridad, de peligro para la vida y de responsabilidades por lo sucedido. Y tampoco se puede discutir que el Gobierno andaluz tendrá, en ese debate inaplazable, la obligación de asumir la representación legítima de las víctimas y exigir responsabilidades.

Hacerlo en un tono que reafirme la convicción de que la vía andaluza es algo más que un eslogan de oportunidad política es el gran reto que Juanma Moreno y los suyos tienen ahora por delante.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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