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La transformación del modelo empresarial

La transformación del modelo empresarial
Artículo Completo 862 palabras
LA TRIBUNA La transformación del modelo empresarial

JOSÉ M. DOMÍNGUEZ MARTÍNEZ

CATEDRÁTICO DE HACIENDA PÚBLICA DE LA UNIVERSIDAD DE MÁLAGA

Domingo, 22 de febrero 2026, 01:00

... institucionales, aunque con una clara concentración en algunas categorías. De los 3,31 millones de empresas computadas en 2025, más de la mitad (56,2%) corresponden a personas físicas (empresarios autónomos) y más de un tercio (34,1%) a las sociedades de responsabilidad limitada.

¿Qué es una empresa?, ¿por qué existe?, ¿para qué?, ¿tiene una capacidad económica autónoma?, ¿quién es el propietario?, ¿quién la gestiona?, ¿quién la controla? Ciertamente, muchas de las que entendíamos como certezas acerca de la empresa se han difuminado, y algunos de los interrogantes básicos que creíamos resueltos han vuelto a abrirse.

La disminución de los costes de transacción entre los agentes que participan en la producción es la razón económica que apuntó Coase como justificación de la creación de empresas. Es una causa que no sólo no ha perdido vigencia, sino que incluso se ve realzada a tenor de la importancia de la externalización de servicios. Lograr una mejor combinación de factores productivos y recursos, frente a su uso independiente, sigue siendo una motivación esencial, en tanto que la dimensión óptima se ve condicionada por la tecnología y el alcance de las interrelaciones económicas.

El propósito que debe guiar la gestión de una sociedad mercantil ocupa un lugar central en el debate. Durante mucho tiempo ha prevalecido la visión de que debía ser la creación de 'valor para el accionista'. Más recientemente, ha irrumpido el denominado 'capitalismo de las partes interesadas', que aboga por incorporar los intereses de los 'stakeholders' (clientes, empleados, proveedores, y sociedad en general). Es evidente que la aportación de un beneficio a los clientes debe colocarse en el foco de toda actividad empresarial. Las directrices emanadas de la Escuela de Salamanca son una guía esclarecedora, que vino a anticipar la idea moderna de responsabilidad social corporativa. Según los doctores escolásticos, la actividad comercial ha de entenderse como deshonesta, si se dirige exclusivamente al logro de una ganancia. Para ser lícita, además del sustento del comerciante, debe encaminarse a la satisfacción de necesidades sociales.

Algunos cambios sustanciales son perceptibles en el caso de las grandes corporaciones. Las que protagonizaron el despegue industrial en la primera parte del siglo veinte se caracterizaban por basarse en la propiedad de grandes instalaciones y equipamientos. Contaban con mucho capital físico y extensas plantillas integradas por personas, con perfil homogéneo, sujetas a rígidos procesos organizativos.

En contraposición, las corporaciones que hoy dominan el mercado presentan unos rasgos muy diferentes. En su mayoría, no son compañías industriales, sino proveedoras de servicios minoristas. En lugar de ser propietarias de instalaciones y medios, en gran medida acceden a estos a través de contratos de arrendamiento. La alta cotización bursátil alcanzada es muy superior al valor que reflejan los libros de contabilidad, y la mayor parte de su capital tiene un carácter intangible. Los esquemas organizativos no responden a una producción en línea, sino que se basan en la interacción de un talento disperso no compatible con el mero dictado de pautas jerárquicas. Están en el mercado bursátil, no para recabar fondos, sino para posibilitar que los inversores materialicen sus ganancias.

Otra tendencia se ha acentuado en los últimos tiempos. Teóricamente, desde una base estrictamente jurídica, parece lógico que quienes gestionen y controlen una sociedad de capital sean sus propietarios. Los gestores designados deben responder a las directrices que marquen aquellos. En algunos casos, la figura de los directivos ha ido cobrando mayor autonomía hasta el punto de que se han convertido en los propietarios de facto (capitalismo gerencial).

Este fenómeno ha alterado el ciclo de generación de riqueza. Antes se partía de una riqueza personal que se destinaba a la adquisición de capital para controlar las empresas. Ahora arranca desde la posición de control ejercida por los ejecutivos y va hacia la riqueza personal. Según Kay, «los ejecutivos derivan su autoridad y su poder económico, no de su propiedad de los medios de producción ni de su riqueza, sino de su papel en la organización». Decididamente, las transformaciones acontecidas demandan una aguda reformulación de la teoría económica de la empresa y, asimismo, en paralelo, una revisión de los esquemas de gobierno corporativo.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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