León XIV, este martes a su llegada a la catedral de Barcelona.
Editorial EL RUGIDO DEL LEÓN La universalidad del mensaje del Papa deja en evidencia la voluntad excluyente del separatismo Publicada 10 junio 2026 01:54hEl separatismo catalán ha fracasado en su intento de instrumentalizar un acontecimiento de trascendencia internacional, como es el viaje pastoral del Papa a Barcelona, para promover su agenda sectaria.
Días antes de la llegada de León XIV a España, los distintos sectores del nacionalismo pusieron en marcha una agresiva campaña para amplificar una controversia artificial a propósito del uso de las lenguas en los actos pontificios en Cataluña.
La previsión en la agenda de la Santa Sede de un uso mayoritario (que no exclusivo) del castellano en las celebraciones litúrgicas bastó para que los partidos y colectivos independentistas acusaran al Vaticano de menospreciar la lengua propia de la región.
Y el nacionalismo persistió en su absurdo empeño, incluso, mostrando su irreverencia ante las exigencias de decoro institucional que imponía la intervención de León XIV en el Congreso de los Diputados.
Durante la recepción oficial al Papa en la antesala de la Cámara, los portavoces de Junts, Míriam Nogueras y Eduard Pujol, rompieron el protocolo en una escena sonrojante para instarle directamente a una rectificación lingüística.
Por suerte, la diplomacia vaticana ha demostrado hábilmente una sensatez muy superior a las de sus detractores identitarios.
Durante la homilía pronunciada este martes en la Catedral de Barcelona, León XIV zanjó este debate inducido alternando con total fluidez el castellano y el catalán.
Con gestos como iniciar su alocución en el altar mayor dirigiéndose a los fieles en su propio idioma, o emplear fórmulas tradicionales de saludo, quedó desactivado el relato del agravio y la marginación idiomática.
Pero así como el Papa ha hecho un alarde de sensibilidad hacia la idiosincrasia cultural de Cataluña, ha alertado también contra el peligro de la fragmentación social. Que es justamente a lo que conducen planteamientos divisivos como los del separatismo. El Pontífice reclamó a los ciudadanos ser "constructores de unidad y acogida".
Con este enfoque, León XIV se las ha arreglado para conjugar el reconocimiento de la peculiaridad local con una ambición netamente universal.
El discurso del pontífice ejemplifica la capacidad del mensaje cristiano para trascender fronteras e integrar identidades plurales en una unidad que no borra la diversidad. Una visión global y abierta que contrasta frontalmente con la doctrina del nacionalismo catalán, cuya única aspiración es acentuar las diferencias para buscar la confrontación allí donde existe una variedad enriquecedora.
Las palabras bilingües y conciliadoras de León XIV no sólo han hecho naufragar la operación de agitación de los nacionalistas más irredentos: han contribuido a poner en evidencia, por contraste, la voluntad excluyente de un secesionismo que reduce tanto la lengua como la religión a la condición de armas arrojadizas.