Imagina que nunca has salido de tu casa. ¿Qué podrías dibujar mejor? Tu propio edificio o el edificio de enfrente? La respuesta es sencilla. Si nos asomamos por la ventana, podremos ver con detalle el edificio de enfrente, pero no tenemos ni idea de cómo es ese en el que vivimos. Con las galaxias pasa lo mismo. Hay datos que es más fácil analizar de las galaxias vecinas que de la Vía Láctea. Por eso, durante mucho tiempo, su aspecto ha sido un misterio y su tamaño una estimación muy somera. Gracias a la misión Gaia, de la ESA, pudimos tener el mapa más preciso de nuestra galaxia y, con él, conocer mucho mejor su estructura. Sabemos, por ejemplo, que consta de 4 brazos, en vez de dos, como solíamos pensar. Ahora, mediante una colaboración de la ESA y la NASA, también hemos descubierto el tamaño de la Vía Láctea.
Un 10% más grande. Científicos de la NASA y la ESA han logrado medir el tamaño de la Vía Láctea mediante sus dos observatorios de rayos X: el XMM-Newton, de la Agencia Espacial Europea, y el Chandra, de la estadounidense. Se han usado este tipo de observatorios porque la medición se ha realizado a través del análisis de los rayos X liberados por estallidos de rayos gamma en otras galaxias. Así, han visto que la distancia entre los dos brazos más externos de la Vía Láctea es un 10% mayor de lo que se había calculado hasta el momento.
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¿Qué tienen que ver los rayos X? Los estallidos de rayos gamma son las explosiones más energéticas del Universo. Aunque destacan los rayos que le dan nombre, estas explosiones suelen ir seguidas de una emisión en el resto del rango electromagnético conocida como postluminiscencia. Aquí destacan los rayos X, que pueden medirse gracias a los observatorios de la ESA y la NASA. Estos rayos X procedentes de las galaxias vecinas salen disparados en todas las direcciones, por lo que algunos pueden llegar hasta la Vía Láctea y, por supuesto, también hasta la Tierra.
En ese último caso, hay algunos que llegan directamente y otros que llegan después de ser dispersados por las nubes de polvo de los brazos de nuestra galaxia. Detectar estos dos tipos de rayos X es lo que permite determinar el tamaño de la Vía Láctea.
La importancia del ángulo. Los rayos X que viajan directamente a la Tierra son los primeros que captan los observatorios. A continuación llegan los que han sido dispersados por las nubes de polvo. Como llegan desde muchas direcciones, en los detectores se ve como un círculo en cuyo centro se encuentran los rayos X que llegan directos y, alrededor, los dispersados. Aunque en realidad son varios círculos concéntricos. Cada uno de ellos se corresponde con los rayos X que han sido dispersados a una misma distancia. En el caso de las galaxias, desde un mismo brazo.
Con todo esto, se pueden inferir los cálculos que permiten detectar a qué distancia están unos brazos de otros. Hasta ahora, solo se habían hecho estimaciones, pero en este caso se han medido las distancias gracias a tres estallidos de rayos gamma medidos en tres de los cuatro brazos de nuestra galaxia: Perseo, el exterior y el exterior Scutum-Centaurus. Para saber el tamaño de la Vía Láctea solo hay que medir la distancia entre los brazos más externos. Se observó que la distancia entre estos y el centro es un 10% mayor de lo que se había medido hasta ahora, por lo que la galaxia es más grande de lo que creíamos.
Lejos de la jubilación. Tanto Chandra como XMM-Newton se lanzaron en 1999. Podríamos pensar que ya están desfasadas, pero siguen dándonos datos tan importantes como el tamaño de la Vía Láctea. La clave está en saber utilizar la información que pueden captar. en este caso, los cálculos se han basado, precisamente, en mirar por la ventana hacia la casa del vecino. Porque hasta ahora no habíamos visto que podíamos dibujar nuestro propio edificio observando la sombra en el de enfrente.
Imágenes | Magnific | ESA/Gaia/DPAC, Stefan Payne-Wardenaar, ESA/XMM-Newton y NASA/Chandra
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La noticia
La Vía Láctea es un 10% más grande de lo que pensábamos, y lo hemos descubierto mirando explosiones en otras galaxias
fue publicada originalmente en
Xataka
por
Azucena Martín
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La Vía Láctea es un 10% más grande de lo que pensábamos, y lo hemos descubierto mirando explosiones en otras galaxias
Si no puedes dibujar tu casa, mira la sombra en la del vecino
Imagina que nunca has salido de tu casa. ¿Qué podrías dibujar mejor? Tu propio edificio o el edificio de enfrente? La respuesta es sencilla. Si nos asomamos por la ventana, podremos ver con detalle el edificio de enfrente, pero no tenemos ni idea de cómo es ese en el que vivimos. Con las galaxias pasa lo mismo. Hay datos que es más fácil analizar de las galaxias vecinas que de la Vía Láctea. Por eso, durante mucho tiempo, su aspecto ha sido un misterio y su tamaño una estimación muy somera. Gracias a la misión Gaia, de la ESA, pudimos tener el mapa más preciso de nuestra galaxia y, con él, conocer mucho mejor su estructura. Sabemos, por ejemplo, que consta de 4 brazos, en vez de dos, como solíamos pensar. Ahora, mediante una colaboración de la ESA y la NASA, también hemos descubierto el tamaño de la Vía Láctea.
Un 10% más grande. Científicos de la NASA y la ESA han logrado medir el tamaño de la Vía Láctea mediante sus dos observatorios de rayos X: el XMM-Newton, de la Agencia Espacial Europea, y el Chandra, de la estadounidense. Se han usado este tipo de observatorios porque la medición se ha realizado a través del análisis de los rayos X liberados por estallidos de rayos gamma en otras galaxias. Así, han visto que la distancia entre los dos brazos más externos de la Vía Láctea es un 10% mayor de lo que se había calculado hasta el momento.
¿Qué tienen que ver los rayos X? Los estallidos de rayos gamma son las explosiones más energéticas del Universo. Aunque destacan los rayos que le dan nombre, estas explosiones suelen ir seguidas de una emisión en el resto del rango electromagnético conocida como postluminiscencia. Aquí destacan los rayos X, que pueden medirse gracias a los observatorios de la ESA y la NASA. Estos rayos X procedentes de las galaxias vecinas salen disparados en todas las direcciones, por lo que algunos pueden llegar hasta la Vía Láctea y, por supuesto, también hasta la Tierra.
En ese último caso, hay algunos que llegan directamente y otros que llegan después de ser dispersados por las nubes de polvo de los brazos de nuestra galaxia. Detectar estos dos tipos de rayos X es lo que permite determinar el tamaño de la Vía Láctea.
La importancia del ángulo. Los rayos X que viajan directamente a la Tierra son los primeros que captan los observatorios. A continuación llegan los que han sido dispersados por las nubes de polvo. Como llegan desde muchas direcciones, en los detectores se ve como un círculo en cuyo centro se encuentran los rayos X que llegan directos y, alrededor, los dispersados. Aunque en realidad son varios círculos concéntricos. Cada uno de ellos se corresponde con los rayos X que han sido dispersados a una misma distancia. En el caso de las galaxias, desde un mismo brazo.
Con todo esto, se pueden inferir los cálculos que permiten detectar a qué distancia están unos brazos de otros. Hasta ahora, solo se habían hecho estimaciones, pero en este caso se han medido las distancias gracias a tres estallidos de rayos gamma medidos en tres de los cuatro brazos de nuestra galaxia: Perseo, el exterior y el exterior Scutum-Centaurus. Para saber el tamaño de la Vía Láctea solo hay que medir la distancia entre los brazos más externos. Se observó que la distancia entre estos y el centro es un 10% mayor de lo que se había medido hasta ahora, por lo que la galaxia es más grande de lo que creíamos.
Lejos de la jubilación. Tanto Chandra como XMM-Newton se lanzaron en 1999. Podríamos pensar que ya están desfasadas, pero siguen dándonos datos tan importantes como el tamaño de la Vía Láctea. La clave está en saber utilizar la información que pueden captar. en este caso, los cálculos se han basado, precisamente, en mirar por la ventana hacia la casa del vecino. Porque hasta ahora no habíamos visto que podíamos dibujar nuestro propio edificio observando la sombra en el de enfrente.
Imágenes | Magnific | ESA/Gaia/DPAC, Stefan Payne-Wardenaar, ESA/XMM-Newton y NASA/Chandra