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Obra de Miguel Martínez Gómez, colgada en el Museo Doña Pakyta. SURDomingo, 15 de marzo 2026, 08:54
... de la Desbandá, aunque la Huía antes de llegar al cabo de Gata pasó por la costa de Granada y desde ahí a veces se extendió hasta Alicante e incluso atravesó los Pirineos escapando de los fascistas.Pero íbamos a hablar de Almería. De la provincia que ahora es un mar de plástico apabullante, deslumbrante. La primera vez que observas ese paisaje te puedes descubrir fotografiándolo, que al lado se siente un joven negro, se te pase por la mente que seguramente trabaje en los invernaderos y que qué va a pensar de ti que consideras una atracción turística, un espectáculo, ese sitio en el que él se desloma. Lejos de molestarse, el muchacho abre un paquete de chicles, toma uno, y ofrece a su vecina de asiento otro. Ella se plantea si no es un prejuicio racista pensar que como es joven y negro ese chico ha de trabajar forzosamente bajo los plásticos que han de crear un efecto climático que terminará derritiendo su cuerpo mientras planta y recoge frutas y hortalizas. El autobús, de hecho, va en una gran proporción ocupado por jóvenes subsaharianos.
«No son como nosotros, créame. En Valladolid, por lo menos, la gente es de otra manera. Cuando alguno tiene algo contra usted, se lo dice abiertamente, a la cara. En esta tierra, no. Muchas alharacas, sonrisas y, cuando uno se va, lo ponen como un trapo»
La Almería previa a los plásticos era la que contó Juan Goytisolo en 'Campos de Níjar'. Ya en 1960 el autor se mostraba sorprendido por ese paisaje desértico y cómo reclamaba árboles: el ecologismo de entonces colgaba pancartas 'Más árboles, más agua'. «En Almería no hay arbolado porque no llueve y no llueve porque no hay arbolado. Sólo el esfuerzo tenaz de ingenieros y técnicos y la generosa aportación de capitales podrán romper un día el círculo vicioso y ofrendar a esa tierra desmerecida un futuro con agua y con árboles». Goytisolo retrató esa tierra que en el libro se tilda de «la más pobre de España», pero también su carácter, lo que resuena en la cabeza de alguien que viene del norte como este personaje de 'Campos de Níjar' que dice: «No son como nosotros, créame. En Valladolid, por lo menos, la gente es de otra manera. Cuando alguno tiene algo contra usted, se lo dice abiertamente, a la cara. En esta tierra, no. Muchas alharacas, sonrisas y, cuando uno se va, lo ponen como a un trapo». Al lector dejamos que valore si este rasgo de personalidad hermana a almerienses con malagueños como los ingenios azucareros hacen lo propio entre Granada y Málaga.
Agustín Gómez Arcos: 'Ana no' y 'El niño pan'
Juan Goytisolo escribió su viaje por Almería viniendo desde su Barcelona natal. Para Agustín Gómez Arcos, Almería era el lugar de nacimiento que abandonó primero para irse a estudiar a Barcelona y luego a Madrid para después emprender el exilio a Londres y a París, donde murió y está enterrado. Un documental, 'Un hombre libre', rescata su historia. Y la editorial Cabaret Voltaire está reeditando sus obras. En 'El niño pan' cuenta la inmediata posguerra o, mejor, la derrota en la Guerra de España a través de los ojos de un pequeño obsesionado con el pan que se llega a cocer en su casa pero que no puede probar porque está reservado a los vencedores. La historia sucede en un pueblo de Almería e intercala alegatos pacifistas con personajes llenos de lucha y dignidad y otros cuajados de miserias. Pero si 'El niño pan' ofrece la oportunidad de adentrarse en las historias corrientes de quienes no fueron los grandes protagonistas de la Historia, sino sus pequeños sufridores, 'Ana no' es la quintaesencia de cómo una guerra pasa como una apisonadora sobre la vida de las mujeres. Ana no sale de su pueblo de Almería cargada con un pan dulce que para ella es casi un bizcocho para llevárselo al único hijo que le dejó vivo la guerra y que está preso en una cárcel franquista. No tiene dinero para el tren y va andando siguiendo las vías rumbo al norte. Así cruza entera esa España mísera pero poblada por gentes que Gómez Arcos retrata con lirismo, pero sin ningún sentimentalismo.
Los paisajes que describen Goytisolo y Gómez Arcos toman forma pictórica en los cuadros de los artistas almerienses, por ejemplo, de Miguel Martínez Gómez o de Miguel Cantón Checa, que retratan el deprimido barrio de La Chanca. Son obras casi cubistas y recuerdan a las de Cézanne. Quizás les faltan humanos y costumbrismo. Pero las construcciones, las casas, que reproducen hablan por sí solas del tiempo pasado, como lo hacen los extensos invernaderos que a veces llegan hasta pie de playa del actual. Su sola presencia sugiere las vidas que albergan. Estos cuadros del movimiento Indaliano (el primero de vanguardia que surgió en Almería tras la Guerra Civil) se pueden ver, sorpresivamente, en un caserío vasco (el Museo Doña Pakyta) plantado en pleno centro de Almería. Es un capricho historicista que guarda un patrimonio injustamente desconocido en otros puntos del país; no sucede lo mismo con el contenido del Museo del Realismo, muy popular por el archiconocido Antonio López.
Con Almería nos pasa, quizás, como con esos vecinos a los que sólo decimos 'buenos días' y a los que posiblemente deberíamos esforzarnos en conocer un poco más.
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