Imagen de archivo una manifestación por la atención primaria de calidad en Madrid. Europa Press
Protagonistas La violencia en la sanidad española bate récord y golpea más a las médicas: "Parece que todo vale contra nosotras"Sólo en 2025, la Organización Médica Colegial registró 879 agresiones; más de 6 de cada 10 las sufren mujeres.
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Elena Pérez Publicada 20 marzo 2026 06:56h"Un día llegó al hospital una mujer con su acompañante, un chico joven. Tuvieron que esperar pero él se puso nervioso y empezó a amenazarme y a patear cosas. Cerré el pestillo de seguridad y llamé a los Mossos d'Esquadra porque era imposible seguir atendiendo. No me atrevía a abrir; estaba hiperventilando, completamente bloqueada".
Este es el relato de la doctora Alicia Caprini, médica de Urgencias afincada en Barcelona. Su testimonio sirve como reflejo de un riesgo al que se exponen los más de 175.000 médicos de la sanidad pública española: el de sufrir violencia física o verbal en el espacio de trabajo, una tendencia que ha aumentado escandalosamente.
Según el último informe elaborado al respecto desde la Organización Médica Colegial (OMC), 2025 fue el año con más agresiones registradas contra los profesionales de bata blanca, con un total de 879. Estos datos sitúan la cifra total desde que se contabilizan, desde hace 16 años, en casi 9.000 casos.
La falta de supervisión y su inexperiencia ante situaciones críticas hacen de los MIR el "blanco fácil" de las agresionesEl índice de lesiones físicas roza el 20%, lo que supone un aumento respecto al año anterior del 73%. El resto del porcentaje lo ocupan otras formas de violencia como amenazas, vejaciones e intentos de intimidación a los sanitarios como los que sufrió la doctora Caprini, quien, en conversación con esta revista, pregunta: "¿Hasta cuándo debemos aguantar?".
La escena que ella sufrió tuvo lugar en uno de los servicios de Urgencias donde trabaja: "La paciente estaba embarazada y venía por un resfriado. No era nada grave y estaba estable. Llevaba más de una hora esperando, que en este centro lamentablemente es lo mínimo, pero el acompañante se puso nervioso y empezó a gritar". Detalla cómo la tensión escaló en segundos.
Este reventó una puerta y la increpó. No es la primera vez que pasa por una situación de este tipo, pero el miedo a acabar recibiendo un golpe o algo peor fue, en este caso, especialmente paralizante. Caprini recuerda el momento como uno de los más tensos de su carrera. Afortunadamente, la policía llegó rápidamente al centro y expulsó al individuo.
El episodio desencadenó un ataque de ansiedad, una denuncia —era la primera vez que ponía una— y una baja laboral, aunque tras el incidente recuerda cómo un agente le dijo que no era para tanto: "Fue un comentario que me alucinó. Me quedé con la sensación de que todo vale contra las médicas porque tenemos que ser muy empáticas y amar al prójimo".
Esa agresión, vivida en junio de 2020, encaja con el diagnóstico del informe de la OMC: tras la pandemia, la violencia en los centros sanitarios no ha remitido, se ha cronificado.
Varias manifestantes durante una concentración frente a la Consejería de Sanidad, a 19 de marzo de 2026 en Madrid. Alejandro Martínez Vélez Europa Press
Otro ejemplo de esta escalada se vivió el pasado julio en el Hospital de Ourense, donde una paciente agredió a una profesional con puñetazos e incluso arrancándole mechones de cabello. El Colegio de Médicos de la ciudad condenó el ataque y se personó como acusación popular, recordando que "no es un hecho aislado; es la punta del iceberg".
El récord se ceba con ellas
En 2025 no sólo se batieron récords en número de ataques: la violencia contra los sanitarios muestra un patrón claro de género. El perfil mayoritario de la persona agredida es el de una profesional de Atención Primaria, y las mujeres concentran el 63,7% de las agresiones mientras sólo son el 54,8% de la colegiación.
Eso significa que las médicas están sobrerrepresentadas entre las víctimas. Y la brecha no hace más que crecer. El doctor Alejandro Andreu, presidente de la Fundación Mutual Médica, lo resume con un dato: el 81% de quienes han necesitado activar la cobertura por agresión son ellas. El problema no es sólo la cantidad de casos, sino a quién golpean más.
Medicina de Familia concentra más de la mitad de las agresiones —en torno al 58%—, seguida de Urgencias, con casi una quinta parte de los casos. No es casualidad que ambos ámbitos estén altamente feminizados y funcionen bajo una presión asistencial constante: agendas saturadas, falta de personal, guardias largas, menos tiempo por paciente...
En el relato de Caprini, la violencia no se separa del machismo. "Nosotras estamos más expuestas; pasa a todos los niveles, pero más aún con las jóvenes, porque nos ven vulnerables", reconoce. Lo nota en la forma en que se dirigen a ella: "Todavía preguntan ‘¿y el doctor cuándo viene?’. No nos llaman doctora: nos llaman niña, nena, enfermera… Con ellos no pasa".
A eso se suma la percepción de impunidad de los agresores. "Creo que sienten que corren menos riesgos agrediendo a una mujer, porque a lo mejor el hombre responde, y nosotras tendemos a gestionar esto con diplomacia y a no hacer nada, o como mucho lo sacamos de la consulta e intentamos reconducir la situación", reflexiona.
Cuenta que tiene compañeros que han respondido físicamente pero no recuerda casos de mujeres que hayan hecho algo así. Sin embargo, ha escuchado historias de "pacientes que han destrozado el ordenador de la compañera a patadas" o episodios de golpes en el hospital. La violencia se cruza con una doble vara de medir.
Una residente en su jornada laboral.
El impacto de una agresión no se agota en el susto. Según la OMC, el 13,5% de los casos acaba en una baja laboral del profesional agredido. Es un daño doble: personal y sistémico. Cada médico que se ve obligado a parar deja un hueco en un sistema ya saturado, y el resto de compañeros debe repartir su carga de trabajo.
En el caso de Caprini, ella activó el seguro frente a agresiones de Mutual Médica, una póliza que cubre de forma gratuita a médicos colegiados, sean o no mutualistas. "Ofrece protección en caso de incapacidad laboral, lesión física o psicológica sufrida en el ejercicio profesional y una compensación económica durante el periodo de baja", explica el doctor Andreu.
La duración media de estas suele rondar los 21 días. De los casos gestionados por la entidad, el 80% presenta afectación psíquica y cerca del 19% responde a lesiones físicas. Y, de nuevo, el patrón se repite: afecta más a ellas, a las jóvenes y a quienes trabajan en especialidades donde la presión asistencial es mayor y el contacto con el paciente es más directo.
Sin embargo, Andreu lamenta que "buena parte de las agresiones ni siquiera llegan a denunciarse" y que menos de la mitad de los casos comunicados a los colegios (un 48,8%) se ponen finalmente en conocimiento de las fuerzas y cuerpos de seguridad. ¿Por qué? El especialista apunta varias razones.
Las principales suelen ser la normalización de la violencia, la sensación de que denunciar es un proceso farragoso y poco útil, el miedo a represalias o a reencontrarse con el agresor, e incluso el sentimiento de culpa o de obstaculizar a los compañeros si uno se coge la baja. Caprini coincide: "Cuesta mucho pedir ayuda; sigue viéndose como una debilidad".
La brecha entre las cifras oficiales y lo que ocurre en la práctica se intuye en otros datos que aporta el doctor Andreu: según este, la Policía Nacional realizó el año pasado unas 11.000 actuaciones relacionadas con agresiones de las que 3.500 se produjeron en centros sanitarios y 8.000 en atención domiciliaria.
Ante este escenario, la respuesta institucional se articula en torno a dos ejes. Por un lado, está la cobertura económica y jurídica para los médicos agredidos, un paraguas que cada vez se utiliza más. En 2025, según los datos de Mutual Médica, se superó el centenar de profesionales que solicitaron protección jurídica tras una agresión.
Por otro, se multiplican los esfuerzos preventivos. Desde 2021, un programa desarrollado con la Policía Nacional ha formado a 3.000 médicos para que puedan detectar y gestionar situaciones de violencia en la consulta. "No se trata de aprender kárate, sino de saber leer señales de riesgo, marcar límites y aplicar protocolos a tiempo", dice Andreu.
Prendas de médicos colgadas durante la huelga convocada en Baleares el 16 de marzo de 2026. Europa Press
Igualmente, desde la OMC se ha reclamado un plan nacional para frenar la violencia contra los sanitarios, al considerar que se trata de "un problema de Estado", en palabras de su presidente, Tomás Cobo, que compromete la calidad asistencial y que "requiere una solución desde el consenso".
Su salud mental decae
La violencia no es el único factor que erosiona el bienestar de los sanitarios. Su estado anímico se ha convertido en otro punto ciego del sistema. El programa PAIME (Programa de Atención Integral al Médico Enfermo) ha atendido 1.933 casos entre 2023 y 2024, la cifra más alta desde que se registran estas cifras publicadas de forma bianual.
Elena García, la doctora que se puso en primera línea durante el desastre de Adamuz: "Hay heridos de cuerpo y de alma"El perfil que más acude a este recurso coincide, de nuevo, con el de una mujer (67%) joven, médica de familia, trabajando en el sistema público y en entornos urbanos. El grupo de edad más frecuente es el de 31 a 40 años, seguido por el de 41 a 50; los menores de 30, pese a ser solo el 8% del total de facultativos, concentran el 17,3% de las demandas de ayuda.
En el 84,9% de los casos la causa son trastornos mentales —ansiedad, depresión, etc.—, mientras que las adicciones suman alrededor del 12% y se han duplicado respecto al periodo anterior. La mayoría de médicos llegan al PAIME por iniciativa propia o inducidos por colegas y psiquiatras, en un programa que insiste en la confidencialidad y en el enfoque no punitivo.
Manifestación de sanitarios recientemente convocada en Madrid. Alejandro Martínez Vélez Europa Press
Caprini reconoce muchos de esos patrones. "Estamos acostumbrados a trabajar en saturación constante. Vivimos con burnout", afirma. Describe turnos de 24 horas, guardias que se encadenan, colapsos mentales y esa sensación de estar siempre "al límite". Por eso, defiende, "debe fomentarse más el cuidado y autocuidado de los profesionales de la salud".
Reclaman más recursos
En marzo, el Consejo de Ministros dio luz verde a un real decreto por el que se regula la atención sanitaria universal para personas migrantes en situación irregular. Entre otras novedades, a partir de ahora no será necesario justificar la residencia a través del empadronamiento, sino que se permitirán otros documentos como certificados escolares o facturas.
La medida refuerza la equidad del sistema, pero los sanitarios ponen el foco en la otra cara de la moneda: si aumenta la demanda y no se refuerzan en paralelo plantillas y espacios, la presión asistencial volverá a recaer sobre los mismos profesionales que ya trabajan "siemprecolapsados".
Andreu advierte de que dedicar menos tiempo a cada paciente genera frustración tanto en los usuarios como en los facultativos, que sienten que no pueden ejercer con la calidad que quisieran. Pero "no basta con contratar más personal; la gente es más longeva y hay un cambio de paradigma en la salud a muchos niveles al que debemos adaptarnos", advierte Caprini.
España incumple la directiva europea de trabajo: los MIR superan las 62 horas semanales cuando el límite es de 48Y añade: "Aquí habría que hacer una reforma a muchos niveles: ampliar centros y recursos, pero también repensar horarios, conciliación, apoyo psicológico…", enumera. Mientras tanto, la realidad del día a día se impone: "Estamos acostumbrados a que la congestión sea lo normal; a veces pensamos 'basta, lo dejo'. Pero seguimos por la gente, día a día".
En este contexto, el malestar del colectivo también se expresa en forma de huelgas en las que la profesión reclama un estatutopropio que reconozca la singularidad de su trabajo —y que resuelva cuestiones críticas como las guardias de 24 horas, la clasificación profesional A1+ o la jubilación anticipada— en lugar de disolverse en la reforma del Estatuto Marco.