Expertos y afectados por los graves disturbios registrados tras la reciente victoria del PSG denuncian el «oportunismo» radical y los «problemas de integración» de una parte de la sociedad
Regala esta noticia Añádenos en Google Un joven radical prende fuego a una bicicleta durante los disturbios en París tras la victoria del PSG. (AFP) 06/06/2026 Actualizado a las 23:04h.«Cuando ocurrió, lo primero que nos vino a la cabeza fue un atentado. No nos imaginábamos que estaba relacionado con la victoria del París ... Saint-Germain». Grégory dirige la cocina de Le Verre Taquin y recuerda con estas palabras el grave incidente que se produjo durante la noche del 30 de mayo en la terraza de ese local, situado cerca del canal de Saint-Martin, en el este de la capital francesa. «Fue cerca de aquí donde se produjeron los atentados contra las terrazas el 13 de noviembre 2015», añade este empleado en declaraciones a este medio.
Fue uno de los incidentes más graves que se produjeron durante la caótica celebración de la segunda Champions del PSG. Como ya había sucedido el año pasado, el título continental del todopoderoso conjunto propiedad de Catar vino acompañado por numerosas escenas de violencia urbana.
Al menos dos personas murieron durante la noche del 30 al 31 de mayo en París, y una tercera perdió la vida a principios de esta semana tras haber saltado al Sena durante los festejos y haber sufrido un paro cardíaco en el agua. Otro de los muertos se debió al accidente de un motociclista, de 24 años, que chocó con las paredes de hormigón que las autoridades habían instalado para cerrar la circulación del Periférico, la carretera que rodea la capital.
«Una violencia gratuita»
Además de los tres muertos, la noche de la celebración dejó numerosas escenas de violencia urbana, protagonizadas por una minoría entre las decenas de miles de aficionados que salieron a la calle a celebrar el triunfo de los de Luis Enrique. Hubo numerosos enfrentamientos entre los antidisturbios y un enjambre de jovenes donde se mezclaban aficionados y antisistema, que lanzaron piedras y fuegos artificiales contra los agentes. Resultaron heridos 219 manifestantes y 178 policías, según el Ministerio del Interior. También hubo coches incendiados, barricadas con bicicletas y otros objetos del mobiliario urbano en llamas, vitrinas rotas y algunos comercios saqueados en París, Toulouse, Burdeos o Estrasburgo. En total, se produjeron disturbios en 70 localidades.
«Resulta muy frustrante que se produzcan estos destrozos y aún más teniendo en cuenta que se trata de una violencia gratuita. Se dedican a destrozar por el simple hecho de destrozar», lamenta Josette L., responsable de una óptica en la avenida Wagram, donde aún no han podido reparar las vitrinas rotas el pasado fin de semana. En esta monumental calle paralela a los Campos Elíseos, jóvenes vándalos rompieron varios escaparates e incluso saquearon una tienda de muebles y objetos de cocina. «Cuando cerramos a las ocho de la tarde, había muchos policías y un ambiente festivo en la calle. No me imaginaba que habría tantos incidentes», apunta esta comerciante, quien teme que los disturbios se repitan este verano con la Copa del Mundo.
«Estamos ante un fenómeno nuevo respecto a los ultras y los hinchas violentos de toda la vida. Ahora, no se trata de enfrentamientos entre aficionados de equipos rivales, sino de jóvenes que aprovechan un acontecimiento futbolístico para desafiar a la Policía y destrozar bienes públicos», sostiene el sociólogo del deporte William Gasparini, profesor en la Universidad de Estrasburgo y coautor del libro 'Le football des nations'. Entre los implicados en esos actos vandálicos, «básicamente había hombres. Algunos de ellos eran aficionados del PSG y llevaban la camiseta del conjunto capitalino, mientras que otros se aprovecharon de manera oportunista de ese acontecimiento», afirma Williams Nuytens, docente en la Universidad de Artois y experto sobre la violencia en el deporte.
Problemas de integración
Según este sociólogo, esta oleada de disturbios «refleja un problema de integración y de reconocimiento de una parte de los jóvenes», especialmente de aquellos que viven en las 'banlieues', los barrios periféricos con elevados niveles de marginalidad, pobreza y altos porcentajes de población con raíces extranjeras, en especial norteafricana. Este experto, sin embargo, considera que estos episodios de violencia urbana no son una especificidad francesa. «Escenas parecidas han ocurrido en los últimos años en Italia, Bélgica, Turquía o Egipto», recuerda Gasparini, quien comparte el mismo punto de vista.
A pesar de ello, el caso francés resulta sintomático debido a su frecuencia. Ya se habían producido cuando Francia se proclamó campeona del mundo en 1998 y 2018, y «cada año hay incidentes parecidos durante la noche del 14 de julio (fiesta nacional) y del 31 de diciembre», recuerda Nuytens. Pese a su previsibilidad y el despliegue de 22.000 policías en el conjunto del país y 8.000 en la capital —3.000 más que el año pasado—, el imponente dispositivo de las fuerzas de seguridad no evitó los altercados.
Aunque los graves incidentes dejaron en evidencia la imagen del país vecino, el ministro del Interior, Laurent Nuñez, se felicitó por el elevado número de detenidos: 890 a lo largo del fin de semana, un 45% más que el año pasado. La responsable de la Policía de París presumió de que en la capital «hubo una disminución del 30% de las acciones violentas». Como era previsible, ese balance dejó insatisfechas a las oposiciones, tanto a la izquierda como a la extrema derecha de Marine Le Pen.
Menos ayuda social
«Hemos visto escenas de guerra civil y no irá a la prisión ninguno de los agitadores-ladrones que contribuyeron a ese caos», dijo Jordan Bardella, número dos de la lepenista Agrupación Nacional, obviando que desde el lunes hubo jóvenes juzgados y se pronunciaron penas de prisión. El posible candidato a las elecciones presidenciales del año que viene también asoció los disturbios con la inmigración, «a pesar de que entre el 80% y el 90% de los detenidos son franceses», indica Gasparini sobre los arrestados, entre los cuales sí que hay bastantes ciudadanos de segunda y tercera generación, con antepasados extranjeros.
Por ese motivo, el ultraderechista Éric Zemmour propuso que «les quiten la nacionalidad gala» a los responsables de actos de violencia urbana. En medio de la espiral de propuestas de la derecha radical, el primer ministro Sébastien Lecornu ha propuesto quitar o disminuir las ayudas sociales a las familias de jóvenes condenados por este tipo de hechos. Se trata de una medida que el partido de Le Pen exige desde 2017.
En el caso de la izquierda, ha centrado sus críticas en el dispositivo policial. «La fiesta se vio empañada por las cargas policiales aleatorias, brutales y reiteradas», denunció el diputado ecologista Pouria Amirshahi en el pleno de la Asamblea Nacional. Ha fundamentado esos reproches en casos como el de un adolescente de 13 años que perdió un ojo en Bobigny (periferia norte de París) tras recibir una bala de goma mientras lanzaba fuegos artificiales para celebrar la victoria. Junto con la violencia urbana, el uso excesivo de la fuerza policial contra los jóvenes que viven en las barriadas es otro problema enquistado en Francia. Ambos conflictos se retroalimentan y dificultan la cohesión de una sociedad cada vez más polarizada.
La anciana Mireille
Pese a los numerosos disturbios, la del 30 de mayo también fue una noche de alegría y fervor en las calles de Francia. La celebración dejó historias bonitas y que contrastan con los graves actos de violencia urbana. Uno de los episodios más comentados en las redes sociales ha sido el de la anciana Mireille, una de las parisinas que se han vuelto más famosas tras la victoria del PSG y eso que no le gusta el fútbol y no miró el partido.
Esa anciana había salido en busca de una farmacia abierta durante la tórrida tarde de ese sábado, pero no la encontró en unas calles parisinas que se habían paralizado por la final de la Champions. Cuando se acabó el partido, intentó volver a su casa, pero un grupo de aficionados del PSG le avisó que no avanzara por esa calle, porque la Policía había lanzado gases lacrimógenos. Entonces, ella les dijo que estaba muy cansada y les preguntó si la podían acompañar en brazos hasta su piso. Esos jovencísimos seguidores aceptaron y la llevaron hasta su casa. Y cuando llegaron, celebraron con ella la victoria a gritos de «Vamos Mireille». Fue una de las imágenes más esperanzadoras de una noche de contrastes entre la alegría y la violencia.
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