Desde hace semanas, Ceuta ya no sólo contiene la presión migratoria sino que contempla una violencia que no deja de crecer. La ciudad autónoma vive una escalada de hostigamiento que empieza a desbordar la capacidad de respuesta de las fuerzas de seguridad. Las peleas entre grupos de inmigrantes se han recrudecido hasta convertirse en una escena cotidiana en distintos puntos de la ciudad. Fuentes policiales sitúan en hasta una decena los enfrentamientos que pueden llegar a contabilizarse en un solo día, una sucesión de episodios violentos que, lejos de ser hechos aislados, dibuja una disputa cada vez más abierta por el control de determinados espacios.
Las confrontaciones se producen entre grupos que compiten por el territorio y por el acceso a determinados enclaves de la ciudad. Las reyertas son frecuentes, se suceden unas a otras y en algunos casos alcanzan una especial virulencia. Los hombres presentan heridas abiertas por el cuerpo y los agentes de la Unidad de Intervención Policial (UIP) -los antidisturbios- han requisado abundantes armas blancas de grandes dimensiones.
Las peleas comienzan por dominar una calle. Los gritos dejan paso a los empujones, los puñetazos y, finalmente, aparecen las armas blancas. Los inmigrante, según la Policía, no dudan en utilizarlas causando heridas de gravedad a sus víctimas. Las intervenciones policiales son constantes pero, a su vez, otro foco de violencia.
Un inmigrante con varias cuchilladas en su espalda tras una pelea.E. M.Los inmigrantes, según denuncian los agentes, les reciben a pedradas desde el momento en que descienden de los vehículos policiales. La llegada de los furgones antidisturbios no siempre sirve para disuadir a los grupos enfrentados: en determinados episodios, los agentes son directamente atacados poniéndoles contra las cuerdas para tratar de recuperar el control de la situación. La preocupación de los responsables policiales no se limita ya a la existencia de altercados entre los propios inmigrantes. Este escenario ha provocado heridos de gravedad y ha llevado a los agentes a intervenir y requisar numerosas armas utilizadas en estas disputas. Cuchillos y otros objetos punzantes se emplean en estos enfrentamientos que han ido elevando progresivamente su nivel de violencia.
Lo que inquieta cada vez más a las fuerzas de seguridad es el efecto que esta situación puede tener sobre la seguridad del conjunto de la ciudad y la convivencia. La reiteración de las reyertas, la presencia de armas y la creciente hostilidad hacia los agentes dibujan un escenario especialmente delicado en una ciudad que soporta desde finales del mes de julio una presión migratoria extraordinaria.
La Policía se encuentra además con otro problema añadido: la presencia en las calles de personas que acumulan antecedentes policiales o judiciales y que, pese a haber sido objeto de medidas de expulsión o prohibiciones de entrada a nuestro país, vuelven a aparecer en territorio español.
Uno de los casos detectados recientemente ilustra las dificultades a las que se enfrentan cada día. Se trata de un hombre sobre el que pesaban hasta tres prohibiciones de entrada en España y que estaba relacionado con delitos de robo con fuerza, lesiones y episodios violentos. Su localización terminó dando lugar a una persecución policial especialmente compleja.