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La vivienda

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Las nuevas generaciones reciben un desastre social en forma de pura especulación y escasez de pisos protegidos
La vivienda

Las nuevas generaciones reciben un desastre social en forma de pura especulación y escasez de pisos protegidos

Regala esta noticia Añádenos en Google Fachada de un edificio de viviendas. (EP)

Juan Bas

16/07/2026 a las 00:03h.

La película 'El pisito', dirigida por Marco Ferreri en 1958, es una comedia negrísima debida a un vitriólico guion de Rafael Azcona. Muestra que en ... aquella España todavía sumida en el subdesarrollo, conseguir vivienda era ya un acuciante problema de la sociedad. En 'Monty Python en Hollywood' (1982), actuación del grupo ante un masivo público en el estadio Hollywood Bowl, recrean un brillante 'sketch' de puro diálogo: vestidos de esmoquin, sentados en un tresillo bebiendo buen vino y fumando puros, recuerdan cuando eran muy pobres pero con todo, felices (se puede ver subtitulado en You Tube). Cuentan cómo eran sus imposibles viviendas para familias numerosas con una escalada de progresivas exageraciones en la que cada uno que habla supera al anterior con fórmulas como «bah, eso no es nada, un lujo, nosotros sí que vivíamos mal de verdad». Así, entre otros disparates: los 26 en un pasillo, en un pantano, en un tanque para pescado podrido, en un pozo, en un periódico enrollado y 150 en una caja de zapatos en medio de la calle. Hilarante. Lo recordé al ver en un noticiario los cubículos y tabucos de dar vergüenza (a quien se atreve a ofertarlos) que se alquilan a precios desorbitados y las colas que hacen los jóvenes para poder conseguirlos en las inmobiliarias, ya que esas cajas de zapatos, lo único asequible con sus sueldos, además son escasas. Me apena la resignación que muestran ante lo abusivo. La diferencia con el surrealismo de Monty Python es que esta realidad, que envilece el presente, maldita la gracia que tiene.

Según he sabido, se da cada vez más la compra por parte de particulares de pisos grandes, con varias habitaciones, con el fin de explotarlos alquilándolas por separado, ante una demanda creciente de jóvenes que es lo único que pueden permitirse, y con esfuerzo, ya que los precios que se piden por esas piezas dan asco. En fin, hay quien da de beber al sediento y quien le cobra el agua con creces.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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