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Lars Lokke Rasmussen, el hábil negociador danés que planta cara a Trump por Groenlandia

Lars Lokke Rasmussen, el hábil negociador danés que planta cara a Trump por Groenlandia
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El ministro de Exteriores, conocido por su ironía y su capacidad de supervivencia política, ha sido el encargado de defender los intereses del país nórdico frente a Vance y Rubio en Washington

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El ministro de Asuntos Exteriores de Dinamarca, Lars Løkke Rasmussen. EFE Lars Lokke Rasmussen, el hábil negociador danés que planta cara a Trump por Groenlandia

El ministro de Exteriores, conocido por su ironía y su capacidad de supervivencia política, ha sido el encargado de defender los intereses del país nórdico frente a Vance y Rubio en Washington

Rosalía Sánchez

Berlín

Miércoles, 14 de enero 2026, 19:10

... cambiar de idea. Son muy pocos los que pueden presumir de haberlo conseguido. Y el hombre que se ha enfrentado este miércoles a tal reto es Lars Løkke Rasmussen, el ministro de Exteriores danés, que se ha reunido con el vicepresidente de EE UU, JD Vance, y el secretario de Estado, Marco Rubio, para convencer a la Administración estadounidense de que no es necesario que su país se haga con Groenlandia.

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«No podríamos haber enviado a un mejor negociador», asegura Hans Engell, analista político de Ekstrabladet, para quien «no es posible encontrar otro político de alto nivel más fuerte y mejor preparado para manejar la conversación en la Casa Blanca». «Ha demostrado que, a pesar de todos sus prejuicios, debilidades, tonterías, su humor y sus rarezas, es una estrella cuando se sienta a una mesa de negociaciones, ya sea en Copenhague, Bruselas o Washington», retrata.

Løkke creció en Græsted, en el norte de Selandia, un entorno pequeño muy comunitario que marcó su estilo político directo y cercano. Está casado con Sólrun Løkke Rasmussen, de origen feroés, con quien tiene tres hijos, lo que supone un vínculo directo y personal con uno de los territorios autónomos de Dinamarca. Seguramente, antes de la reunión en Washington habrá salido a correr por la capital de Estados Unidos. Entre sus aficiones están los maratones y en varias entrevistas a lo largo de su carrera ha confesado que lo hace antes de negociaciones importantes y que le «ayuda a pensar mejor antes de negociar». También ha dicho varias veces que prefiere las conversaciones discretas, sin cámaras, donde puede «leer» a la otra parte. Su estilo es directo, poco teatral y muy orientado al acuerdo.

«Nunca se rinde»

El ministro es famoso por su capacidad para sobrevivir en la primera línea pública. Ha caído, ha vuelto, ha fundado un nuevo partido (Moderaterne) y ha regresado al Gobierno. En Dinamarca se dice que es «el político que nunca se rinde» y en el trato destaca por su ironía y por bromear sobre sí mismo, incluso en momentos tensos. Es capaz de salir exitoso de un embrollo gracias a su sentido del humor. En 2014 se vio envuelto en una polémica por gastos de viajes y ropa pagados por una fundación vinculada a su formación. La prensa lo persiguió durante semanas y terminó compareciendo con un tono mezcla de disculpa, chispa y socarronería que, paradójicamente, reforzó su imagen de resistencia.

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JD Vance y Marco Rubio salen de la reunión con Lars Løkke en Washington. AFP

Viaja sólo con una maleta sorprendentemente pequeña, exclusivamente equipaje de mano, porque está convencido de que, «si necesitas más de dos camisas, estás demasiado tiempo fuera para negociar bien». En Washington aterrizó dispuesto a dejar claro que Groenlandia «no está en venta» y que cualquier intento de anexión «violaría el Derecho Internacional», unas frases que el año pasado hizo virales en su país y reforzaron su imagen de defensor firme de la soberanía danesa. Løkke ha llegado dispuesto a negociar acuerdos de defensa inscritos en el marco de la OTAN y a posibilitar y facilitar todo lo que Estados Unidos quiera hacer en materia militar en la isla del Ártico.

También está dispuesto a acuerdos económicos que favorezcan a empresas estadounidenses en la explotación de las materias primas de Groenlandia, pero sus líneas rojas son la soberanía nacional danesa y el Derecho Internacional. Sus colaboradores destacan que sabe adaptarse rápido y adoptar posturas pragmáticas, por lo que, a pesar de su reconocido gusto por la cerveza danesa y por el 'hygge', ese estilo de vida relajado y social propio de los países nórdicos, con conversaciones informales y sin protocolo, seguramente habrá pisado con soltura la moqueta del edifico Eisenhower de la Casa Blanca, donde le esperaban Vance y Rubio para decidir el destino de Groenlandia.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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