Aumentan las muertes por calor y la incidencia de las enfermedades infecciosas, sin que se tomen suficientes medidas en los núcleos urbanos, según un estudio internacional que propone medidas
Regala esta noticia Añádenos en Google Atasco en una ciudad española. (J. Sanz)Madrid
10/09/2026 a las 00:30h.Los efectos del cambio climático ya son notables en España, provocando un incremento en la atención sanitaria e incluso en las muertes por factores relacionados ... con el calentamiento global, pero, a pesar de que las alertas existen desde hace años, las ciudades españolas no están preparadas para lo que vendrá. Esta es la conclusión de un estudio internacional publicado este jueves en 'The Lancet'. Primero, dan los datos de la dimensión del problema sin resolver. Más de la mitad de la población, casi 26 millones de personas, reside en 98 ciudades. Un 40% de esa gente vive en Madrid, Barcelona y Valencia, los tres núcleos más grandes, mientras que un 27% reside en otras 16 ciudades grandes. Uno de cada cinco tiene más de 65 años (5 millones) y uno de cada seis, menos de 15 (3,5 millones). Frente a los fenómenos climáticos, la densidad y la edad «agrava los riesgos sanitarios» y «un tercio de la población corre un mayor riesgo», afirma el 'Informe de ciudades europeas 2026 de The Lancet Countdown sobre salud y cambio climático: ciudades a la vanguardia de la acción climática'.
Y, sin embargo, las medidas de adaptación y mitigación que se están realizando no son suficientes, según el estudio, en el que participaron 58 investigadores de 31 instituciones. «Si bien las ciudades están adoptando medidas de adaptación y mitigación, las limitaciones financieras y técnicas suponen obstáculos considerables para la implementación de dichas medidas en casi un tercio de las ciudades encuestadas. Asimismo, el compromiso político con la intersección entre el cambio climático y la salud fue, en general, bajo», mantienen los autores, encabezados por José Chen-Xu. En el caso del calor, por ejemplo, hay que «integrar sistemas de alerta temprana sobre calor y salud».
«Hay una crisis de salud pública creciente»
Los científicos están preocupados por la ausencia de medidas para «proteger eficazmente la salud de la población» y reportan «un aumento de diversos problemas sanitarios relacionados con el calor, como el agotamiento, el estrés cardiovascular y la mortalidad, especialmente entre las poblaciones vulnerables». Hay, dicen, «una crisis de salud pública creciente». España también lidera los datos de peligro: «Castellón de la Plana (Castellón) registró el mayor incremento en el promedio anual de muertes relacionadas con el calor por millón de habitantes (553%), pasando de 25 por millón entre 1991 y 2000 a 168 entre 2015 y 2024. Otra ciudad expuesta hasta el límite es Granada, que «registró más de 300 días en los que las temperaturas urbanas superaron en más de 1,5°C a las de las zonas rurales circundantes». Esta ciudad tiene ahora una media de 118 días así cada verano, aproximadamente diez veces más que la media urbana española.
Amenazas variadas
No es sólo el efecto directo del calor. Son varias la amenazas que ya están aquí, analiza el estudio que abarca 850 ciudades. La región del planeta donde se encuentra España avanza en «idoneidad climática para el dengue, el chikunguña y el zika», que son enfermedades infecciosas sensibles al clima, debido a la subida de la temperatura, los criaderos en recipientes y la elevada movilidad intraurbana e interurbana, que amplifican el riesgo de introducción y transmisión de enfermedades. El riesgo promedio de transmisión del dengue, chikungunya y zika aumentó 112%.
Otro efecto perjudicial para la salud es la prolongación de la temporada de polen de los árboles alergénicos. «El cambio climático afecta a las temporadas de polen en las ciudades al prolongar los periodos de altas temperaturas y alterar los patrones de dispersión y la alergenicidad», mantiene el estudio. Por ejemplo, «la temporada del polen de olivo comenzó entre dos y tres semanas antes, y la concentración de polen aumentó en las ciudades del sur de Europa». Los mayores incrementos se registraron en Tarragona (200%), Córdoba (150%) y Valladolid (126%) entre los periodos analizados.
Hace falta aumentar la superficie de cobertura arbórea para enfriar las ciudades pero en España han disminuido
Lo que habría que hacer, y sigue sin completarse, es crear suficiente cobertura arbórea que llegue al 30% de la superficie, para favorecer el enfriamiento urbano y reducir la contaminación atmosférica, recomiendan los científicos. «Las ciudades españolas tenían una cobertura arbórea media de 3.454 hectáreas en 2020, lo que equivale al 13% de la superficie urbana total. Solo el 12% de las ciudades contaba con una cobertura arbórea del 30 % o más», refiere el artículo. Cádiz, por ejemplo, no tiene ninguna hectárea de cobertura arbórea. También se recomienda el uso de superficies reflectantes del calor y que los gobiernos sustituyan «los materiales más oscuros que absorben el calor» por otros «más claros, reflectantes o naturales». Por ejemplo, «cambiando el hormigón por tierra o vegetación. Sin embargo, en España la extensión de estas superficies ha disminuido, lo que deja un margen considerable para ampliar su uso con el fin de enfriar las zonas urbanas».
Suspenso en movilidad sostenible
La transformación del transporte, para hacerlo más sano y menos contaminante, es otra tarea pendiente importante. La incorporación de las bicicletas ayudaría a «reducir las emisiones de los vehículos», «disminuir considerablemente el riesgo de enfermedades crónicas y mejorar la salud mental y el bienestar». Pero en esa materia, España suspende. Está muy por debajo de un índice internacional, llamado Puntuación de Transporte Sostenible, que mide la facilidad de los residentes para usar transporte público. Dos de cada tres españoles tiene las paradas a más de 250 metros, menos de la mitad de las vías son aptas para peatones y apenas una de cada diez infraestructuras da cabida a los ciclistas. A la cola están Lorca (Murcia), que tiene menos del 20% para caminar; Alcalá de Guadaira (Sevilla), menos del 1% para bicicletas y Sanlúcar de Barrameda (Cádiz) con apenas un 0,3% de su gente cerca de una parada de transporte público.
Si las políticas públicas facilitaran el acceso de los ciudadanos a estos sistemas limpios de movilidad, se reducirían «los contaminantes y las emisiones de gases de efecto invernadero asociados a los combustibles fósiles, reduciendo así significativamente el riesgo de enfermedades crónicas y muertes prematuras» atribuibles a las partículas microscópicas (PM) que afectan la salud. Este esfuerzo de reducir esos gases sí se refleja en las políticas públicas. «Entre 2000 y 2024, las emisiones de gases de efecto invernadero per cápita en las ciudades españolas disminuyeron un 17%, registrándose la mayor reducción en el sector industrial (39%)».
Esto tiene un beneficio tangible en los resultados sanitarios. «Entre 2000 y 2023, la mortalidad atribuible a las PM derivadas de la generación de energía disminuyó un 94% en las ciudades españolas, acompañando a una reducción global del 62% en las muertes prematuras atribuibles a las PM». Pero las emisiones del sector energético aumentaron un 17% en esas mismas ciudades, lo que empaña este logro. Hay 144 muertes prematuras por cada 100.000 habitantes atribuibles a esta causa en Torrelavega (Cantabria). La calidad del aire provoca «efectos respiratorios y cardiovasculares más graves, aumento de los ingresos hospitalarios o la saturación de los servicios de urgencias». La alerta científica señala la tarea que queda por delante.
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